Fray Mauro – Una Nueva Visión –

Dios es Amor – Una nueva visión –

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Cuatro folletos de una visión de Dios

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Los siguientes folletos describen bajo aspectos distintos una nueva teología

Fray Mauro

Fray Mauro

Fray Mauro Iacomelli es un franciscano Italiano. Llegó a Centro América 1973; ya se siente centroamericano de alma y cuerpo. Desde la infancia sintió compasión hacia los oprimidos y los pobres; le dolía cuando oía decir que los pobres sufren por voluntad de Dios e inconscientemente siempre ha ido buscando otra explicación. Llegó a Nicaragua, desde Italia, el año sucesivo al terremoto de Managua; visitando los escombros, le llamó la atención que al Banco de América, de 12 pisos, no le había pasado nada.  Intuyó que miles de pobres habían muerto porque sus casas habían sido mal construidas, no por voluntad de Dios; que lo que mata no es el terremoto sino los edificios mal construidos.  Empezó a buscar más conscientemente por qué la gente sufre, especialmente por qué los pobres sufren.  Después de 40 años, siguiendo atentamente, además, los esfuerzos de liberación de estos pueblos, le parece haber encontrado muchas razones que disculpan a Dios e inculpan a hombres y mujeres con nombre y apellido; a veces, somos nosotros, nuestros familiares, nuestros antepasados, el cambio climático provocado por los seres humanos y otros. En los dos folletos que siguen, Fray Mauro expondrá muchas razones para sostener lo apenas dicho. 

FOLLETO 1

 

UNA NUEVA VISIÓN DE DIOS

Fray Mauro Iacomelli, ofm

 

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Primer Tema:

DIOS ES AMOR

  1. Dios es amor infinito, in-condicional, gratuito
  1. Todo lo bueno viene de Él
  1. Nada de lo malo … que atemoriza o hace sufrir viene de Él
  1. Nos ama aun cuando estamos pecando; aun cuando no nos arrepentimos, el amor de su perdón sigue fluyendo hacia nosotros.

¡ABRAMOS LA PUERTA A SU AMOR!

  1. Leamos algunos textos del Magisterio reciente de la Iglesia, muy significativos, acerca de la nueva imagen de Dios.

CELAM 1999, Año del Padre, en vista al año jubilar 2000.  “Que éste sea un año para espantar del alma humana esas caricaturas de Dios que tanto daño nos han hecho y nos hacen. La imagen de un Dios castigador, justiciero, antojadizo, arbitrario … una caricatura … Un ídolo”. ¡De verdad es un texto revolucionario!

Y el Papa San Juan Pablo II, en la audiencia semanal del 28 de julio del mismo año 1999, dijo lo siguiente: “El infierno no es un castigo de Dios sino el desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida. (Y añadió) “Para describir esta realidad del infierno, la Sagrada Escritura utiliza un lenguaje simbólico, que se precisará progresivamente”. ¡Esto parece aún más revolucionario! El evangelista Juan, primera carta, en el cap. 4, 16-18 nos ayuda a entender con más facilidad los dos textos anteriores del Magisterio.

Leamos el texto: “Dios es amor … cuando el amor alcanza en nosotros su perfección, miramos con confianza al día del juicio … quien teme no conoce el amor perfecto”.

***¡Cuidado! El infierno existe, pero no lo hizo Dios. El castigo existe, pero no lo manda Dios, las enfermedades, las desgracias existen, pero no las manda Dios. Dios no quiere el mal ni lo permite sólo lo tolera, para respetar nuestra libertad

Segundo Tema:

TODO LO QUE HACE SUFRIR

Y MORIR NO VIENE DE DIOS

Gen. 1, 31 – 2, 2: “Dios vio que todo cuanto había hecho era muy bueno. Día sexto. Al séptimo día, Dios hubo terminado su trabajo y descansó”. 

  1. Los sufrimientos vienen de nuestros des-ordenes; que Gen.3, 19: “comerás con el sudor de tu frente y morirás” sea un castigo de Dios es interpretación primitiva. Hoy, el Espíritu Santo actualiza la interpretación de este pasaje bíblico. Él, como se hace con un niño, profundiza y clarifica la interpretación de los pasajes bíblicos.

Hoy, la ciencia casi está eliminando el “sudor de la frente” en el trabajo, y la iglesia bendice estos logros. Lo que hace la ciencia y la Iglesia no va contra el Espíritu Santo, sino que colaboran con El para que se entienda a fondo el texto bíblico citado.

  1. En realidad, todo sufrimiento y la muerte dramática como la conocemos nosotros vienen de nuestros des-órdenes. Son consecuencias lógicas de nuestras decisiones ilógicas, es decir: son contrarias a la razón y a la Voluntad de Dios.
  1. Dios, pues, no manda ningún sufrimiento ni la muerte dramática: todo lo que hace sufrir y morir viene de nuestra libertad mal usada. En Sabiduría 1, 13, se dice así: “Dios no hizo la muerte y no le gusta que se pierdan los vivos … las especies que aparecen en la naturaleza son medicinales y no traen veneno de muerte”. Aquí no hay lugar para otra interpretación.
  1. El Apóstol Santiago, en el cap. 1, 12-18, dice de dónde vienen todos los sufrimientos y la muerte como la conocemos en su drama. Leamos:

“Cada uno es tentado por su propio deseo, que lo arrastra y lo seduce; el deseo entonces concibe y da a luz el pecado (que es el sí de la voluntad al deseo desordenado); el pecado crece y, al final, engendra la muerte”. Ben. XVI 02.FEB.2011: “Dios nos ha creado para la vida y la felicidad, sin embargo, la enfermedad y la muerte son consecuencia del pecado”.

  1. Y San Juan Pablo II, en el Mensaje del 1o de enero de 2005, se pregunta:

“¿Qué es el mal? El mal pasa por la libertad humana”, responde. Me impresiona el que este santo Papa ni siquiera nombra al diablo en este contexto tan significativo.

Quiere que no seamos víctimas de evasiones. Somos nosotros los responsables de todo el mal que se hace en el mundo. Nosotros, nuestros antepasados, las autoridades, el cambio climático. ¡Hay tan solo que investigar!

En suma: La muerte existe, pero no viene de Dios, viene de nosotros; el castigo existe, pero no viene de Dios, viene del mal uso de nuestra libertad; la muerte dramática, las enfermedades, las desgracias existen, pero no vienen de Dios sino del mal uso de nuestro libre albedrío.

Tercer Tema:

¿DE DONDE VIENE EL MAL QUE HAY EN EL MUNDO?

  1. ¿De dónde viene el mal? De nuestra libertad mal usada. Hemos leído lo que dice Juan Pablo II al respecto.
  2. Nosotros sí conocemos el concepto de causa segunda, que los hebreos del A T. no conocían; y podemos hacer también cosas malas contra la Voluntad de Dios. Tenemos el libre albedrío. ¿Por qué Dios nos ha dado el libre albedrío? Porque nos ha creado para que aprendiéramos a amar, y amar se puede sólo si somos libres, o sea, si la decisión de hacer el bien nace de nuestra iniciativa, de nuestro libre albedrío.
  3. Pensamos que libertad es igual a libertinaje, es decir: que uno haga lo que le viene en gana, por puro egoísmo. No es así. La verdadera libertad es hacer caso al Señor por decisión propia y originaria, como respuesta de amor al amor de Dios.
  4. El mal, o sea el des-orden viene de nosotros, como lo aclara el Apóstol Santiago en el cap. 1 de su carta, versículos 12-18. Volvamos a recordar también lo del Papa emérito Benedicto XVI, el 2 de febrero de 2011 y también la respuesta de san Juan Pablo II sobre el origen del mal (ver el segundo tema).

Cuarto Tema:

¿COMO TRATA LA BIBLIA

EL TEMA DEL ORIGEN DEL MAL?

  1. Especialmente en el Antiguo Testamento, el lenguaje es más bien ambiguo y contradictorio. Se dice que Dios es misericordioso y sin embargo decide crueldades contra su pueblo.

Escuchemos la siguiente página, del profeta Ezequiel, cap. 9, 1-2 y 5-6. El Profeta Ezequiel tiene una visión en la cual Yahvé le hizo ver todos los horrores cometidos por el pueblo de Dios. A un momento dado, Dios gritó: “¿Van a seguir enojándome? Pero esta vez se les pasó la medida. Voy a actuar con furor; no los perdonaré, y mi ojo será inclemente. Entonces, gritó con todas sus fuerzas en mis oídos: “¡Castigos de la ciudad, acérquense! (los 6 Castigos eran seis personajes castigadores). Recorran la ciudad y maten. No perdonen a nadie. Viejos, jóvenes, mujeres, niños, mátenlos a todos hasta acabar con ellos”.

  1. ¿Por qué la Biblia se expresa así? Si nos fijamos, el N.T. ya no se expresa así.

En el A.T. la Biblia se expresaba en términos de castigo por tres razones.

  1. * Para inculcar la soberanía de Dios.

* Para inculcar la obediencia a Dios.

* El pueblo hebreo todo lo atribuía a Dios, no tenía el concepto de “causa segunda” y todo lo atribuía a Dios, lo bueno y lo “malo”. ¡“Él sabe por qué”! decían cuando la cosa era demasiado repugnante.

La causa primera es Dios, la causa segunda es el ser humano

Quinto Tema:

PARÁBOLA DEL HIJO PRODIGO Lc. 15, 11-24

  1. Debería de llamarse: la parábola del padre amoroso, porque el protagonista es el padre lleno de comprensión y amor entrañable hacia el hijo rebelde que regresa a la casa.

Vamos a recordar esta parábola bellísima. Cuenta Jesús que un padre tenía dos hijos. El más joven exigió que el padre le diera dinero porque quería ir a probar fortuna y placeres. Se fue al extranjero. Pronto se le agotó el dinero y quiso encontrar un trabajo. Lo buscó desesperadamente. Le dieron un trabajo vergonzoso para un hebreo, el de cuidar cerdos. Llegó al colmo de morirse de hambre, porque ni siquiera podía comer la comida de los cerdos.

Fue cuando decidió volver a casa, donde su papá. Sabía que su papá era bueno, pero él estaba dispuesto a pedirle perdón de rodillas y a trabajar en su casa como un trabajador cualquiera.

Pensaba que se merecía todo tipo de castigo. Pero no contaba con el amor infinito, incondicional y gratuito del padre. El cual, al verlo de lejos, corrió a su encuentro, lo llenó de besos y echó la casa por la ventana, haciendo una gran fiesta, “Porque este hijo estaba muerto y ha vuelto a la vida”, decía.

¡Así es el amor de Dios! ¡Infinito, incondicional, gratuito! El hijo razonaba según el metro de la justicia humana, el padre en cambio razonaba según el metro de la misericordia divina, que es infinita, incondicional y gratuita. ¿Por qué se descuidó esta parábola?

  1. En gran parte, por culpa del título equivocado que se le dio; entonces, en muchos siglos de predicación cristiana, se enfocó sólo al hijo pródigo que se convierte de sus pecados, muy poco el amor infinito, incondicional y gratuito del padre.
  1. Nos habíamos olvidado del amor de Dios, cultivando una espiritualidad pecado-céntrica y de temor y castigo.
  1. Pero los jóvenes necesitan que volvamos a la fuente refrescante del amor de Dios infinito, incondicional y gratuito. Conociendo esta premisa del amor de Dios inagotable, a las nuevas generaciones se les hace más fácil buscar a Dios y reconocerlo como la fuente de vida, de toda vida: esta vida terrenal y la eterna. Estos jóvenes, hoy, se mueren de hambre de Dios, aun sin saberlo; y no quieren volver a la “Casa del padre Dios” porque le hemos predicado a un Dios castigador, vengador, arbitrario, que manda al infierno cuando quiere, con rabia y con gusto. ¡Una verdadera caricatura de Dios!

 

RESUMIENDO BREVEMENTE LOS 5 TEMAS

  • Dios es amor infinito, in-condicional y gratuito.
  • Todo lo que hace sufrir y morir no viene de Dios.
  • El mal es responsabilidad humana, con nombre y apellido.
  • La Biblia habla como se le habla a un niño que está creciendo: se le revelan las cosas poco a poco; la humanidad en el A.T. era como niña.
  • Finalmente, la parábola del hijo pródigo, resume bien todo lo que hemos venido diciendo en estos primeros temas.

Somos afligidos, pues, por muchos males, que nosotros mismos, hemos causado. Pero, Jesucristo, imagen visible de Dios invisible, nos ha ofrecido la liberación total y definitiva con su amor, también infinito, incondicional y gratuito, expresado de forma extrema en la cruz. El Papa emérito Benedicto XVI tiene una expresión muy bella al respecto de todos estos temas (10.ENE.2010, comentando el segundo renglón del Credo “creo en Dios todopoderoso”): “Dios revela su fuerza amando a todos y a todo … y Jesús revela al mundo este amor del Padre, perdonando desde la cruz, respondiendo al mal con el amor … Es así como la muerte, la gran enemiga, es devorada y privada de su veneno.”

Fray Mauro Iacomelli, ofm

www.fraymauro.com

maurelivit@gmail.com

FOLLETO 2

 

LA MUERTE Y LA RESURRECCIÓN DE JESÚS NOS HAN SALVADO

¿CÓMO?

(La Semana Santa)

Fray Mauro Iacomelli, ofm

 

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Primera Parte:

  1. Algunos representantes religiosos del pueblo hebreo, con la complicidad de los Romanos, quisieron la muerte de Jesús. Los hebreos fueron los autores intelectuales de la muerte de Jesús; los Romanos fueron los ejecutores políticos y materiales.
  1. No fue un plan de Dios el que Jesús muriera crucificado para pagar la deuda de nuestros pecados, como se ha ido transmitiendo desde siglos. Dios no quiere la muerte de nadie, mucho menos la del ser humano más inocente. ¡La muerte es su enemiga! Dios nos ha creado con ternura para que viviéramos felices para siempre (cfr. Sab. 1, 12-15), y a Jesucristo lo ha creado para que tuviera vida en plenitud para Él y para todos y todo: “En El, por El y para El todo ha sido creado” (Ef. 1, 4-10 y Col. 1, 15-20). Dios no ha creado la muerte, como no ha creado el infierno. En los primeros seis días de la creación fueron creadas todas las cosas y la primera pareja humana; entonces, no existía la muerte, todo era vida y felicidad; la muerte, que es des-orden total y ausencia de vida, entró en el mundo por el pecado de Adán y Eva, es decir, por el trastorno causado por ellos, al querer tratar la creación no al modo de Dios, que la había hecho con sabiduría y amor, sino a modo de ellos, que no conocían las cosas en su estructura interna. Ese mal uso de la libertad los afectó profundamente a ellos y a sus descendientes. Constituyó el desorden original.
  1. La muerte, junto a todo lo que hace sufrir, es enemiga de Dios. Por las muchas citas bíblicas y del Magisterio, pongo aquí sólo una de San Pablo (I Cor. 15, 26 y 27): “Está dicho que (Cristo) debe ejercer el poder hasta que haya puesto a todos sus enemigos bajo sus pies, y el último de los enemigos sometidos será la muerte”. Y, por el Magisterio ordinario de la Iglesia, pongo aquí lo que dijo el Papa emérito Benedicto XVI, el 30.ENE.2013, comentando el segundo renglón del Credo “Creo en Dios todopoderoso”; dijo así: “la omnipotencia de Dios (que es omnipotencia en el amor) al odio asesino responde con el amor … y así, la muerte (al final) será finalmente derrotada, la gran enemiga, será devorada y privada de su veneno “. Dios Padre, pues, no usó el servicio de su enemiga para implementar sus planes de amor y de vida.

Evidentemente, repugna a la razón el que la muerte de Jesús fuera planeada por Dios Padre. Es contradictorio exaltar el heroísmo del Hijo a costa de la crueldad del Padre (cfr. discurso de San Leonardo de Porto Mauricio, en: “Teología del gusano, autoestima y evangelio”, Cap. 3. José-Vicente Bonet. Ed. Sal Terrae). La Voluntad de Dios, siempre y para todos, es que amemos y quedemos fieles en el amor (no la de que Jesús muriera desangrado en la cruz). Esto es lo que decimos en el Padre nuestro; esto es lo que Dios pide a la pareja conyugal, al Religioso que hace los votos, a los padres y a los hijos. Este es el criterio para discernir la Voluntad de Dios en las varias circunstancias de la vida. Esto proclamó Jesús entre lágrimas de sangre en el huerto de Getsemaní. “Padre, si es posible, pase este cáliz, pero si no es posible, hágase tu voluntad”; lo que es legítimo interpretar de la siguiente manera: “Quiero hacer tu Voluntad, Padre, a pesar de mi temor y tristeza, quedando fiel en el amor, habiendo asumido en el Bautismo la tarea de implantar tu Reino, para salvación integral de la humanidad, la cual finalmente podrá saber dónde encontrar el camino, la verdad y la vida hacia tu Casa bendita” (cfr. El hijo pródigo).

  1. Entonces, si la manera con que nos ha salvado Jesús no fue la de pagar por nosotros al Padre ¿CÓMO NOS HA SALVADO JESÚS? Tiene sentido responder uniendo 5 modalidades:
  • Revelándonos y aplicándonos de forma visible la misericordia invisible del Padre, siendo Jesús la imagen visible del Padre invisible; de una forma análoga a la que Jesús contó en la parábola del Hijo pródigo. Es como cuando un acreedor le perdona la deuda a un deudor suyo, ¿cómo lo hace? Simplemente aplicándole su misericordia, perdonando la deuda con palabras como éstas: “Ya no tienes deuda conmigo, te la perdono porque te tengo un amor compasivo y misericordioso, y mi misericordia supera infinitamente la justicia humana”.

Es oportuno aclarar el significado de la palabra SALVAR. No es el de sacar a alguien por el pelo porque se está ahogando, sino que tiene el significado etimológico de SALUD-DAR; con el tiempo, la U se cambió en V (la u-ve), se quitó la ‘d’ por mejor sonido y quedó SALVAR (= LLENAR DE VIDA DIVINA y VOLVER A LLENAR DE VIDA DIVINA, cuando se haya perdido por el pecado). En adelante, la palabra salvación la usaremos con esta acepción etimológica. La Historia salutis empezó con la creación de la naturaleza humana de Jesús, en la cual se encarnó el Verbo, al inicio del mundo. En la persona de Jesús, por la cual persona y para la cual persona todos hemos sido creados y salvados, y redimidos (habiendo ocurrido el pecado). Redimidos = vueltos a ser llenados de vida, gratis, por pura gracia.

  • Jesús nos ha salvado también presentándose a la humanidad como CAMINO, VERDAD Y VIDA; el que lo sigue a Él encontrará la Casa del Padre y así se salvará.
  • Venciendo definitivamente la muerte, que nos había arrebatado la vida divina, por ser fruto del pecado y de sus consecuencias (cfr. St. 1, 12ss). La muerte ya no nos tendrá esclavos para siempre.
  • Otra forma de decir que Jesús nos ha salvado, con toda su vida y especialmente con su muerte y resurrección puede ser la siguiente: ¡Dónde hay amor, allí está Dios, porque Dios es amor! A más amor más presencia salvadora de Dios. El egoísmo mata y el amor salva. Poco egoísmo mata poco y poco amor salva poco; mucho egoísmo mata mucho y mucho amor salva mucho; el máximo egoísmo de los fariseos (que concentró y simbolizó todo el egoísmo humano) mató al mismo autor de la vida, pero el infinito amor de Jesús, hombre-Dios, salvó a toda la humanidad. En Jesús estaba presente el mismo Dios-Padre y el Espíritu Santo, con su amor infinito y gratuito; por eso, en las expresiones amorosas de Jesús, hombre-Dios, en toda su vida y más visiblemente en su pasión y muerte, estuvo presente Dios con todo su amor salvador. Todo lo que hizo Jesús durante su vida era signo de esta realidad de la salvación (cfr. Jn. 2, 11). ¡La humanidad, en Jesús, fue inundada por el infinito amor salvador de Dios! En la pasión amorosa de Jesús y en su resurrección, ¡el amor infinito y gratuito de Dios habló fuerte y definitivamente!

Y así, la humanidad, ¡por la muerte y resurrección de Jesús, estaba definitivamente salvada! (=llenada de nuevo de vida integral).

  • Finalmente, Jesús nos salvó haciendo brotar dentro de nosotros la Esperanza (cfr. Spe salvi, Benedicto XVI), dándonos la buena noticia (eu-angelion=evangelio) de que Dios es amor infinito, incondicional y gratuito (cfr. Parábola del Hijo pródigo, Lc. 15); y que los pobres son sus preferidos (cfr. Lc. 4, 16). Esta noticia invita a buscar al Padre, como el amor del padre de la parábola animó al hijo a volver. El amor de Jesús nos habría igualmente salvado muriendo de otra manera, por ejemplo, cayendo agotado de cansancio para ir anunciándonos el camino, la verdad y la vida. Pues, lo que nos ha salvado ha sido su amor; la crucifixión ha sido circunstancial.

*** Y así: ¡La salvación objetiva ya ocurrió! ¡Ya está! ¡La humanidad está salvada!

Lo que queda por hacer es que cada ser humano, para hacer suya la salvación, exprese su libre voluntad de querer recibir esa gracia salvadora, con las obras buenas, siempre, aún antes de la aparición visible de Jesús, y, después de su venida visible, también con los sacramentos, especialmente el de la Eucaristía. ¿Cómo expresar esta voluntad? ¡Viviendo con los mismos sentimientos de Jesucristo! Siguiendo al Señor, en todo nuestro camino (de conversión) hacia la “casa” del Padre (cfr. El hijo pródigo).

NOTA – Reconoceremos a Jesús salvador cuando se nos perdonen los pecados (=¡la gran deuda nuestra! – cfr. Jer 31, 34; Mt. 9, 2; Lc. 23, 43 y otros), es decir, cuando se nos aplica personalmente la misericordia del Padre (ver una vez más la parábola del Hijo pródigo. ¡El hijo de la parábola quiere primero “confesarse”!

  1. ¿Por qué ha llegado hasta nosotros la interpretación pecado-céntrica de que Jesús nos podía salvar solamente derramando su sangre y que así lo había planeado el Padre para que se le pagara la deuda? Porque fue una interpretación del siglo XII, de San Anselmo, obispo de Canterbury, Inglaterra; fue una interpretación que parecía resumir la interpretación tradicional de ciertas citas bíblicas y de cierta tradición. San Anselmo hizo el siguiente razonamiento: el ser humano ha pecado y por sus ofensas tiene que pagar un precio adecuado. Sin embargo, siendo limitado, ningún ser humano habría podido dar un pago satisfactorio a Dios; entonces, la única opción era que el Verbo se encarnara y que pagara Él el precio a Dios. De allí que se ha acostumbrado decir que Jesús pagó por nosotros el precio del pecado, derramando su sangre preciosa. Esta ha sido la interpretación anselmiana de la Encarnación y Redención, y la teología que ha sido hecha propia por el Magisterio en todos estos siglos. Sin embargo, no es la única interpretación posible. De hecho, con lo dicho anteriormente, se propone otra interpretación, que nos parece más acorde con la razón y con la Revelación interpretada en su conjunto; especialmente a la luz de la parábola del Hijo pródigo (del Padre amoroso). En ésta, aparece un padre (Dios) que no exige algún pago al hijo pecador; su amor es incondicional y gratuito. Salva al hijo simplemente aplicándole su incondicional amor, su misericordia (rahamim= amor de entrañas). De la misma manera, Dios nos salva, simplemente aplicándonos a cada creatura su amor gratuito, su misericordia. Lo hace mediante el amor visible de Jesucristo; que es el primer creado, la fuente de toda vida y el representante de toda la humanidad, nuestro pontífice (=puente entre Dios y nosotros). Él nos enseña el camino hacia el Padre, que es misericordia, amor gratuito. De esta manera, el ser humano obtiene la vida en plenitud, y la recupera cuando la pierda.

Segunda Parte:

INTERPRETACION ACTUALIZADA DE CONCEPTOS BIBLICOS SOBRE LA PASION Y LA MUERTE DE JESUCRISTO.       

  1. ¿Cómo interpretar ciertas citas bíblicas de la pasión? ¿Las cosas ocurren así porque la Biblia lo dice? O bien ¿La Biblia lo dice porque las cosas ocurren así?

Es necesario tener interpretaciones nuevas, que nos ayuden a leer los textos de la pasión con ojos nuevos. Interpretaciones fundamentadas sobre nuevos descubrimientos científicos literarios.

  1. 1er concepto: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?

¿Es ésta una expresión desesperada de Jesús sintiéndose abandonado física y psicológicamente por Dios? No. Jesús estaba orando con el salmo 21. Jesús estaba declarando que se estaba realizando en Él lo que está escrito en ese salmo. Los hebreos acostumbraban, para recordar todo un salmo, mencionar el inicio del salmo. El salmo 21 que Jesús estaba iniciando es el salmo del justo perseguido, que clama a Dios, pero, sin embargo, en medio de sus tribulaciones espera firmemente en Dios.

  1. 2do concepto: “Para que se cumplieran las Escrituras”.

Los evangelistas, al describir la pasión de Jesús, se preocupan de repetir una y otra vez esta frase. ¿Por qué? Significa que los evangelistas, para ser creíbles ante el pueblo judío se apoyan en el testimonio de la Sagrada Escritura, especialmente los salmos, que era la oración más conocida del pueblo. Citan 20 veces los salmos en este contexto de la Pasión. Es que ellos no tenían otro medio para convencer a los hebreos que el de recurrir a la autoridad de la Escritura. En efecto, el que moría en la cruz era maldito por Dios (“Maldito el que pende de un madero”, Dt. 21, 23).  Entonces, ¿Cómo era posible que ese Jesús fuera el Mesías? Además, Jesús estaba siendo juzgado y condenado por la máxima autoridad religiosa, representante de Yavé. Es más, el Mesías era considerado el libertador del pueblo hebreo. Entonces, ¿Cómo era posible que el libertador del pueblo hebreo haya sido vencido y crucificado por los enemigos de este pueblo?

¿Qué dicen pues los evangelios con la expresión “como dice la Escritura?”. En realidad, la Escritura está describiendo lo que le pasa al justo que quiere quedar fiel a Yavé; a todos los justos de todos los tiempos (Mons. Romero); con mayor razón, esto debía pasarle al más justo de los justos, que era el Mesías. De manera que: las cosas ocurren así, no porque lo dice la Escritura, sino: la Escritura lo dice porque las cosas ocurren así. Además, lo que dice la Escritura estaba simplemente ¡PREVISTO NO PLANEADO!

  1. 3er concepto: Ahora, la pregunta central es: ¿el que Jesús padeciera así y muriera así estaba planeado o sólo previsto por la Historia y por el Espíritu Santo que conoce la Historia? La respuesta coherente es que todo estaba sólo previsto, por Dios y la Historia. La frase “para que se cumpliera la Escritura” no significa la planeación de la pasión y muerte de Jesús de parte de Yavé, sino: la previsión de lo que le pasa al justo que quiere quedar fiel al amor, que es Dios. En ocasión de lo cual, Dios prepara su plan providencial
  1. 4to. concepto: ¿A quiénes achacamos la muerte de Jesús.?

A los Judíos y a los Romanos. Como dice tajantemente San Pedro, en Hechos de los Apóstoles 4,10 –“Ustedes los Judíos lo mataron y Yavé lo resucitó”.—“El mal pasa por la libertad humana”. Los responsables de toda injusticia tienen nombre y apellido humano (San J.P.II, el 01.01.2005). El Catecismo de la Iglesia Católica, al n.312, hablando del concepto de Divina Providencia, dice lo siguiente:”Del mayor mal moral que ha sido cometido jamás, que es el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los seres humanos, Dios, por la superabundancia de su gracia, sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención”.  Es con este concepto teológico que se puede entender esa frase de Hechos 3, 17: “y con eso se cumplió lo que Dios había establecido”.

NOTA: estas aclaraciones de los 4 conceptos han sido escritas en la Revista de Tierra Santa, por el franciscano biblista Fray Ariel Alvarez, argentino; si hubiesen sido interpretaciones erróneas habrían sido refutadas inmediatamente por Estudios bíblicos de otras Órdenes religiosas presentes en Tierra Santa.

Tercera Parte:

EL “NUDO” PASCUAL.

ASCENSION (tiempo de síntesis pascual).

Ascensión significa que Jesús asciende hacia lo alto. Ascender, subir hacia lo alto. En mi pueblo había la tradición de que grupos de amigos o familias en este día subían a alguna montaña o colina para festejar la Ascensión con una merienda.

Con este acontecimiento se termina el ciclo de las apariciones de Jesús a los Apóstoles. Estos ya tenían plena seguridad que Cristo había resucitado y estaba vivo en medio de ellos, aunque de forma invisible o en otra dimensión, como se dice.

La ascensión de Jesús es el cumplimiento de la victoria absoluta del Señor, a favor de la vida en plenitud y victoria sobre todos los males que se dan en la tierra; la Ascensión es también garantía de que nosotros también podremos ascender allá donde está nuestra cabeza, nuestro Señor victorioso. La Ascensión es la continuación de la Resurrección.

La ascensión de Jesús significa también que ahora la tarea de anunciar el evangelio es nuestra. En efecto, la primera lectura, de los Hechos de los apóstoles termina así: ”Mientras miraban fijamente al cielo, viéndolo alejarse, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, que les dijeron a los apóstoles: Galileos, ¿qué hacen allí parados, mirando al cielo? Ese mismo Jesús que los ha dejado para subir al cielo volverá como lo han visto alejarse”. Y en la última página de su evangelio, San Mateo dice así: ”Les dijo Jesús a sus apóstoles: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo cuanto yo les he mandado; y sepan que yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo”.

¡Vaya!  ¿Por dónde empezamos la tarea? Yo voy a empezar mi tarea haciendo una especie de resumen de estos 42 días después de Pascua.

Ya he tocado otras veces el tema, pero aquí lo voy a hacer de manera más completa y, espero, de manera más fácil de comprender; es que se trata de un tema de muchísima importancia.

  1. Se trata de saber quién quiso que Jesús muriera en la cruz, si los fariseos o Dios Padre; si era un plan del Padre o de los fariseos. ¡Es que se trata de saber si también nuestros sufrimientos y desgracias y muerte son planeados por Dios o no!

En casi todas las primeras lecturas de la Misa de estos días después de Pascua, la primera lectura nos ha venido diciendo quiénes mataron a Jesús. Pero ¡he quedado confundido! Porque en todas las citas se dice con claridad que fueron los fariseos a quiénes hay que achacar la muerte de Jesús. ¡Y en esto estoy claro y convencido! Sin embargo, en algunas citas se añade también otra cosa, se dice que, con la muerte de Jesús, Dios Padre cumplió su plan de salvación; insinuando que fue Dios Padre quien quiso la muerte de Jesús. Entonces, sí, ¡quedo confundido! Y me vuelvo a preguntar: ¿Quiénes fueron los autores intelectuales de la muerte de Jesús: los fariseos o Dios Padre? No se preocupen, porque al final, sí, vamos a proponer una respuesta clara.

Ahora, para meternos bien adentro, vamos a leer las 6 citas de los Hechos de los apóstoles que se refieren a este tema y que hemos venido oyendo en las primeras lecturas de estos días después de Pascua.

  • Hechos 2, 36-37: “Dios ha hecho Señor y Cristo a este Jesús a quien ustedes crucificaron…Los oyentes se afligieron y dijeron a Pedro y a los Apóstoles ¿Qué tenemos que hacer, hermanos? Pedro les contestó: arrepiéntanse y háganse bautizar en el nombre de Jesús para que sus pecados sean perdonados”. Los fariseos tienen que arrepentirse, porque fueron ellos quienes cometieron el delito.
  • Hechos 3, 13-15: “Es Dios el que acaba de glorificar a su siervo Jesús. Ustedes (los fariseos) lo entregaron y renegaron de él. Ustedes pidieron la libertad de un asesino y rechazaron al Santo y al justo; mataron al Señor de la vida, pero Dios lo resucitó”. Aquí está claro que los autores intelectuales de la muerte de Jesús fueron los jefes de los fariseos. Dios tuvo el papel contrario.
  • Hechos 4, 10: “Este hombre (el paralítico que Pedro y Juan habían sanado a la entrada del templo) ha sido sanado por el nombre de Jesucristo, a quien ustedes crucificaron, pero a quien Dios ha resucitado de entre los muertos”. De nuevo, se aclaran los dos papeles opuestos que tuvieron los fariseos y el Padre: ¡ellos, de muerte y el Padre, de vida!

Estas citas dicen con toda claridad que las dos intervenciones en la muerte de Jesús, la de los fariseos y la de Dios, son diametralmente opuestas: los primeros para quitar la vida de Jesús, y Dios, para darle vida plena.

Sin embargo, hay 3 citas más que sí, a la primera parte de la oración, añaden que Dios tenía su plan en esa muerte. Veamos.

  • Hechos 3, 17: “Yo sé que ustedes obraron por ignorancia, al igual que sus jefes, y Dios cumplió de esta manera lo que había dicho de antemano por boca de todos los profetas: que su Mesías tendría que padecer”.

Aunque no con claridad, la cita parece insinuar que el Padre tenía que ver en la planificación de la muerte de Jesús.

  • Hechos 2, 23: “Ustedes lo entregaron a los paganos para ser crucificado y morir en la cruz, y con esto se cumplió el plan que Dios tenía dispuesto”.

¿De cuál plan se trata?

  • Hechos 4, 27: “En esta ciudad hubo una conspiración de Herodes con Poncio Pilato, los paganos y el pueblo de Israel contra tu santo siervo Jesús, a quien tú ungiste. Así ellos consiguieron lo que tú habías decidido de antemano que se llevara a efecto”.

¿Qué era lo que el Padre había decidido que se llevara a efecto?

Después de haber leído las últimas 3 citas, debemos preguntarnos una vez más: ¿Quiénes quisieron la muerte de Jesús, los fariseos o bien fue voluntad del Padre?  Ustedes saben que la respuesta que se ha dado siempre y que circula hasta hoy es que la muerte de Jesús fue voluntad del Padre; para redimirnos, se dice, es decir, para que Jesús pagara por nosotros a Dios Padre la deuda que teníamos que pagar nosotros por nuestros pecados. La oración del Miércoles Santo dice así: “oh Dios, que para salvarnos, quisiste que tu Hijo sufriera el suplicio de la cruz, concédenos la gracia de la resurrección“. Esta respuesta deja la boca amarga y ya no satisface el sentir de muchos buenos cristianos, en esta nueva época. ¿Es posible sustituirla con otra respuesta? Sí, es posible otra respuesta. Respuesta que no va en contra de la fe; es tan sólo otra explicación (otra teología) de la gran verdad que Cristo nos ha salvado de nuestros pecados y que Dios es amor infinito, incondicional, gratuito.

Dios Padre, lejos de querer la muerte de su Hijo querido, “lloraba”, por decirlo así, junto a María, porque ¡se estaba cometiendo el delito más monstruoso de la humanidad! Se estaba matando al más inocente de los hombres; al hombre más justo (cfr. Mt. 21, 33ss. Los viñadores asesinos; y CIC 312). Por eso Dios lo resucitó.

  1. ¿Cómo se reconcilian las dos cosas tan opuestas? Por un lado, la muerte de Jesús la causaron los fariseos y, por otro lado, Dios, en ocasión de esa muerte, cumplió su plan de amor.

La respuesta es: se armonizan con el concepto cristiano de la DIVINA PROVIDENCIA.

La idea cristiana de la Divina Providencia explica cómo la muerte de Jesús puede ser aprovechada por Dios a favor de nuestra salvación. San Pablo ha sintetizado este misterio admirable de la sabiduría de Dios de la siguiente manera: “Dios dispone todas las cosas para bien de los que lo aman” (Rom.6, 28). Ese disponer todas las cosas (aun las negativas, que son siempre causadas por los seres humanos) para bien de los que buscan el bien es lo que los cristianos llamamos Divina Providencia. Las cosas malas y dolorosas no las produce Dios, ni las permite, sólo las tolera por respeto a la libertad humana; sin embargo, su amor y su sabiduría son grandes y son capaces de coordinar todo lo que ocurre para que resulte en bien de los que lo buscan a Él, sea con la oración sincera y coherente como con la voluntad de hacer el bien.

Entonces, entendemos lo que dijo San Pedro en Hechos 2, 23: ”Ustedes lo entregaron a los paganos para ser crucificado y morir en la cruz; pero  con esto se cumplió el plan que Dios tenía dispuesto”. La divina providencia iba a intervenir en ese delito monstruoso para producir el bien más bello: la salvación.

Piensen ustedes en una familia. La madre es una pequeña providencia; realiza su plan de amor por los hijos aun en ocasión de alguna travesura que hacen los mismos hijos; si se cae el hijo por travieso, la madre lo levanta, lo abraza y le hace ver qué peligroso es no hacerle caso a la mamá; de esta manera el niño aprende y se salva. La madre aprovecha esa caída del hijo para realizar su plan de amor con el mismo hijo. La travesura es del hijo, pero el aprovechamiento para el bien del hijo es de la madre. La intervención de la madre es la providencia para el hijo. Esto hace Dios con nosotros. ¡Esto hizo Dios Padre con la muerte de Jesús causada por la trágica “travesura” de los fariseos! Los fariseos solos matan a Jesús, con la ayuda jurídica de los romanos, pero Dios Padre, con su divina providencia, interviene en ese delito para comunicarnos la salvación, ¿cómo? Aplicándonos de forma visible, en Jesús, la misericordia invisible del Padre (cfr.Jn. 5, 19).

Todo lo que el Padre quiso en nuestro favor, lo hizo a través de su Hijo amado (cfr.Jn. 3, 16-17; 10, 10; 1, 16). Él es la imagen visible del Padre invisible (Col. 1, 15). El que muriera Jesús en la cruz, pues, no fue un plan planeado por el Padre sino la ocasión circunstancial para que la divina providencia cumpliera su plan de salvación en nuestro favor. De paso, hacemos una consideración bella y práctica: cuando nosotros quedamos fieles en el amor con la paciencia y el ofrecimiento humilde a Dios, entonces, nos hacemos colaboradores de la Divina Providencia, porque estaremos colaborando conscientemente en su plan de amor por nosotros y por otras personas, que se encuentran en algún problema o sufrimiento causados por los seres humanos.

Podemos ser “divina providencia” todos los días, a favor de hermanos y hermanas.

Este tema de la Divina Providencia es tratado en los nn.306-314 del Catecismo de la Iglesia Católica. Con el n.312 de este Catecismo, concluimos toda esta bonita cuestión. Dice así: Del mayor mal moral que ha sido cometido jamás (que es la crucifixión de Jesús) causado por los pecados de la humanidad, Dios, por la superabundancia de su gracia (Cfr. Rom. 5,20), sacó el mayor de los bienes, que es la glorificación de Cristo y nuestra redención”.

  1. Hay otra expresión, muy común por cierto, que nos puede confundir. Es la siguiente: HAGASE, PADRE, TU VOLUNTAD.

Preguntémonos: ¿Cuál es la Voluntad de Dios respecto del sufrimiento: el de Jesús y el nuestro?. ¿Qué significa HAGASE, PADRE, TU VOLUNTAD? Ustedes recuerdan lo que dijo Jesús en el huerto del Getsemaní, la noche en que lo apresaron; está en el evangelio de San Mateo, capítulo 26,42. Dice así: ”Jesús se alejó un poco de los apóstoles y oraba así: ‘Padre, si esta copa no puede ser apartada de mí sin que  yo la beba, QUE SE HAGA TU VOLUNTAD!’ ”. También esta expresión, hasta ahora, se ha interpretado en el sentido que la voluntad de Dios Padre era precisamente que Jesús muriera en la cruz.

Sin embargo, como vimos en el primer tema, es posible otra explicación, que no niega nada de la enseñanza cristiana. Es la siguiente: DIOS ES AMOR Y SU VOLUNTAD PUEDE QUERER SOLO UNA COSA, EL QUE NOSOTROS AMEMOS Y SEAMOS FIELES EN EL AMOR, EN CUALQUIER CIRCUNSTANCIA. Eso era lo que Dios Padre pedía a Jesús, que quedara fiel en el amor aun a costa de ser apresado, torturado y crucificado. Y Jesús permaneció fiel en el amor; hizo la voluntad del Padre. Jesús, en el Jordán, al ser bautizado por Juan el Bautista, y, después, en el desierto, tomó el compromiso de anunciar y promover el Reino de Dios, reino de amor, justicia, paz, verdad y vida; todas cosas que dan vida a la gente en general y a los pobres en particular. Sin embargo, en la medida que la predicación del Reino alegraba a los pobres, al mismo tiempo aumentaba la rabia y la persecución de los poderosos, los fariseos, los ricos, los soldados romanos. Nosotros, en Centroamérica, tenemos la experiencia de cómo y por qué mataron a Mons. Gerardi y a Mons. Romero, por impulsar el Reino de Dios a favor de los pobres, lo sabemos de sobra. Lo mismo hicieron con Jesús.

De manera que, Jesús, en el Getsemaní se encontró en una encrucijada: retirarse de la predicación del Reino y volverse a la tranquilidad de Nazareth, con su madre María y sus buenos paisanos, o bien, seguir adelante en la predicación del Reino, caminando así hacia una muerte cruel. Esta muerte dolorosa era el cáliz amargo que Jesús en el huerto del Getsemaní, (era humano), quería apartar. Pero, si se retiraba, la humanidad seguiría ignorando cuál es el camino de la perseverancia en el amor, no habría revelado a la humanidad la misericordia salvadora del Padre; y este mundo nunca habría mejorado y nunca habría aprendido el camino de la vida plena, nunca se habría salvado.

Ante esta encrucijada, Jesús quedó fiel en el amor, fiel a Dios predicando su Reino hasta el final, y fiel en el amor a nosotros porque así conoceríamos el camino de la vida y nos salvaríamos. Fue cuando dijo: ”Padre, voy a quedar fiel en el amor a Ti y a mis pobres hermanos. Hágase Padre, tu voluntad, que es la que yo quede fiel en el amor” ¡costara lo que costara! Entonces, Dios Padre lo resucitó de ese infierno de la muerte adonde lo habían arrojado nuestros pecados. Todos los días experimentamos que sólo el amor salva, sólo la fidelidad en el amor salva. Esta fidelidad, Dios Padre, lo pide tanto al Papa como a las personas más humildes, a la mamá cuando tiene la tentación de abortar, y al papá cuando tiene la tentación de divorciarse. A cada uno de nosotros Dios Padre nos pide sólo una cosa: la de ser fieles en el amor. Gracias, Señor, por quedar fiel en el amor hasta el extremo, para así enseñarnos a hacer siempre la voluntad del Padre, que es misericordia infinita, incondicional, gratuita. Nos lo haces decir a menudo en la oración del Padre Nuestro, que es modelo de toda oración.

Hemos tocado temas de gran importancia teológica y moral, y hemos dado una nueva interpretación respecto de la interpretación tradicional, sin poner en duda el dato revelado de que Jesús nos ha salvado. Estas nuevas interpretaciones proyectan una gran luz sobre el tema muy práctico y pastoral de nuestros sufrimientos. No es Dios quien planea nuestros sufrimientos sino el mal uso de la libertad humana.                                                                                                                                                           

  1. ¿De dónde vienen nuestros sufrimientos?

Se nos ha dicho que vienen de Dios. ¡No, no puede ser! Ninguna madre causaría un sufrimiento para su hijo, mucho menos Dios quien es padre y madre de cada uno de nosotros. Hay que declarar en voz alta que todo lo que hace sufrir es causado por seres humanos, con nombre y apellido. Lo dice San Juan Pablo II, en el Mensaje del 1 de enero de 2005: “El mal pasa por la libertad humana”.

A veces es nuestro nombre, a veces puede ser el nombre de nuestros familiares, de nuestros antepasados o de nuestras autoridades; a veces es fácil descubrirlo, otras veces se hace todavía difícil, incluso para la ciencia (actualmente). En cambio, todo lo bueno viene de Dios, directa o indirectamente.

Así que les sugiero no decir más palabras como éstas: “paciencia, hay que hacer la voluntad de Dios (esto lo decimos cuando estamos delante de una madre que llora a su niñito que murió de rotavirus), dando a entender que fue Dios quien causó esa muerte o esa enfermedad. Tampoco digamos que “Le había llegado su hora” (esto lo decimos ante cualquier muerte, queriendo decir que fue Dios quien lo había planeado así); tampoco digamos que “no se mueve ninguna hoja sin la voluntad de Dios”, porque hoy hay muchas hojas que se botan contra la voluntad de Dios, contra la ecología. Los sufrimientos y la muerte lejos de quererlos Dios, ocurren contra Su voluntad. Es que la muerte en el mundo entró por el pecado (Cfr. Rom. 5,12), y cuidado, no como castigo sino como consecuencia lógica de nuestras decisiones ilógicas. Por ejemplo, si uno se emborracha y se pone a manejar y se estrella contra el muro; esto ocurrió no por un castigo de Dios sino como consecuencia lógica de la decisión ilógica de manejar borracho. Tampoco la muerte viene de Dios por la razón que la muerte es su enemiga (Cfr. 1 Cor.15, 26). Tampoco digamos “Dios lo permitió” Porque Dios no permite cosas malas, solo las tolera, ¡por respeto a nuestra libertad!

Tantas otras cosas habría que decir sobre este tema; sin embargo hay que ir hacia el resumen.

Recordemos. Las respuestas que hemos dado hasta ahora son las siguientes:

  1. Fueron los fariseos quienes mataron a Jesús.
  2. Sin embargo, estamos claros que en ocasión de ese delito monstruoso, Dios cumplió el plan de amor que siempre había querido en favor de la humanidad, salvarla definitivamente del extravío del pecado.
  3. Estamos claros también que cuando Jesús dijo: ”Hágase Padre tu voluntad”, sea en el Getsemaní como en la oración del Padre Nuestro, entendía decir que, aun ante la muerte, hay que quedar fieles en el amor. Y
  4. Nuestro sufrimiento, como los de Jesús, tienen siempre firma de seres humanos, con nombre y apellido, nunca vienen de Dios.

La muerte de Jesucristo toma otro giro: ya no es un castigo para expiar nuestro pecado (Cfr. CELAM y J. P. II 1999) sino la suprema expresión de amor de parte del “arquetipo” de la humanidad; y nosotros escogemos estar en-por-para El cuándo QUEDAMOS FIELES EN EL AMOR. Donde hay amor allí está Dios y la salvación. Con la vida y, la muerte y la resurrección de Jesús, se nos aplicó de forma visible la misericordia infinita, incondicional y gratuita de Dios; ¡como el padre de la parábola del hijo pródigo!

 

SÍNTESIS TEOLÓGICA DE LA NUEVA INTERPRETACIÓN DEL MISTERIO PASCUAL

Dios ciertamente tuvo un plan de salvación, pero no el de hacer que Jesús muriera en la cruz para pagar la deuda de los pecadores y así quedar salvados; su divino plan de salvación fue EL DE COMUNICAR SU VIDA EN ABUNDANCIA A CREATURAS HECHAS A SU IMAGEN Y SEMEJANZA; CREATURAS CAPACES DE APRENDER A AMAR. Y TODO: EN, POR Y PARA SU HIJO AMADO, JESUCRISTO. Toda la creación es un plan de salvación, una HISTORIA SALUTIS; y todos los seres humanos gozaron de esta voluntad salvífica universal de Dios todo amoroso: los chinos, los papuasios, los romanos y todos los pueblos, y todos los individuos que en su vida se guiarían por la luz del principio natural de amor: haz a los demás lo que quisieras que los demás te hicieran a ti.

Este fue el único PLAN DE SALVACION; todo lo que ha ocurrido en la vida de Jesucristo histórico es LA VISIBILIDAD DE ESTE PLAN.

La Encarnación, en la plenitud de los tiempos, es decir, cuando la humanidad estaba capacitada para entender los signos de Dios, es la más grande visibilidad del plan de salvación de Dios todo amoroso: Llegar a ser partícipes de la divina naturaleza.

Cuando Jesús discutía con los Doctores de la ley nos estaba comunicando la salvación; cuando trabajaba silenciosamente en el taller de Nazaret nos estaba comunicando la salvación.  Cuando empezó a predicar el Reino de Dios nos estaba comunicando la salvación; y ciertamente, cuando moría en la cruz, enseñándonos cómo debe ser el amor al máximo grado, nos estaba comunicando la salvación de la forma más visible; y cuando resucitó, nos estaba comunicando la salvación de forma definitiva. La humanidad, ahora, tiene la plena libertad y posibilidad de seguir el camino, la verdad y la vida, que es el camino de amor hacia Dios, amor infinito, incondicional, libérrimo y gratuito. El pecado humano desde el principio ha obstaculizado este plan, pero el amor de Dios es más fuerte que la muerte y ha vencido el pecado para siempre, en-por y para Jesucristo.  No se trata de una salvación sólo moral sino ontológica y transcendente, desde el momento que hemos sido injertados en la Persona de Jesucristo, hombre y Dios.

Nota: todo lo anterior se inspira a la teología escotista, legitimada por la Iglesia con la Beatificación de su autor, Duns Escoto.

Una última aclaración importante. Se podría objetar que el pecado, también con esta interpretación, queda el protagonista de la historia.

¡Aparentemente, no en realidad!

En la visión tradicional, el pecado tenía tanto protagonismo como para provocar la misma encarnación; sin pecado, no hubiese habido encarnación; además toda la vida de Cristo estaba en función del pecado, y Jesucristo tuvo que someterse a una muerte cruel por exigencia del pecado, y la vida nueva se nos ha dado gracias al pago por el pecado.

En cambio, en esta nueva interpretación, protagonista es el amor de Jesucristo; el pecado no ha tenido poder alguno en la vida, muerte y resurrección del Señor, ha sido simplemente aniquilado por su amor, que nos ha revelado y aplicado la Misericordia gratuita del Padre.  Según la teología del Beato Fray Juan Duns Escoto, que subyace a esta nueva interpretación, Jesucristo ha sido creado no por el pecado sino para ser fuente de vida plena para la humanidad (cfr.Ef. 1, 3-10; Col. 1, 15-20 y Jn. 10, 10); el pecado ha sido un accidente, al cual Jesús hizo frente y lo superó.

 

Fray Mauro Iacomelli, ofm

www.fraymauro.com

maurelivit@gmail.com

FOLLETO 3

 

EL PRIMADO ABSOLUTO

Y

UNIVERSAL DE CRISTO

 

(BEATO FRAY JUAN DUNS ESCOTO, FRANCISCANO DE 1300)

 

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En este folleto, Fray Mauro presenta la teología que mejor apoya las razones expuestas en los dos folletos anteriores. Es la teología Cristo – céntrica del Beato Fray Juan Duns Escoto explicada de forma “popular”.

 

BEATO FRAN JUAN DUNS ESCOTO

Duns, Escocia, 1266-Colonia, Alemania, 8 de noviembre de 1308. Fue enterrado en la iglesia Minoriten, y el epitafio de su tumba dice: “Escocia me engendró; Inglaterra me recibió. Francia me enseñó; Colonia me custodia”. Fue un teólogo escocés perteneciente a la escolástica. Ingresó en la orden franciscana y estudió en Cambridge, Oxford y París; fue profesor en estas dos últimas universidades. La sutileza de sus análisis le valió el sobrenombre de «Doctor Sutil» y, por haber defendido la inmaculada concepción, también de “Doctor mariano.”  Se le consideró santo y se le veneró sin mediar canonización. El 20 de marzo de 1993 el Papa Juan Pablo II confirmó su culto como beato.

Entre sus obras destacan Ordinatio (Opus oxoniense) y Reportata parisiensia (Opus parisiense).

duns-escoto

 

 

A MODO DE INTRODUCCIÓN

ORIGINALIDAD DE LA ESPIRITUALIDAD FRANCISCANA

Además de que Dios es amor sin medida y gratuito, San Francisco de Asís ha descubierto también el modo de amar de Dios; descubrimiento que hizo contemplando al niño de Belén, al crucificado del calvario y el misterio de la eucaristía.                                        

  • Dios ama con amor humilde.

Se pone a nuestra orden para servirnos, para que tengamos vida, no importa cuánto tenga que sufrir.  En Belén “se arrodilla ante nosotros para lavarnos los pies”, como hace una madre con sus niños.

  • Dios nos ama con amor pobre, des-apropiado.

Él nos ama sin pedirnos nada a cambio; nos deja en libertad; no nos chantajea.  “Nos lava los pies sin quedarse con nuestros pies”.

  • Dios ama con amor incondicional.

Aun cuando nosotros no lo amaramos, Él nos sigue amando; aun cuando pecamos, aun cuando no nos arrepentimos, Él nos sigue amando.  Él no castiga, no manda desgracias como castigo, no pone pruebas, no manda la muerte, no fija la hora de la muerte, no fue él quien creó el infierno ni quien manda al infierno (cfr. Lc 15, 11ss).  Dios usa el amor como único medio para convencernos y aceptar el regalo de su vida divina, eternamente feliz.

  • Dios ama, aunque no tenga necesidad de amarnos, y es completamente libre en su amor.

Nadie le puede sugerir que tome iniciativas de amor, menos aún el pecado.  Todas las iniciativas de amor nacen directamente de su corazón.

  • Ama más a los “menos amables” (los enfermos, marginados, pobres).

Como una madre entre sus hijos ama más al más debilucho.

San Francisco empezó a entender todo esto, cuando un día en una calle polvorienta de la campiña de Asís, se bajó de su rica cabalgadura y abrazó y besó a un leproso, y este abrazo fue decisivo en su conversión.

RESPUESTA ORIGINAL DE SAN FRANCISCO A CRISTO

Él también se desnuda como Jesús en Belén y en el calvario; en la plaza, delante del Obispo y de tanta gente.  Se desapropió de todo, en el cuerpo y en el espíritu, y pasó los 22 años siguientes de vida con el ansia de despojarse, de desapropiarse y de servir humildemente, especialmente a los pobres.

Desapropiación es el profundo concepto de pobreza franciscana.  Lavar todos los pies sin quedarse con ninguno.  Sirve, regala, más deja libre.  Si no te dicen “gracias” siquiera, te dice San Francisco ¡Esta es la perfecta alegría!

LA LÓGICA DEL AMOR, ALMA DE LA TEOLOGIA FRANCISCANA

La lógica del niño de Belén, del crucificado y de la eucaristía no es principalmente la lógica de la razón, sino la del Amor.  Es la lógica de la kénosis amante, del absoluto amante.  Es la lógica de Dios que se ofrece para lavarnos los pies, que acoge al débil y al que sufre (al menos amable), que no rehúye al dolor ni a la muerte, que nos ha mostrado la fuerza en la debilidad: la lógica del primado de la bondad, de la perfecta alegría, según San Francisco. Este es el escenario místico-espiritual en el que se construye la reflexión teológica franciscana.  A partir de este escenario, estamos llamados a dar una respuesta específica, vivencial, doctrinal y pastoral en la iglesia y en el mundo.

La raíz de la mirada franciscana se construye en la matriz de la bondad de Dios; la auto-donación como alma secreta de todo lo que Dios ha hecho y ha dicho.  El pensamiento franciscano tiene su matriz fundante en la vida simple, humilde, pobre y original del pobrecillo de Asís y del movimiento espiritual que él fundo.

El movimiento franciscano provoca a nuevas interpretaciones y expresiones pastorales, sociales y culturales.  El reto es mirar y pensar nuestra realidad desde la “humanidad, de la encarnación” y narrarlo en la “Sequela Cristi”; prolongando y recreando el abrazo al leproso en la opción por los pobres y el cántico del hermano sol.  El franciscanismo, como pensamiento estructurado, es coherente con su opción: la humanidad humilde y pobre de Dios revelada en el Jesús del evangelio, que se vive en una vida desposeída de la soberbia racional.

El proyecto de vida franciscana no está orientado sólo a la actividad, sino, principalmente, a la narración vivencial de una espiritualidad que se fundamenta en la des-apropiación y la entrega sin límites de Dios, en el Jesús de Belén, del calvario y de la eucaristía; y que celebra el encuentro con el “Dios amante”, en la pequeñez de una vida menor.

No hay nada más “divino y altísimo” que la humanidad y la pobreza del pesebre de Belén; lo que debe narrarse en una intensidad de convivencia fraterna: “cara a cara”, social y universal (cfr.I Cel. 103-105).

La clave de lectura del pensamiento franciscano es el “ser como donación “, porque así se ha revelado Dios en Jesucristo.

LA NUEVA IMAGEN DE DIOS

¿Dios castiga, se venga, manda pruebas, desgracias como castigo, fija la hora de la muerte?

Según la visión teológica tradicional, a todas estas preguntas se responde que sí. En cambio, la nueva visión de Duns Escoto sugiere responder que no, porque Dios es amor incondicional y gratuito.  En 1999 (año del Padre) el CELAM (Consejo Episcopal Latino Americano) escribía: “¡Qué don tan grande, entonces, poder dedicar un año a su paternidad para espantar del alma humana las caricaturas de Dios que tanto daño nos hacen y nos han hecho!  Un año para dejar de lado a un Dios justiciero, vengativo y castigador.  A un Dios imagen y semejanza del hombre incapaz de clemencia y de perdón.  Un Dios ley, un Dios impredecible, arbitrario y antojadizo…  Un ídolo, una caricatura.  Una simple mueca de una búsqueda sincera pero incompleta”.

¿Quién creó el infierno, y quien condena al infierno?

Según la visión tradicional hay que responder que Dios.  En cambio, la nueva visión sugiere responder que el propio ser humano, porque Dios siendo sólo amor, no puede querer alejar de sí a ninguno de sus hijos (que somos todos).

El Santo Padre Juan Pablo II, el 28 de julio de 1999 (año del Padre) dijo: “… el infierno: no se trata de un castigo de Dios infligido desde el exterior, sino del desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida…  Es la situación en la que se sitúa definitivamente quien rechaza la misericordia del Padre incluso en el último instante de su vida…  Para describir esta realidad, la Sagrada Escritura utiliza un lenguaje simbólico, que se precisará progresivamente…  Las imágenes con las que la Sagrada Escritura nos presenta el infierno deben interpretarse correctamente…  Por eso, la “condenación” no se ha de atribuir a la iniciativa de Dios, dado que, en su amor misericordioso, Él no puede querer sino la salvación de los seres que ha creado.  En realidad, es la criatura la que se cierra a su amor.  La “condenación” consiste precisamente en que el hombre se aleja definitivamente de Dios, por elección libre y confirmada con la muerte, que sella para siempre esa opción”.

También habría que cambiar los términos a otro concepto tan repetido en nuestro lenguaje tradicional; decimos: “si no te arrepientes, Dios no te perdona”.  En realidad, Dios siempre hace fluir su perdón, su vida hacia nosotros.  Lo que puede ocurrir es que el pecador cierre la puerta de su corazón al perdón de Dios.  El efecto es el mismo, el pecador queda sin gracia de Dios; sin embargo, cambia la causa de esta falta de vida y es el pecador que no abre la puerta de su corazón, no es Dios quien se cierra…  No hay un No-dador de perdón sino un no-receptor de perdón.  La frase tradicional, pues, es una calumnia, y se añade a tantas frases, construidas según la visión tradicional, las cuales dan una imagen distorsionada de Dios.

Volvamos a leer un párrafo del CELAM, 1999:

“¡Que don tan grande tener un año para evangelizar sobre Dios, sobre el Padre, y hablar acerca de su corazón y de su belleza a los cuatro puntos cardinales!  Un año para exorcizar las visiones erráticas de Dios, enderezar las torcidas, completar las parciales, y llenar de gozo el corazón humano que está inquieto hasta que no descanse en El” (San Agustín).

La teología tradicional es pecado-céntrica y se fundamenta sobre la afirmación que el motivo de la encarnación es que Cristo muriera en la cruz para salvarnos del pecado.  Esta explicación teológica tradicional se ajusta cada vez menos a la cultura del siglo XXI, la cual repudia, con razón, una cultura de castigos y decisiones tiránicas y antojadizas.  Afortunadamente, son posibles otras explicaciones (otras teologías que dan nuevos conceptos, porque el Espíritu Santo hace siempre cosas nuevas).  La teología del Beato Fray Juan Duns Escoto sobre la encarnación fundamenta mejor la nueva imagen de Dios.

La teología de la encarnación del Beato Fray Juan Duns Escoto siempre ha sido considerada legítima por la Iglesia, y aporta aire fresco al cristianismo.  Su autor ha sido declarado Beato, en el año 1993, por San Juan Pablo II, el cual ha llamado a esta teología “esplendida doctrina”; he aquí sus textuales palabras: “Duns Escoto, con su espléndida doctrina sobre el primado de Cristo, sobre la Inmaculada Concepción…  Sigue siendo aún hoy un pilar de la teología católica, un maestro original y rico en impulsos y estímulos para un conocimiento cada vez más completo de las verdades de la fe”.  Concluyendo esta introducción, invito a leer la parábola del “Hijo pródigo” (que debería llamarse del “Padre amoroso”: Lc. 15, 11ss).  Jesús responde negativamente a las preguntas puestas al principio.

Capítulo I 

EL PRIMADO ABSOLUTO Y UNIVERSAL DE CRISTO

  1. A la nueva explicación teológica de la encarnación el Beato Fray Juan Duns Escoto la llama PRIMADO DE CRISTO; porque a la pregunta: “por qué se encarnó Cristo”, el Beato Fray Juan Duns Escoto responde: “Porque Jesucristo fue el primer concebido en la mente de Dios, antes de todos los seres creados”. No es posible, decía el Beato Fray Juan Duns Escoto, que la realidad más preciosa que tiene la humanidad, Cristo, haya venido por la realidad negativa del pecado, que es tan sólo un accidente.  San Pablo, en los dos pasajes siguientes, da los fundamentos bíblicos de la visión escotista.
  1. “¡Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús Nuestro Señor, que nos bendijo desde el cielo, en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales! En este Cristo, Dios nos eligió desde antes de la creación del mundo, para andar en el amor y estar en su presencia sin culpa ni mancha.  Determinó desde la eternidad que nosotros fuéramos sus hijos adoptivos por medio de Cristo Jesús. Eso es lo que quiso y más le gustó, para que se alabe su gloria, por esa gracia suya que nos manifiesta en el bien amado.  Pues en Cristo la sangre se derramó para nuestra libertad y nos merece el perdón de los pecados.  En esto se ve la inmensidad de su gracia, que Él nos concedió con toda sabiduría e inteligencia.  Y ahora, Dios nos da a conocer este proyecto misterioso, esta libre decisión que tomó desde antes, para ponerlo en ejecución cuando llegara la plenitud de los tiempos.  Todas las cosas han de reunirse bajo una sola cabeza, Cristo, tanto los seres celestiales como los terrenales”, (Ef 1, 3-10).

“Él es la imagen de Dios que no se puede ver, el Primogénito de toda la creación, ya que en él fueron hechas todas las cosas; las del cielo y las de la tierra; lo visible y también lo invisible; gobiernos, autoridades, poderes y fuerzas sobrenaturales.  Todo está hecho por medio de Él y para Él.  Él existe antes de todas las cosas y todo se mantiene en Él.  Él también es la cabeza del cuerpo, es decir, la Iglesia, Él es el principio y renació antes que nadie de entre los muertos para tener el primer lugar, porque así quiso Dios que la plenitud permaneciera en Él.  Por Él quiso reconciliar consigo todo lo que existe, y por Él, por su sangre derramada en la cruz, Dios establece la paz tanto sobre la tierra como en el cielo”, (Col. 1, 15-20; Rom. 8, 28-30; Hbr. 1, 1-4; 1 Juan 2, 4-6; Ap. 22, 13; Lg. 62; Gs. 10; De Civitate Dei 10,32).

Pensemos en una madre, cuando el hijo que está estudiando en otro país le dice que mañana llegará a la casa, porque tiene una semana de vacaciones. La madre se pone en frenética actividad para prepararle un rico almuerzo de bienvenida. Encarga la mejor carne, va al mercado, pasa invitando a familias amigas; la gente no entiende por qué tanto movimiento. Solo al ver llegar el hijo a la casa entiende. En la mente de la madre, primero estaba el hijo, y después todo lo demás; pero la gente vio lo contrario. Lo primero en la intención aplazado en la ejecución. Así fue el primado absoluto de Cristo: el primero en la mente del Padre fue aplazado en la evidencia de la historia. El primero en la cronología divina fue aplazado quince mil millones de años en la cronología humana; un misterio desde el principio y revelado solo “en la plenitud de los tiempos”.

  1. El Beato Fray Juan Duns Escoto sostiene que Jesucristo vino no por el pecado sino para tomar su lugar de ser el primero, el modelo de toda criatura: “El camino-verdad-pan de vida” del mundo. El guía para la humanidad destinada a la “gracia y a la gloria y a ser partícipe de la naturaleza divina”.

De manera que Cristo habría venido, aunque el ser humano no hubiese pecado, porque la razón de su venida no fue el pecado.  Más bien la pregunta es: ¿Si Cristo no hubiese existido, habría existido el ser humano?  El Beato Fray Juan Duns Escoto respondería que no.

Esta fue la intuición que cambia la explicación tradicional, según la cual Cristo ha venido “para morir en la cruz, y así salvarnos del pecado”.

  1. Es una explicación Cristo-céntrica por ser Cristo (el Verbo encarnado) el protagonista de toda la historia; es fruto de una profundización (en la mente y en el corazón) de la espiritualidad Cristo-céntrica que los hijos de San Francisco siempre han tenido, siguiendo a su padre Francisco.

De la devoción a su seráfico padre a la reflexión teológica el paso fue espontáneo para Duns Escoto.

De una impostación hipotética, de si Cristo se hubiese encarnado aun si el hombre no hubiese pecado, a una impostación positiva: el motivo de la encarnación es el primado de Cristo. “Esta admirable concepción es la roca teológica sobre la cual el franciscanismo ha erigido la propia concepción de la vida” (P. Genulle): es una visión nueva de toda la realidad.  La historia natural esconde en sí una historia espiritual. Por lo tanto, Cristo es el punto de referencia no sólo del teólogo y del asceta sino también del filósofo y de todo científico.  EL PRIMADO es la base más profunda y “cristiana” del cántico de las criaturas.  La convicción de que este designio divino escondido por los siglos y (“ahora revelado”) de la creación tiene su base en la predestinación absoluta de Cristo, la certeza de que el Hombre-Dios tiene la rienda “ontológica” de toda la realidad no puede no ser fuente de confianza y de consuelo, y nos hace invulnerables a las insidias del desaliento y desesperación.

Cristo pues fundamenta, promueve, salva y transfigura al ser humano, actuando como levadura vital, a beneficio de los seres humanos, en toda la obra de la creación.  La misma aspiración humana, cristiana y franciscana tiene en esta hipótesis sus definitivas y más profundas razones. 

RESUMIENDO EL PENSAMIENTO DEL BEATO FRAY JUAN DUNS ESCOTO:

  1. Dios es amor in-condicional, originario, libérrimo, ordenado y gratuito.
  2. Queriendo pre-destinar a seres humanos a ser partícipes de su divina naturaleza (=co-amadores).
  3. Pre-destinó primero al que es más cerca del fin (Cristo es criatura ya partícipe de la divina naturaleza).
  4. En Él, por Él y para Él predestinó a todos los demás seres humanos “a la gracia y a la gloria”.
  5. Previendo la caída de los seres humanos, pre-destinó a Cristo como redentor también.
  6. La encarnación de Cristo es la obra suma de Dios.

Consecuencia importante para la teología es que la cruz ya no es el fin de la encarnación sino la expresión suprema de amor de Jesucristo, imagen visible de Dios invisible.  Hay que cambiar el concepto según el cual los sufrimientos humanos son planeados y planificados por la voluntad de Dios; más bien éstos son el resultado lógico del comportamiento ilógico del hombre y la mujer que acogen el mal en su corazón (ver mensaje de San Juan Pablo II para la jornada de la paz, 01.01.05).

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Capitulo II

RAZONES DEL BEATO FRAY JUAN DUNS ESCOTO

Del Cristo-centrismo del corazón (relativo: San Francisco, San Buenaventura) al Cristo-centrismo de la mente (absoluto: Duns Escoto).

Las tesis cristológicas escotistas no eran del todo nuevas, sino la maduración de un recorrido de pensamiento, ya decididamente encaminado al interior de la teología, especialmente franciscana.  Los autores precedentes: Peckam, De La Ware, D’acquasparta, Ubertino de Casale (contemporáneo del Beato Duns Escoto).

 

Planteamiento principal:

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  1. La naturaleza humana de Jesucristo ha sido predestinada a la sublime unión con la persona divina increada del Hijo, antes de toda creatura.
  2. En Él, por Él y para Él fueron predestinados a la gracia y a la gloria todos los demás seres inteligentes creados… independientemente de si pecaron o no.

Dios creó un modelo real para todos los seres racionales (el Beato Duns Escoto lo dice de manera implícita).

  1. Así que la redención, también querida por Dios, no es el motivo principal de la pre-destinación (como se había sostenido hasta entonces… y todavía hoy).
  2. De aquí la distinción entre salvación (elección de la creaturalidad de los seres humanos a la vida plena), y redención (= reparación de la culpa de Adán y sus consecuencias).
  3. La pre-destinación de Jesucristo a la suma gloria es antes que la de todos los demás, por estar más cerca del fin (=la gracia y la gloria de Dios comunicada “ad extra”).

(Opus oxoniense III, d. 7, 99; XIV, 248-359 y Reportationes).

 

LA PREDESTINACIÓN

Es una de las palabras-clave para entender el Primado de Cristo.

Es la pre-ordenación de Cristo a la gloria.  Es gratuita y procede del amor libérrimo de Dios. Cristo es el primer predestinado; en Él, por Él y para Él, todas las demás criaturas.  Dios quiere ordenadísimamente. Por lo tanto, primero predestina a aquél que está más cerca del fin, Cristo, siendo ya “criatura partícipe de la divina naturaleza.”  Si es gratuita la predestinación, no depende de nada fuera de Dios, mucho menos del pecado. Todo ha ocurrido independientemente del pecado; aunque, en el orden concreto de la encarnación en tiempo y espacio, Dios no se desentendió del pecado y nos ha liberado de su dominio. De toda manera, Él se hubiese encarnado aunque el ser humano no hubiese pecado.

Él que es primero es arquetipo”, era un principio admitido entre los teólogos. Dios quiso a Cristo como arquetipo, fuente y término de referencia y mediador de todo predestinado.  El orden natural es en vista del orden sobrenatural, ambos tienen su principio y su fin en Jesucristo.  El universo y el ser humano son queridos en función de Cristo, no viceversa, porque Él es el amante perfecto.

La predestinación es acto y fruto del amor gratuito de Dios. Quiere introducir a todas las criaturas en la Santísima Trinidad por medio de Cristo.

En el principio era el amor ordenate volens (=que ama de manera ordenada).  El amor, para Duns Escoto, es sinónimo de libertad y voluntad, en el contexto de la verdad.

Dios es el fin (y principio) de todo, también de la creación y de la predestinación. Por lo tanto, el producto más sublime del amor de Dios ad extra ha de ser un amante excelso, capaz de amar a Dios perfectamente como respuesta perfecta al amor creador.

El amor es el valor sumo y fundamental tanto de la actividad de Dios como de la criatura racional.

Toda la vida de Cristo es respuesta de amor al amor creador (¡“hágase, Señor tu voluntad”!).

La historia de la salvación es historia sagrada, o sea: expresión de la libertad divina que acompaña amorosamente a su criatura pueblo.

No existen dos órdenes de salvación: uno, antes del pecado y otro, después del pecado. Un solo orden. Pablo VI dirá: “la línea de la creación es la misma de la salvación”.

El primado de Cristo se sitúa al interior de la misma densidad ontológica de todas las realidades creadas (vestigios, huellas, imágenes) y en el valor salvífico que Dios produce en ellas (todo es lugar teológico).

Una consecuencia importante es que la cruz ya no es el fin de la encarnación, como se entiende comúnmente, sino la expresión suprema de amor del sumo amante, Cristo, por cuyo amor todos hemos sido llenados de “vida en abundancia” (Jn. 10, 10).

Es interesante que también Santo Tomás y San Buenaventura creían posible la tesis del Primado absoluto de Cristo (ya se hablaba de ello), sin embargo, prefirieron la doctrina según la cual Cristo vino por el pecado, porque, decían, más acorde con la Escritura y la piedad del pueblo cristiano.

El pecado no es ruptura total: permanece siempre la orientación sobrenatural en Cristo. Y Cristo, según la voluntad predestinante de Dios, es inconmovible fundamento de la divinización (los Padres Latinos la llaman adopción) desde el inicio de las obras de Dios. Ninguna criatura puede hacer ineficaz o reversible el plan divino. ¡Dios es fiel!

La voluntad sumamente moral de Dios (Él se mueve por amor y verdad) ama y decide únicamente como donación. En El existe una ratio (causa interna) para crear, no un motivo (causa externa).

El presupuesto de la encarnación, pues, no es el pecado y su redención, sino el amor libre de Dios. Y el efecto es la elección sobrenatural de los co-amadores , su divinización en Cristo.

La encarnación entonces no es para la reparación de un acto pecaminoso (con un sacrificio expiatorio) sino: la orientación total y originaria de la humanidad entera hacia la divinización. Y la redención no es el apaciguamiento de un Dios enojado, intransigente, sino la expresión máxima de amor, de la humanidad en Cristo, que acoge, según su máxima posibilidad, el perdón originario y total de Dios (el hijo de la parábola del hijo pródigo, acogido por el padre que no exige ni siquiera una explicación por el pecado, lo simboliza).

La encarnación, en la mente de Dios, primero, e histórica después, no es la superación de una deficiencia de orden moral sino la elevación sobrenatural y la superación divina de la deficiencia metafísica del ser humano; por lo cual: de pura criatura ha sido hecha partícipe de la divina naturaleza en Cristo (el cual ya era así por tener las dos naturalezas); pasando a ser para la humanidad: origen, camino y término de la transformación humana. Para el Beato Duns Escoto, pues, la redención está enmarcada dentro del gran cuadro de la encarnación, es uno de sus momentos. Juan Pablo II dijo: “La redención es una parte importante de la salvación”.

En esta diferente perspectiva: la superación de la deficiencia moral y la superación de la deficiencia metafísica de la creatura es donde las dos concepciones (anselmiana y escotista) evidencian su diversidad profunda.

Todo lo que ocurre en la vida de Cristo es la encarnación en su devenir, en su desarrollo histórico en vistas  de alcanzar el ésjaton, la resurrección. En este sentido, la Misa transmite la fuerza originaria y transformante del amor de Dios en Cristo.

El gran avance teológico del Beato Duns Escoto fue el de ubicar la relación con Cristo en la dimensión ontológica más que en la dimensión moral.

El Beato Duns Escoto no se detuvo a esclarecer el concepto de redención. Tal vez, se puede decir que la redención ha sido la aplicación, en el tiempo apropiado, del amor “Fontal” (de: fuente) de Cristo en su primado, amor salvador y restaurador.

El amor de Cristo es manantial, norma y vida de todos los demás amores. Es su arquetipo, motivo y fin. Es el paradigma de toda otra respuesta de amor.

Cristo, cual primer predestinado, es primero en todo orden y bajo todo aspecto.

RECORDEMOS: la predestinación es un acto libre y gratuito de Dios; procede de su iniciativa soberana y es manifestación sobrenatural de su bondad que quiere comunicarse.

Expresión perfecta de esta comunicación es Jesucristo (y nosotros en Él, por Él y para Él). Jesucristo en la cruz es respuesta excelsa al amor de Dios, más que reparación “de condigno” (adecuada); lo que se ha puesto en el primer plano en la visión anselmiana, tradicional.

Queda así descartado todo antropologismo y amartiocentrismo (pecado centrismo), pues todo bien, de principio a fin, depende del amor libre, originario y gratuito de Dios, y de la respuesta excelsa de Jesucristo. Nuestras respuestas de amor tendrán fuerza en Cristo.

Cristo es la razón tanto del “exitus a Deo” (salida de Dios) como del “reditus ad Deum” (retorno a Dios).

En la Sagrada Escritura hay un hecho indiscutible: el punto terminal, es decir, el fin del plan de salvación, en concreto es la vida eterna con Cristo. Ahora bien, el fin determina el existir y el obrar de todas las demás obras intermedias.

La teología de San Juan y de San Pablo es plenamente cristocéntrica. (EF. 1,3-10; COL. 1,15-20)

RESUMIENDO

Desde siempre hemos pensado según la teología anselmiana del “Cur deus homo” (=por qué Dios se ha hecho hombre) cuyos 4 postulados son los siguientes:

  1. Fue necesario redimir al hombre que había pecado
  2. Tenía que ser redimido por satisfacción de condigno (=adecuada a Dios)
  3. La satisfacción podría ser realizada sólo por un Dios – hombre
  4. El medio más adecuado era la pasión y muerte de Jesucristo

Sin embargo, el Beato Fray Juan Duns Escoto sostuvo que es absurdo el que la realidad más grande de la humanidad y de la historia, que es la existencia de Jesucristo, haya sido originada por algo accidental y negativo como es el pecado. Y formuló una nueva hipótesis, articulada de la siguiente manera:

  1. Dios, que es amor, queriendo predestinar a creaturas para que fueran partícipes de su divina naturaleza (co-amadores),
  1. Predestinó primero al que es más cerca del fin (Jesucristo, quien ya es partícipe de la divina naturaleza),
  1. En Él, por Él y para Él predestinó a todos los demás seres humanos “a la gracia y a la gloria”;
  1. Previendo la caída de los demás seres humanos, predestinó a Jesucristo como redentor también.
  1. La encarnación de Jesucristo es la obra suma de Dios.

La doctrina del Primado de Cristo constituye el centro de la esencia misma del misterio de la salvación.  Duns Escoto rechaza el principio platónico del “bien difusivo de sí” en aras de la libertad absoluta de Dios.  La historia de la salvación no se entiende si no vemos en ella la actuación concreta del amor-libertad de Dios.  El amor libre de Dios es el principio de cada cosa; es la explicación última del orden de la salvación que comprende naturaleza y gracia.  Dios quiso comunicar su vida a otras criaturas fuera de sí, y a las criaturas racionales para que llegaran a ser partícipes de la divina naturaleza.

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ALGUNOS TESTIMONIOS

En 1600, cierto teólogo, llamado Thomassin, dijo que las afirmaciones del Beato Duns Escoto eran sustancialmente blasfemas, y se encargó, con la complacencia de muchos, de hacer circular esta opinión entre los eclesiásticos, hasta nuestros días; sin embargo, en los últimos 50 años, mucho ha empezado a cambiar. Hay que enfatizar que, a pesar de todo, la teología escotista ha sido considerada siempre legítima en la Iglesia, a lo largo de todos los siglos.

Ya Pablo VI había exhortado a un grupo de seminaristas estudiantes de teología que estudiaran la teología de Duns Escoto.  Y fue buen profeta, porque unos años después, el 20 de marzo del 1993, el Papa Juan Pablo II reconoció el culto que se le ha dado por el pueblo cristiano por todos los 700 años que nos separan de su muerte (1308); lo beatificó, llamándolo cantor del Verbo Encarnado y defensor de la Inmaculada Concepción.

En 2002, a la comisión escotista (que fue a llevarle el VIII volumen de la edición crítica del Beato Duns Escoto), Juan Pablo II dijo: “Duns Escoto, con su espléndida doctrina sobre el Primado de Cristo, sobre la Inmaculada Concepción … sigue siendo aún hoy un pilar de la teología católica, un maestro original y rico en impulsos y estímulos para un conocimiento cada vez más completo de las verdades de la fe”.  “De este rico depósito teológico, pueden sacarse respuestas adecuadas también a las dramáticas interrogantes de la humanidad en este inicio del III milenio cristiano” (A los Rectores de Centros de estudios franciscanos, 2001).  BENEDICTO XVI, el 7 de julio del año 2010, dedicó la audiencia general del miércoles (es como decir: ante todo el mundo) a Duns Escoto, y entre tantas cosas, dijo: “Duns Escoto meditó sobre el misterio de la encarnación y, a diferencia de muchos pensadores cristianos del tiempo, sostuvo que el Hijo de Dios se habría hecho hombre, aunque la humanidad no hubiese pecado”.  “Afirma en la REPORTATA PARISIENSIA (prosigue el Papa): “pensar que Dios habría renunciado a esa obra si Adán no hubiera pecado sería completamente irrazonable.  Por tanto, digo que la caída no fue la causa de la predestinación de Cristo, y que –aunque nadie hubiese caído, ni el ángel ni el hombre- en esta hipótesis, Cristo habría estado de todos modos predestinado de la misma manera” (en III SENT., d. 7,4).  Este pensamiento (prosigue el Papa; es una cita larga, pero vale la pena reproducirla) quizá algo sorprendente, nace porque para Duns Escoto la encarnación del Hijo de Dios, proyectada desde la eternidad por Dios Padre en su designio de amor, es el cumplimiento de la creación, y hace posible a toda criatura, en Cristo y por medio de Él, ser colmada de gracia, y alabar y dar gloria a Dios en la eternidad.  Duns Escoto, aun consciente de que en realidad, a causa del pecado original, Cristo nos redimió con su pasión, muerte y resurrección, confirma que la encarnación es la obra mayor y más bella de toda la historia de la salvación, y que no está condicionada por ningún hecho contingente, sino que es la idea original de Dios de unir finalmente toda la creación consigo mismo en la persona y en la carne del Hijo”.  Concluye el Papa: “Queridos hermanos y hermanas, esta visión teológica, fuertemente cristo-céntrica, nos abre a la contemplación, al estupor y a la gratitud, pues, Cristo es el centro de la historia y del cosmos, es quien da sentido, dignidad y valor a nuestra vida”.

El cardenal Martini, obispo emérito de Milán, en 1994 escribió un libro sobre la pasión. Allí se pregunta: “¿por qué se derramó esta sangre? la muerte y la pasión del Hijo de Dios ¿eran realmente necesarias tras la encarnación? Sobre este punto los teólogos están divididos. La pasión ¿no está quizá, como decían los escotistas, subordinada al fin principal, la encarnación, que es la glorificación del Padre a través del Hijo Jesús? Si rechazamos esta teoría y ponemos en cambio la pasión y la muerte en el centro, como término de la obra de Dios, deriva otro problema: el pecado sería una contribución necesaria a la obra de Dios, porque no hay muerte de Jesús sin pecado”; lo cual es absurdo.

El hombre, habiendo sido creado a imagen y semejanza de Cristo, tiene una naturaleza teologal y es tendencialmente cristiforme.

Aquello que lo hace semejante a Cristo no lo adquiere en un proceso biológico e histórico, sino que le pertenece constitutiva y estructuralmente en cuanto ha sido creado y destinado a vincularse existencialmente con Cristo.  La naturaleza humana desde su origen y el proceso evolutivo del cosmos, están orientados intencional y constitutivamente a entroncarse en el Cuerpo místico de Cristo. Así que la antropología tiene su fuente y coronación en la cristología. Cristo, hombre y Dios, es la expresión más acabada y perfecta del misterio humano. (“Crecer a la estatura de Cristo”)

En la concepción doctrinal del Beato Duns Escoto, Cristo ocupa el lugar más central de la comprensión del universo, del hombre y del misterio de la salvación, porque todo parte de Cristo y todo tiende hacia Él para unirse finalmente en el UNO-TRINO.  Por tanto, un humanismo real e integral debe ser cristiforme, ya que toda la realidad creada es crística. El cristo-centrismo escotista interpreta magistralmente la cristología paulina, en la que Cristo es la imagen del Dios invisible, el primogénito de la creación, aquél por el cual todo ha sido hecho y en el cual Dios nos ha elegido antes de la creación del mundo, predestinándonos a ser sus hijos adoptivos (Cfr. Ef. 1, 3-14).

PABLO VI, en la Carta apostólica “Alma parens” – 14 de julio de 1966, proclamaba al Beato Duns Escoto como cantor de la centralidad de Cristo, “colocando sobre toda ciencia el Primado universal de Cristo, obra maestra de Dios, glorificador de la Santísima Trinidad y redentor del género humano, rey del orden natural y sobrenatural”.

Si Duns Escoto, en cuanto filósofo, posee una metafísica propia y peculiar, también, en cuanto teólogo, tiene una visión doctrinal unitaria y coherente, que, partiendo de la fe y del dato revelado, subraya que el amor es el modo de ser y del actuar de Dios.

 

*** HASTA AQUÍ, LA DOCTRINA DE DUNS ESCOTO; EN ADELANTE, SE INCLUIRAN COROLARIOS Y ELABORACIONES PERSONALES DEL AUTOR DE ESTE FOLLETO, SOBRE LA BASE DE DICHA DOCTRINA. ***

 

Capítulo III

IDEAS TEOLOGICAS CONSECUENTES CON LA TEOLOGÍA DEL PRIMADO ABSOLUTO DEL VERBO ENCARNADO

  1. Dios es amor originario, libérrimo, in-condicional, gratuito.
  1. Hay que pasar del temor al amor (Jn. 4, 12ss).
  1. Mejor comprensión del amor al prójimo: no instrumentalización (Mt. 25, 31ss.).
  1. Una visión mística del Universo = sacramento de Cristo-su fuente.
  1. Aquello que hace al ser humano semejante a Cristo, antes que una semejanza moral, es una semejanza ontológica.
  1. Hay que añadir 2 adjetivos a Dios: TRANSPARENTADO EN EL COSMOS A TRAVES DE JESUCRISTO Y
  1. Dios, siendo amor libérrimo y gratuito, tiene la libertad de condonar la deuda (=perdonar los pecados) sin exigir ningún pago (ver: el hijo pródigo y el buen ladrón Mt. 20, 2).
  1. HACER LA VOLUNTAD DEL PADRE, que Jesús dijo en el Getsemaní, significó:NO IMPORTA LO QUE ME VAYA A COSTAR, YO QUEDARE FIEL AL AMOR A TI Y A MIS HERMANOS Y HERMANAS”.
  1. El pecado, más que trasgresión de la ley, es desorden de la Creación. No destruye totalmente “las piezas” del ser humano sino sólo las desordena. El amor de Cristo con su vida de amor hasta el extremo de la pasión nos mereció la gracia del reordenamiento (=redención).
  1. Cristo, desde el inicio es manantial de vida vivificadora y purificadora (la redención estaba inscrita en este poder vivificador). La encarnación no fue para reparar el pecado sino: LA VISIBILIDAD DE LA ORIENTACIÓN TOTAL Y ORIGINARIA, EN CRISTO, DE LA HUMANIDAD ENTERA HACIA LA DIVINIZACIÓN.
  1. La encarnación no es superación de una deficiencia moral sino metafísica: DE PURA CREATURA HA SIDO ELEVADA A SER PARTICIPE DE LA DIVINA NATURALEZA, EN CRISTO.
  1. Todo lo que ocurrió en la creación y evolución de la creación, y en la vida terrena de Cristo ha sido la fuerza de su encarnación en su devenir: en vistas a alcanzar el ésjaton, la resurrección, el “hombre nuevo”. Toda la vida de Jesucristo es RESPUESTA DE AMOR ADECUADA (=de condigno); LA MUERTE EN CRUZ fue la suprema respuesta de amor.
  1. PRE-DESTINACIÓN = Pre-ordenación de Jesucristo a la gloria, y de nosotros a la gracia y a la gloria, por la voluntad libérrima del Padre; no es pre-decisión prescindiendo de nuestra libertad.
  1. La espiritualidad del amor, del estupor, de la contemplación: nuestra vida como respuesta de amor al amor de Dios; hacer la Voluntad del Padre como fidelidad a su amor, en toda circunstancia; disposición al sacrificio como respuesta de amor más que para expiar pecados.
  1. No existen dos órdenes de salvación: uno antes del pecado y otro después del pecado, sino: “el orden de la creación es el mismo de la salvación” (Pablo VI).

 

PRIORIDADES DE NUESTRA EVANGELIZACIÓN

  1. El plan salvífico: predestinación a la gracia y a la gloria en-por y para Cristo.
  2. La persona mediadora de Cristo.
  3. El Reino de Dios en-por y para Cristo.
  4. El pecado como desorden y obstáculo al plan de salvación.

 

SÍNTESIS Y SINOPSIS DE DOS ESQUEMAS TEOLÓGICOS

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PALABRAS Y CONCEPTOS COHERENTES:

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FRASES SÍNTESIS DE LA ESPIRITUALIDAD Y TEOLOGÍA FRANCISCANAS

  • Vivir la humildad y la pobreza de Jesucristo: en Belén, el calvario y la eucaristía.
  • Existo porque Dios me ama.
  • Cielo y tierra están juntos dentro de mí.
  • El amor no es amado, pero sigue amando.
  • Amar lo “menos amable”.
  • Descubrir la epifanía de Dios en la vida, en mi vida.
  • “Lavar los pies al prójimo” (humildad) “sin quedarse con sus pies” (pobreza).
  • Existo porque existe Jesucristo.
  • Dios fuente y culmen de amor (valdissime volens).
  • Cristo es el primer querido, “en Él, por Él y para Él todos hemos sido queridos (cfr. Ef. 1, 3-10; Col. 1, 10-20, como co-amadores en Cristo.
  • Francisco logró la máxima cercanía con el modelo de los co-amadores, hasta obtener el “sello” de las llagas (Dante).
  • Un mínimo de normas y mucha mística.
  • Todos tenemos que de-centrarnos en Cristo, también la Iglesia.
  • El franciscanismo es un modo peculiar de ser cristiano, a partir de lo nuevo de la experiencia mística de Francisco y Clara.
  • Lo que agradó al Padre no fue la muerte de Jesús sino su fidelidad en el amor (así el teólogo Scheeben explicando al Beato Duns Escoto, del cual compartió la visión teológica).
  • Dios tiene la libertad de renunciar a la satisfacción por los pecados, como hace una madre.

 

Capítulo IV

ALGUNAS CONSECUENCIAS TEOLÓGICAS Y PASTORALES

  1. La nueva imagen de Dios. Si al centro no está el pecado sino Cristo, es más fácil “espantar del alma humana” la imagen de un Dios castigador y arbitrario (CCELAM 1999; San Juan Pablo II, 28.07.99).
  1. Es más fácil desmitificar el pecado, como fuerza mágica y automáticamente omnipresente en la historia y en el destino humano.
  1. La JUSTIFICACIÓN, como punto de amor originario de Dios que nos eleva a Él por medio de Cristo, independientemente del pecado. No es consecuencia de nuestras acciones meritorias sino causa y signo de nuestras buenas acciones.
  1. Prioridades de nuestra Evangelización:
    1. El plan salvífico de Dios: El Primado absoluto y universal de Jesucristo.
    2. La creación de los co-amadores en, por y para Jesucristo.
    3. El Reino de Dios, que llegará a su cumplimiento por la colaboración de todos los co-amadores, pero por la única mediación de Jesucristo.
    4. El pecado como obstáculo al plan amoroso de Dios.
  1. El Espíritu Santo, quien obró la elevación a hijo de Dios de la naturaleza humana de Jesús, impulsa e inspira a todo ser humano, porque creado sobre la estructura de Jesucristo. Es la savia de Cristo, que vivifica todas las ramitas de los co-amadores, injertadas en el árbol Cristo (así habría sido aún sin el pecado).
  1. Adquiriría mayor relieve el Cristo histórico, contra cualquier peligro de monofisismo, porque todo ser humano histórico (en cualquier cultura, raza, condición) es imagen de Cristo, y su espíritu actúa en toda la historia humana: en los acontecimientos positivos, para “promocionarlos” y darlos a conocer, y en ocasión de los acontecimientos negativos, para ayudar a discernirlos, a evitarlos y a neutralizar sus consecuencias negativas.
  1. También, en esta visión, según la cual Jesucristo está ontológicamente al centro de la historia, adquieren mucha importancia los signos socio-teológicos de los tiempos.
  1. La universalidad de la salvación en Cristo.
  1. La salvación es previa a la redención, y ésta, dado el pecado, está en función de aquella. La cruz no es el fin de la encarnación, pero se constituye en la concentración más densa del amor de Jesucristo. La voluntad de Dios era que Jesús fuera fiel al amor, aunque los hombres lo quisieran matar.

“Y que lo sepa todo el pueblo de Israel: por el nombre de Jesucristo de Nazareth, a quien ustedes crucificaron y a quién Dios resucitó de entre los muertos, gracias a Él, este hombre está de pie y sano ante ustedes” (Hch. 4, 10).

  1. Los valores humanos (porque “cristianos desde siempre”) vienen antes de los valores religiosos. (Mt. 25, 31ss.)
  1. La dimensión cósmica del acontecimiento Jesucristo empieza a ser recuperada por la teología, contemporánea, especialmente en la perspectiva de un ascenso evolutivo del cosmos hasta llegar a lo humano (ver: Pierre Teilhard de Chardin).
  1. La teología del Primado de Cristo, presenta una visión de Dios que ahuyenta el temor (1 Juan), y da a la realidad una visión integralmente optimista; la visión de un Dios cercano en su humildad, despojo, fragilidad y ternura; visión del amor, primero, y de la cruz después, todo sintetizado en la Eucaristía.
  1. Es el antídoto actual más poderoso al neoliberalismo, según el cual el dinero (enemigo número 1 de Dios) está por encima de todo. ¡Es Cristo quien tiene el primado en todo!

 

Capítulo V 

CHISPAZOS A FAVOR DEL BEATO FRAY JUAN DUNS ESCOTO Y SU HIPÓTESIS

  • Duns Escoto ha sido proclamado Beato en 1993, por San Juan Pablo II, quien lo llamó “Cantor del Verbo encarnado y defensor de la Inmaculada”.
  • En el 2002, durante la audiencia en la que se le presentó la edición crítica del volumen VIII de Duns Escoto, San Juan Pablo II dijo: “Duns Escoto con su espléndida doctrina del Verbo encarnado, de la Inmaculada, etc. es aún hoy un pilar de la teología católica y un maestro original y rico en impulsos y estímulos para un conocimiento cada vez más completo de las verdades de la fe” (L’OSS ROM. 01.05.02).  Con esta divulgación de la hipótesis escotista, se quiere precisamente conocer mejor la verdad de la encarnación y de la cruz.
  • Esta Visión de la encarnación no niega ningún hecho revelado, sólo da una nueva explicación (=teología) del hecho revelado de la encarnación y de la cruz. Su doctrina sobre la Inmaculada concepción (mucho más “contraria” a la Sagrada Escritura que esta hipótesis) fue reconocida 456 años después.
  • El papa Pablo VI dijo: “la línea de la creación es la misma de la salvación”; o sea: Dios empezó a salvar desde el primer momento de la creación, no desde el momento de la redención del pecado. Tener presente que la palabra salvar, en toda esta exposición, es tomada según su significado etimológico de llenar de vida (=salud-dar).
  • “La revelación se precisa progresivamente” (S. J.P. II el 20.07.99). “El Espíritu Santo les irá enseñando lo que ahora no pueden comprender” (cfr. Jn. 16, 13).  El Espíritu Santo sigue explicando hoy.
  • No es doctrina extraña ni de la “nueva era”; es una “espléndida doctrina”, que yo considero más adecuada para explicar a las nuevas generaciones la encarnación del Verbo; y por ende, iluminar el misterio de la creación y del peregrinaje del ser humano por este mundo.

Además, constituye un fundamento teológico sólido “para espantar del alma humana aquella imagen de Dios castigador y arbitrario que tanto daño nos ha hecho y sigue haciendo” (cfr. CELAM 1999).

  • El teólogo protestante Kart Barth comparte esta teología. Barth ha escrito: “la Escritura evidencia que el Primado universal de Cristo en el orden de la intención, y revelado en el orden de la ejecución es la base de toda teología”.
  • El Beato Fray Juan Duns Escoto es considerado el máximo exponente de la teología franciscana.
  • En esta cultura contemporánea, en la que al ser humano hay que hablarle derecho, sin mitos; en la que “nadie tiene miedo a nada”, en la que ni se permite hablar de castigo en las escuelas, y en la que los tiranos son desterrados, etc., no se puede seguir hablando de un Dios tirano, castigador y arbitrario; la religiosidad del temor definitivamente ha muerto. Sólo cabe hablar a modo de aviso y corrección “fraterna”, ante quien se equivoca o persiste en la mala voluntad. El cristianismo hoy, es propuesto no impuesto con el temor.

En adelante sólo servirán los medios pedagógicos positivos y las penas medicinales, no más el terrorismo jurídico y mucho menos moral (1 Jn. 4, 15-18).

Este “terrorismo” beneficia sólo a los poderes despóticos, a los prepotentes, y hunde a los débiles y pobres.

  • Del rico depósito de la teología y de la sabiduría franciscana pueden sacarse respuestas adecuadas también a las dramáticas interrogantes de la humanidad, en este inicio del segundo milenio cristiano” (J.P. II mensaje a los Rectores de Centros de Estudios Franciscanos, el 19.09.2001).
  • Jesús, en las bodas de Cana, es el “cambiador” del agua (=humanidad) en vino (=divinidad).

El nombre JESÚS significa salvador, por naturaleza, o sea: “dador de vida en plenitud” (Jn. 10, 10).

  • San Ignacio de Antioquía a los Magnesios: “Jesucristo, el cual estaba junto al Padre antes de los siglos y se manifestó en estos últimos tiempos”, etc.
  • Al leer el N. T. a la luz de la hipótesis escotista, se encontrarán muchos pasajes que se refieren a la persona de Jesucristo (Verbo encarnado) como fundamento y fuente de todo lo creado, no sólo Señor de todo lo Creado, (Ef. 1, 3-10; Col. 1, 15-20; Jn. 1, 29-31; 1 Cor. 8).

 

Capítulo VI

ALGUNAS PREGUNTAS

  1. ¿Por qué Cristo siendo el primer concebido en la mente de Dios (hace 15,000 millones de años) aparece sólo hace 2,000 años?
  • Porque para Dios todo es presente. En Dios, lo que es primero en la intención es primero siempre, aunque venga más tarde en la ejecución. Como en una obra teatral, el protagonista puede aparecer después de muchos personajes secundarios, pero la obra fue pensada y organizada en Él, por Él y para Él; él fue el primer concebido en la mente del autor de la obra, él ha sido el primero siempre.
  • Porque sólo hace 2,000 años se encontró una mujer (María) capaz de decir un sí consciente y fiel.
  1. ¿Cómo poner en relación la salvación (=el plan de Dios de predestinarnos a la gloria) con la redención?
  • Es como un médico que ama (quiere hacer partícipe de sus bienes) a una familia. La visita para llevarle esos bienes; si encuentra al niño enfermo, primero cura al niño (lo rescata = redime = redención), para seguir la fiesta (salvación), el bien absoluto y definitivo.
  1. El pecado ¿Qué importancia tiene en la encarnación?
  • Ninguna, es un accidente, a tomar en serio, por cierto, pero un accidente, que podía no haber ocurrido y que no es el motivo de le encarnación.
  1. Si decimos que Dios no castiga porque su amor es infinito, incondicional y gratuito, ¿No hay peligro que los “malos” aumenten?
  • No, si entienden que el castigo por las malas obras existe, sólo enfatizar que no viene de Dios sino del uso desordenado del libre albedrío, y el fruto es el sufrimiento y la muerte.
  1. ¿Por qué hasta ahora llegan a nosotros estas cosas?
  • Porque el lenguaje del A.T. remachaba la imagen de un Dios castigador porque faltaba el concepto de “causa segunda”. Todo lo hacía Dios, lo bueno y lo “malo”. La causa segunda es la libertad humana.
  • La revelación habla con lenguaje simbólico y se entiende progresivamente (J.P. II 28.07.99); (Jn. 16,12-15; Es vino nuevo Lc. 5,37-38).
  • El camino lento de la historia y del conocimiento de la humanidad, que se va abriendo poco a poco a nuevas comprensiones, como hace un niño al cual se le va hablando según su capacidad de comprensión… y hay que irle cambiando el lenguaje. El Espíritu Santo va revelando conceptos nuevos para una más profunda comprensión del dato revelado (Jn. 16,12).
  • El interés de los poderosos (la conveniencia de muchos miembros de la jerarquía también), para mantener a los pobres en la ignorancia del Dios liberador.
  • Pereza e indiferencia del clero para ponerse al día… y siguen repitiendo lo de siempre; además el terrorismo peligroso le da poder y privilegios.
  • Por culpa también de todos los “buenos”, que aceptan pasivamente las prédicas.
  • Se puso un título equivocado a la parábola del hijo pródigo, (Lc. 15, 11-32). En lugar del protagonista (Dios bondadoso que llama a ser fiesta por el hijo recuperado), se prefiere enfatizar la conversión del hijo: así, lo hicieron los predicadores durante dos mil años; escondiendo la verdadera imagen que Jesús dio del Padre (no castigador, no vengador… no inventor del infierno, etc.).

 

CONCLUYENDO EN ESTILO EVANGÉLICO

¡En principio fue la Encarnación de Jesucristo!  Y la encarnación de Jesucristo fue la vida plena de todos los seres humanos; vida vivificadora y re-sanadora (cuándo y cómo fuera necesaria).  Porque en principio fue la pre-destinación de Jesucristo a la gracia y a la gloria y, en Él, por Él y para Él, la pre-destinación de todos nosotros a la gracia y a la gloria.

Por todas las razones del mundo, Jesucristo es el centro de la humanidad, de la historia, del cosmos y de cada uno de nosotros. 

A Él nuestra acción de gracias, nuestras alabanzas y, por medio de Él, gloria a la Santísima Trinidad.  Amén, aleluya.

 

  

PEREGRINACIÓN A LA TEOLOGÍA DE

LA NUEVA VISIÓN DE LA ENCARNACIÓN

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Cuadro introductorio

Cristo ¿habría venido aun cuando el hombre no hubiese pecado?

La respuesta tradicional es la siguiente: Cristo vino al mundo, para salvarnos del pecado.  Dios creó al hombre para que viviera en plenitud pero el hombre desobedeció y el pecado entró al mundo.  Dios Padre viendo el pecado, mandó a su hijo para que con su sacrificio en la cruz nos salvara del pecado.  Ahora bien, si el hombre no hubiera pecado ¿Cristo habría venido ciertamente?

Había un médico que era muy amigo de una familia que vivía en las montañas y decidió ir a visitarlos, pues realmente amaba a los miembros de esta familia, y deseaba llevarles varios regalos que les había comprado desde hacía mucho tiempo.  Esta familia tenía varios hijos, el menor estaba enfermo.  Cuando el médico llegó, cargado de regalos, se dio cuenta de que el niño estaba enfermo.  ¿Qué creen que hizo el médico al llegar?  Sí, lo primero que hizo fue curar al niño, pues le dolía ver el dolor no sólo del niño sino de los padres.  Ahora bien, ¿cuál fue la razón de su visita, el amor que les tenía a los miembros de la familia o la enfermedad del niño?  Por supuesto que el motivo fue el amor.  Quiere decir que sí el niño no hubiera estado enfermo, de todos modos él ya tenía pensado ir a visitarlos y llevarles los regalos.

Muchas veces se nos dijo que Cristo vino a causa del pecado, pero sí así fuera tendríamos que decir: “¡Bendito pecado!”  Pues gracias al pecado habríamos conocido a Cristo.  Si el hombre no hubiera pecado no habríamos tenido la dicha de que Dios mismo se encarnara y se hiciera hombre.  ¿Será esto lógico?  No, ¿verdad?

El Beato Fray Juan Duns Escoto respondió diferentemente a la pregunta del catecismo “por qué vino Cristo al mundo”; él dijo: “Jesucristo vino al mundo porque Él es Rey del mundo, por naturaleza.  Él fue el primero en ser pensado por Dios dentro del plan de la creación y de la salvación (cfr. Ef. 1, 4 y Col. 1, 15), en Él, por El y para Él todo ha sido creado.  Ejemplo: En una obra de teatro el protagonista no sale desde la primera escena, aun cuando la obra gira en torno al mismo; muchas veces pasan varias escenas sin que Él aparezca, sin embargo, todas las escenas van preparando la aparición del protagonista.

El Beato Duns Escoto dijo que no fue el pecado lo que causó la venida de Cristo, sino el inmenso amor de Dios Trino y Uno, quien tomó la iniciativa desde antes de la creación de las criaturas.  Esta teología no niega que Jesús nos haya socorrido, salvándonos del mal, sino lo que sostiene es que: la decisión de Dios de que Jesucristo viniera al mundo no fue motivada por el pecado, sino por su amor originario e incondicional por nosotros.

Vamos a hacer un recorrido peregrinando por esta teología de la “nueva visión de la encarnación” para ir contemplando, valorando, transformando y alabando el Don del Amor.

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Cuadro I

Cristo primogénito de toda criatura habría venido aunque el ser humano no hubiese pecado

(Ef. 1, 4 – Col. 1, 15)

 

 

Contemplamos en este cuadro el Amor que Dios nos tiene:

(escuchamos el canto)

Si supieras cómo te amo, si supieras cómo te busco, dejarías de mendigar cualquier amor; si supieras cómo te amo, si supieras como te busco dejarías que te hablara al corazón, si supieras como te amo, si supieras como te busco, escucharías más mi voz.

La decisión de que Cristo viniera al mundo no fue motivada por el pecado sino por el amor de Dios, originario e incondicional por nosotros, pues Él quiere para nosotros vida en abundancia.

En un momento de silencio, valoremos ese amor infinito que significó la encarnación, y reconozcamos que nosotros le pagamos tan mal, por eso hoy en día el amor aún no es amado.  Pensemos en esos momentos de la vida de cada uno de nosotros en los cuales, en vez de reconocer su amor, le hemos reclamado los sufrimientos que padecemos, ciertamente no por su culpa.

Pidamos su Espíritu para cambiar todas aquellas actitudes que nos separan del amor de Cristo y no buscar ya más los “quereres” humanos indebidos sino tan sólo buscar el amor de Dios.

Gracias mi Dios, por ese amor que in darme cuenta me ha sostenido.  Ayúdame a descubrir día a día tu amor, pues sólo hasta encontrarlo mi alma estará en paz.

Cantemos

Te alabo Señor, por tantas maravillas que me hablan de ti; te alabo Señor, por tantas alegrías que me has hecho sentir.  Te alabo Señor, por este amanecer que me ha llenado de paz; te alabo Señor, en ti descubro mi libertad.

Me has dado Señor, el don de tu llamada que me invita a seguir; me has dado Señor, que viva mi respuesta pronunciando un sí; me pides Señor, mirar hacia delante confiando en tu amor, aquí estoy Señor, dispón y haz lo que quieras de mí.

 

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Cuadro II

Todos y cada uno hemos sido

creados Sobre el modelo de Cristo

(Mt. 25, 32)

Contemplamos en esta fotografía imágenes de muchas personas de diferente edad, condición social y raza; en todas ellas debemos ver el rostro de Cristo.  Ahora veamos por un momento a los(a) hermanos(a) que nos acompañan, ellos(a) también son imagen de Cristo, así mismo, veámonos a nosotros mismos también como imagen de Cristo.  Ahora, para finalizar, cerremos nuestros ojos por un momento y pensemos en aquella persona que más detestamos porque nos hizo algún mal, a nosotros o a los que queremos, y reconozcamos que esa persona es también imagen de Cristo.

Valoremos la belleza que Dios creó en cada uno de nosotros, pues Dios tiene un sueño para cada uno y veamos como esa belleza se refleja en cada uno de los dones concedidos; estos dones nos equipan para la misión específica que Dios nos ha dado, siendo ésta una misión de amor.  En un momento de silencio pensemos cuáles son esos dones con los cuales hemos sido equipados y preguntémonos si los estamos poniendo al servicio del reino.

Dios me hizo a su imagen y semejanza y me concedió dones equipándome para la misión por él encomendada, por eso es necesario transformar todas aquellas actitudes que me desvían de este camino.  Dispongámonos pues a ponernos en las manos amorosas de Dios.

Gracias Señor, por darme el don de la vida y todo lo que la adorna.  Ayúdame para poner todos los dones que tú me has concedido al servicio del reino y cumplir plenamente con la misión que tú me has encomendado, por Cristo Nuestro Señor. Amén. 

Cantemos

Hoy Señor, te damos gracias, por la vida la tierra y el sol, hoy Señor queremos cantar las grandezas de tu amor.

Gracias Padre, Tu vida es mi vida; tus manos amasan mi barro, mi alma es tu aliento divino, tu sonrisa en mis ojos está.

Te damos gracias, Señor.

Gracias Padre, porque me hiciste a tu imagen, y quieres que siga tu ejemplo, llevando la paz a mi hermano, construyendo un mundo de paz.

Te damos gracias, Señor.

 

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Cuadro III

Hubo el accidente del pecado…

que sigue todavía

Veamos cuál es la situación actual del pecado, en Guatemala estamos rodeados de violencia, muerte, injusticia, hambre, desesperación, egoísmo, ambición, explotación.  Jesucristo vino para ser nuestro modelo y camino hacia la casa del Padre; y viéndonos afligidos por el accidente del pecado, ¡con cuanto amor y ternura buscó a las ovejas perdidas y las sanó de las heridas del pecado, tomándolas en sus brazos, para darles vida en plenitud!

Valoremos ese amor de Dios que no toma en cuenta nuestros pecados y nos llama constantemente, pues lo único que desea para cada uno de nosotros es la vida plena, para lo cual nos creó.  Pero, no podemos esperar a que Él lo haga todo; el sufrimiento vino al mundo como consecuencia del pecado, por lo tanto para que éste termine, debe cambiar la conducta de cada hombre y cada mujer.  Cristo nos fortalece y nos da la forma como rectificar el camino que un día nosotros mismos desviamos; en eso consiste la conversión: en rectificar el camino.  Preguntémonos ¿Qué es lo que yo debo cambiar en mi vida, para rectificar el camino y así poder alcanzar la meta sublime para la cual Dios me creó y ayudar a los demás?

Dispongámonos a transformar nuestra vida, dejando aquel pecado personal que nos aparta del amor de Dios, y ayudemos en esta forma a erradicar el pecado social, denunciando las injusticias; anunciando el Reino de Dios y consolando a los que sufren; ayudando a crear condiciones dignas de vida para todos sin distinción alguna.

Digamos todos: Te alabo y te bendigo por siempre, pues por tu gran amor, pronto olvidas nuestros pecados y nos llenas de tu amor; sana nuestras heridas, para que seamos felices teniendo vida en abundancia.

Cantemos

Cristo te necesita para amar, para amar, Cristo te necesita para amar (2)

No te importe la raza ni el color de la piel, ama a todos y como hermano haz el bien (2)

Al amigo y al hermano dale amor, dale amor, al que no te salude dale amor (2)

No te importe la raza ni el color de la piel, ama a todos y como hermano haz el bien (2)

 

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Cuadro IV

Cristo nació en el tiempo

y se hizo guía hacia el

Padre todoamoroso

Hagamos una lluvia de nombres de Santos.  Estos Santos al igual que la Virgen María, desde una vida de entrega, se dejaron guiar por nuestro Señor Jesucristo; ellos cumplieron su misión y de esta forma tuvieron una vida plena y dieron gloria al nombre de Dios, aun en medio del pecado; pues donde abundó el pecado sobreabundó la gracia, ya que por la gracia de Dios todos nacimos para ser santos, alcanzando a participar de la divina naturaleza.

Dios nos ama y confía en nosotros.  Sí, Dios nos formó para ser santos, o sea: participes de su divina naturaleza; la única forma de corresponderle es poniéndonos en sus manos, para ser conducidos por el camino de la Santidad.  En un momento de silencio, igual que el joven del Evangelio, preguntémosle: ¿Señor, y a mí que me falta?

Debemos transformar esta vida de pecado en una vida de gracia, haciendo vida el Evangelio, Dios nos dio una vida para vivirla en Santidad y si nosotros hemos torcido el camino que Dios mismo nos trazó, debemos enderezarlo; sólo así cumpliremos la voluntad de Dios, que siempre es voluntad de amor.

Gracias Señor, porque no nos pagas según nuestras culpas sino que, al contrario, no te cansas de esperarnos.  Por tu infinita misericordia, con paciencia esperas nuestro regreso y con cuánto amor nos curas y nos llevas al Padre; gracias te damos Señor.  Padre Nuestro.

Cantemos, buscando el absoluto como San Francisco y Santa Clara

Como el arroyo busca la mar, busco yo en mi inquietud; todo mi ser ansía volar, busco tu plenitud (2)

Suenan dos voces como un cantar en mi corazón: mira hacia el cielo, Dios es tu hogar, Clara y Francisco son (2)

Buscan los hombres en su dolor fuentes de juventud, yo sólo tengo sed de tu amor, busco tu plenitud (2)

Suenan dos voces como un cantar…

Tú lo eres todo, eres el bien eres el sumo bien, eres paciencia, eres quietud, eres mi plenitud (2)

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Cuadro V

 Amó a todos, pero su opción preferencial

 fue por los pobres(CELAM 1999)

Traigamos a nuestra memoria alguna calle de un barrio marginado.

¡Cuánta pobreza e injusticia hay en el mundo!  Debido a la ambición y al egoísmo, son muchos los inocentes que día a día mueren por falta de alimento, techo, abrigo, salud y sobre todo por falta de amor.  Estas son las víctimas del pecado social, pues la ambición ciega a muchos, que explotan sin misericordia a los más débiles; cada día hay más pobres y excluidos; esta sociedad consumista valora sólo al que tiene o al que consume.

Ante esta realidad, Jesús mismo toma una opción preferencial por los pobres; pues debe dar prioridad al que encontró más enfermo y sufriendo.  La ternura de Dios para sus más pequeños hijos es infinita.  Debemos valorar ese amor por el cual Dios jamás nos abandona; pero, si Dios es tan amoroso con los que sufren, preguntémonos: y nosotros ¿Qué actitud tenemos con los desposeídos, marginados y explotados?  ¿Soy indiferente ante el dolor de los demás?  Y si doy limosna ¿Sólo lo hago para callar mi conciencia, sin mejorar de alguna forma sus condiciones de vida?

Debemos transformar nuestras actitudes egoístas por actitudes de amor, pues sólo cuando seamos capaces de darnos a los demás sin esperar nada a cambio, estaremos viviendo realmente el Evangelio.

Señor Jesucristo, Tú me has consolado en mis momentos de angustia y dolor, siempre estuviste a mi lado aun cuando yo no te sentía junto a mí; cuando me sentí solo y abandonado, Tú fuiste ese bálsamo que sanó mi corazón herido; yo quiero corresponder a tu amor tomando una opción preferencial por los que sufren, ayudando a crear condiciones de vida dignas para todo.  Ayúdame para que el dolor no me sea indiferente.

Cantemos

¡Con nosotros está y no lo conocemos!

Con nosotros está y no le conocemos, con nosotros está, su nombre es el Señor (2)

Su nombre es el Señor y pasa hambre y clama por la boca del hambriento, y muchos que lo ven pasan de largo, acaso por llegar temprano al templo.

Su nombre es el Señor y sed soporta y está en quien de justicia va sediento y muchos que lo ven pasan de largo, a veces ocupados en sus rezos.

(coro)

Su nombre es el Señor y está desnudo, la ausencia del amor hiela sus huesos, y muchos que lo ven pasan de largo, seguros y al calor de su dinero.

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Cuadro VI

Los humildes son la inspiración

para el camino eclesial

La beatificación de Monseñor Romero nos sumerge en un mar de paz y alegría.

Recordemos ahora a aquellos que al igual que Monseñor Romero, tomaron una opción por los pobres y dieron su propia vida por ellos; éstos son los que dejándolo todo han llegado hasta el martirio por fidelidad a Jesucristo y a los hermanos; ellos son la semilla de nuevos cristianos que obtuvieron la palma de la victoria a través del martirio, pues a causa de su opción fueron perseguidos, calumniados y muchas veces asesinados por los poderosos.  Y nosotros ¿Dónde nos ubicamos en esta trayectoria?

Estos son los verdaderos testigos del Reino: ellos son los que con su vida dan fe del amor de Dios, pues ya han sido juzgados en el amor y han salido victoriosos.  Cristo mismo nos dice: “Dichosos ustedes cuando por causa mía los maldigan, los persigan y les levanten toda clase de calumnias; alégrense y muéstrense contentos porque será grande la recompensa que recibirán en el cielo”.  Ahora, viendo estos testimonios, preguntémonos: ¿Creemos realmente que también nosotros deberíamos ser testigos del Reino hasta las últimas consecuencias?

Debemos transformar nuestras vidas haciéndonos pobres con los pobres para crear condiciones de vida dignas para todos, aun cuando esto signifique la persecución y la calumnia, pues de otra manera nos estamos engañando a nosotros mismos y el Señor nos pedirá cuentas de nuestros actos, pues al final de la vida seremos juzgados tan sólo en el amor.

Señor Jesucristo, te damos gracias por recordarnos que todo lo que hagamos a los más pequeños y pobres, lo hacemos a Ti; ayúdanos a no ser indiferentes con los que sufren y a no tener miedo de denunciar las injusticas que se cometen contra los más débiles, aun cuando esto signifique la persecución.

Cantemos

Antes que te formaras dentro del vientre de tu madre; antes que tú nacieras, te conocía y te consagré. Para ser mi profeta de las naciones yo te escogí, irás donde te envíe y lo que te mande proclamarás.

Tengo que gritar, tengo que arriesgar, hay de mí si no lo hago, ¿cómo escapar de ti? ¿cómo no hablar? ¡Sí tu voz me quema dentro! Tengo que andar, tengo que luchar, hay de mí si no lo hago ¿cómo escapar de ti? ¿cómo no hablar? Si tu voz me quema dentro.

No temas arriesgarte porque contigo yo estaré, no temas anunciarme porque en tu boca yo hablaré.  Te encargo hoy mi pueblo para arrancar y derribar, para edificar destruirás y plantarás.

Tengo que gritar…

Deja a tu hermano, deja a tu padre y a tu madre, abandona tu casa porque la tierra gritando está.  Nada traigas contigo porque a tu lado yo estaré.  Es hora de luchar porque mi pueblo sufriendo está.

 

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Cuadro VII

Ustedes lo mataron…

Pero Dios lo resucitó (Hch. 4, 10)

 

Hagamos una lluvia de mártires de América Latina.

Veamos a los Cristos de hoy en día en aquellos que sufren la persecución e incluso la muerte por ser justos, defender la vida y decir la verdad; la fidelidad al Evangelio puede costar la vida a los que se atreven a proclamarlo con radicalidad, pero Cristo venció a la muerte y su resurrección viene a ser el triunfo sobre la misma; por eso no debemos tener miedo a los que matan el cuerpo, tengamos miedo a la indiferencia y a la pasividad que mata el alma y nos separa de Cristo.

Dios Padre no planeó que Cristo muriera en la cruz; Cristo fue crucificado porque predicó el amor y anunció a los oprimidos la liberación, y ante esto, los que oprimían al pueblo lo mataron, en complicidad con los indiferentes.  Dios Padre toleró esto, más nunca abandonó en la muerte a su hijo, y como signo de que el amor vence la muerte, lo resucitó demostrando que dar la vida por el Reino tiene un gran sentido de salvación; pues desde entonces Cristo está resucitando en cada hombre o mujer que alza la voz para gritar la verdad, pues éstos son los signos de la resurrección plena que salva al mundo.  Valoremos el sacrificio de Cristo en la cruz, pero recordemos que no fue su muerte como tal que nos libró del pecado sino el amor por el cual se entregó hasta las últimas consecuencias.  Preguntémonos; y nosotros ¿Somos signos de resurrección al proclamar la vida? o ¿Somos signos de muerte con nuestra indiferencia o nuestro mal proceder?

¡Que seamos capaces de entregarnos de lleno a la hermosa y valiente tarea de construir el Reino de Dios! Sólo así el mundo será transformado en un mundo más justo, y más fraterno.

Gracias Señor, pues por tu sacrificio inmenso engendraste al hombre nuevo, trajiste vida en donde antes sólo había muerte; nos diste amor aun cuando nosotros te pagamos con indiferencia y rebeldía.  Nos pides que caminemos en santidad, amándonos los unos a los otros como Tú nos amas.  Ayúdanos Señor, pues sin Ti nada somos, enséñanos a amar como Tú amas; y a perdonar como Tú perdonas.

Cantemos

Padre Nuestro de los Mártires. ( o bien: Tu Reino es vida.  Tu Reino es verdad…  Justicia… Paz)

Padre Nuestro del pobre y del marginado; Padre Nuestro de mártires y torturados. Tu nombre es santificado en aquel que muere por defender la vida; tu nombre es glorificado cuando la justicia es nuestra medida. Tu reino es de libertad, de fraternidad, paz y comunión; Maldita toda violencia que devora al pueblo con la represión (2).

Hágase tu voluntad, eres el verdadero Dios libertador; no vamos a seguir doctrinas corrompidas por el poder del opresor.  Pedimos el pan de vida, pan de esperanza, el pan de los pobres; el pan que trae hermandad reconstruye al hombre en vez de cañones (2).

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Cuadro VIII

En Él, por Él y para Él

recibimos vida en plenitud

Hagamos una lluvia de personas que promueven y defiende los Derechos Humanos.

Contemplamos la majestuosa escena de Jesús que recibe sonriente a aquellas personas que fueron sus estrechos colaboradores en la construcción del Reino, Reino de amor, justicia, paz, verdad y vida.  Pasemos en reseña muchos de estos rostros, ellos son los que se dejan conducir por Dios en el camino a la Santidad.  Para poder seguir a Cristo en este camino, es necesario hacerse pobres no sólo de bienes sino de prestigio y protagonismo. Y no apropiarse de las obras que son de Dios.

Sepamos valorar a todos aquellos que se solidarizan con los más sufridos, permaneciendo fieles hasta arriesgar su propia vida, como lo hizo Jesús.  Alegrémonos, pues este gozo de plenitud en Cristo está a nuestro alcance; no tengamos miedo de dejarnos encontrar por Cristo y ser fieles al Evangelio.

¿Estamos prestos a transformar en generosidad y valentía todo nuestro egoísmo, nuestra pereza y nuestra cobardía? Ciertamente el mundo será transformado por el Espíritu de Jesús, pero ¿Nosotros, que? ¿Nos quedaremos de brazos cruzados? ¡Al anochecer, seremos juzgados en el amor!

Cantemos

Danos un corazón grande para amar,

danos un corazón fuerte para luchar

Pueblos nuevos creadores de la historia,

constructores de nueva humanidad

Pueblos nuevos que viven la existencia

como riesgo de un largo caminar

Danos un corazón…

Pueblos nuevos luchando en esperanzas,

caminantes sedientos de verdad

Pueblos nuevos sin frenos ni cadenas,

pueblos libres que exigen libertad

Danos un corazón…

Pueblos nuevos amando sin fronteras,

por encima de razas y lugar

Pueblos nuevos al lado de los pobres,

compartiendo con ellos techo y pan

Danos un corazón…

Nota:  Este peregrinaje orante por la teología del Primado de cristo ha sido pensado por el corazón de Ana María Olmedo, OFS

 

A MODO DE  RESUMEN

Un gran velo cubre nuestros ojos y vemos el rostro de Dios Padre todo borroso.  Es el velo del temor.  El velo del Antiguo Testamento, leído y expresado por una cultura judía, con grandes limitaciones literarias, filosóficas y teológicas.  Jesús, con su comportamiento y con la parábola del hijo pródigo (mejor sería llamarla “del Padre amoroso”), revolucionó esa visión de Dios enseñando que Dios es amor y sólo amor (1 Jn. 4,8).

Dios es sólo vida.  Donde hay muerte, Dios, que es el Dios de la vida, se hace presente no como causa sino como médico y consolador.  La muerte física, psíquica y espiritual, parcial o total, ocurre cuando el ser humano rechaza al Maestro que previene y al Médico que cura.  Es como cuando uno se muere de frio, no porque no hay fuego o porque éste no quiera dar calor, sino porque uno se alejó y se escondió del fuego, del sol.

¿Qué imágenes tenemos de Dios? ¡Imágenes caricaturescas! Las de un Dios antojadizo, castigador, vengador.  Nosotros, los adultos, hasta tenemos el descaro de transmitir estas imágenes a los niños.  Les decimos que si no obedecen al papá o a la mamá, Dios los va a castigar; que si no van a misa, Dios los castiga.  En realidad, estamos haciendo el papel del demonio, desacreditando al verdadero Dios.

Hemos proyectado en Dios las imágenes negativas de algunos padres de familia y algunos eclesiásticos también, que a menudo son… padrastros.  No pudiendo, o no queriendo mejorar nuestra paternidad, nos hemos querido convencer de que Dios tiene nuestros mismos defectos y así lo transmitimos de generación en generación.  De este incalificable mecanismo de defensa y de evasión, los más responsables somos nosotros, hombres y mujeres de Iglesia.

Nuestra ignorancia sobre la verdadera imagen de Dios no es libre de culpa, porque nuestra ignorancia cuando no es pereza, está inspirada en la salvaguarda y el reforzamiento de nuestros poderes y privilegios.  De manera que, siendo nosotros tiranos, hemos predicado a un Dios tirano para complacer a los “tiranos”, los cuales a menudo fueron y son nuestros amigos y “bienhechores”.  Afortunadamente, algo empieza a cambiar dentro de la Iglesia a este respecto, como hemos visto en el capítulo IV.

 

OTRA TEOLOGÍA

 Las teologías son reflexiones e interpretaciones de la verdad cristiana.  Pueden ser muy distintas aunque guarden la ortodoxia.  Es como decir que reflejan la misma verdad pero iluminando y profundizando facetas diferentes.

La teología que conocemos y manejamos a nivel de las universidades pontificias y de predicación popular, sigue siendo la tradicional.  Esta teología ha hecho un servicio valioso al caminar del pueblo de Dios.  Sin embargo, como toda actividad humana, tiene sus limitaciones.  Una de sus grandes limitaciones es la de sugerir una visión pecado-céntrica del cristianismo.  En el centro del plan de la salvación está el pecado; éste es casi el protagonista, hasta tal punto que si se quitara el pecado, no habría plan de salvación y Jesucristo no habría venido a estar con nosotros.  Pero esta concepción pecado-céntrica generó la visión del castigo y del temor.  No hay necesidad de detenernos en este punto, pues ejemplos hay muchos.  Ahora bien, la cultura actual ya no entiende tal visión.

 

TEOLOGÍA FRANCISCANA

Nació al mismo tiempo que la tradicional pero tuvo menos suerte, si bien sobrevivió hasta hoy.  Esta es Cristo-céntrica.  Sostiene que Jesucristo habría venido a estar con nosotros aunque no hubiese habido pecado, porque Él es “el primero en todo” (cfr. Col. 1, 15).  Esta teología se llama “EL PRIMADO DE CRISTO “, del franciscano escoces el Beato Fray Duns Escoto, de 1300.

La motivación es interesante: Jesucristo habría venido porque Dios es amor y sólo el amor es el estímulo de sus decisiones.  Un amor libre de cualquier condicionamiento, sobre todo del condicionamiento del pecado, en Dios no existe necesidad, sólo ¡libertad de amar!

Es como si un médico visitara a sus amigos solamente cuando ellos están enfermos.  Un médico visita a sus amigos por amor, porque son sus amigos; siendo lógico que si, al visitarlos, encuentra alguno enfermo, lo primero que hace es curarlo, con el fin de que todos puedan disfrutar de su visita y de los regalos que trajo.

La segunda persona de la Trinidad se habría encarnado prescindiendo de si el ser humano hubiese o no pecado.  Fundamentos bíblicos para esta visión teológica hay muchos, aquí algunas citas:

“En Cristo, Dios nos eligió antes de crear el mundo” (Ef. 1, 4).

“Todo fue creado por Él y para Él; Él existe con anterioridad a todo, y todo tiene en Él su consistencia” (Col. 1, 15-17; Hebr. 9, 26; Jn. 1, 1ss, etc.).

 

NUEVOS TIEMPOS

La revelación de la venida del Mesías, en el Antiguo Testamento, fue progresiva.  También la comprensión del Mesías en la historia es progresiva, y los signos de los tiempos, interpretados con la garantía del Magisterio, así como el avance en las varias ciencias marcan el paso de esta comprensión.

La segunda guerra mundial y el Concilio Vaticano II, cada acontecimiento a su modo, marcaron el nacimiento de una nueva época histórica, y por ende, de una nueva cultura, un nuevo modo de percibir la realidad de este mundo y, por eso mismo, un nuevo paradigma existencial.  Se han intensificado las comunicaciones a nivel mundial.  Sobre todo, se han cambiado las relaciones humanas.  Una característica sobresaliente de éstas es la profunda conciencia del respeto que se debe a todo ser humano.

Es cierto que estamos todavía en pañales, sin embargo, lo poco alcanzado ya ha revolucionado, en sentido positivo, la relación de autoridad.  En pedagogía, los maestros no pueden dar maltratos a los alumnos, ni los padres a los hijos.  En la política, las autoridades civiles o militares deben respetar los derechos humanos de los súbditos.  El caso Pinochet es muy iluminador.  Incluso en la vida religiosa, las relaciones entre superiores y súbditos se han transformado en relaciones de hermanos iguales en dignidad.

Este cambio se puede resumir como el paso de una cultura de temor a una cultura de amor.  La cultura del temor y de la represión debe dejar lugar a la formación de la conciencia y al respeto absoluto ante el misterio de cada ser humano.  La coerción ¡que quede sólo para casos reducidos y por legítima defensa!

No es extraño ni atrevido decir que esta evolución de la humanidad ha traído la “evolución en la en nuestra percepción de la imagen del Padre”.  Jesús, imagen visible del Padre invisible (a Felipe: “el que me ha visto a mí, ha visto al Padre, Jn. 8, 14), nos revela en la parábola del hijo prodigo a un Dios de respeto, de amor y vida, porque en la mente de ese Padre no hay rechazo siquiera, mucho menos castigo o venganza.

 

CONCLUSIÓN

Cuando, ante un niño atropellado y gravemente herido, la mamá vuelve los ojos al cielo, exclamando: “hágase, Señor tu voluntad”, sobreentendiendo que la voluntad de Dios es que el niño muera, muy piadosa puede ser esta madre, pero en realidad también está muy equivocada, y es víctima de la vieja mentalidad que atribuía a Dios lo malo que nos ocurre.

 

¿Qué haremos entonces? ¿Nos abandonaremos al pecado? Pues, si Dios no castiga ¿Para qué luchar por observar los mandamientos?  Si éste fuera nuestro razonamiento conclusivo, demostraríamos no haber entendido lo dicho.  Habríamos abandonado la ley del temor pero demostraríamos no creer en el amor de Dios.  ¡Quedaríamos en la muerte! Porque no hacerle caso al Dios de la vida, es morir.  Porque la verdad es que la muerte no viene de Dios, sino de las decisiones equivocadas de nuestra voluntad, cuando no queremos seguir los consejos de amor y de vida que son los diez mandamientos.  Pecar sigue significando morir, también en ésta nueva teología; la diferencia entre ésta y la teología tradicional de la muerte, es que toda muerte debe atribuirse al ser humano, nunca a Dios (cfr. J.P. II, Mensaje por la jornada de la paz, 01.01.2005).

Conclusión acertada es que nuestra vida sea un anhelo constante para “crecer a la estatura de Cristo” (Ef. 4, 13).  Pues, es lo que da gloria al Padre y hace crecer nuestra vida como una palmera junto al río (cfr. Sal. 92, 14), porque Él da la vida en abundancia (cfr. Jn. 10, 10).  Finalmente, conclusión acertada es que el pozo de nuestra esperanza sea siempre rebosante, porque Jesucristo es nuestra vid, antes de que nosotros fuéramos sus sarmientos, y ha resucitado para nunca más morir, y el amor del Padre es eterno.

 

Fray Mauro Iacomelli, ofm

www.fraymauro.com

maurelivit@gmail.com

 

 

 

 BIBLIOGRAFÍA

  • Papa Pablo VI, carta “Alma parens”, 16.07.1966.
  • Papa Juan Pablo II, discurso a los frailes de la Comisión escotista, 01.04.2002.
  • Papa Benedicto XVI, audiencia general del miércoles, 07.07.2010.
  • Fray Jorge Peixotto, ofm conv., Seraphicum, Roma 2005.
  • Curso de Fray Sanchís ofm, Seminario de Cristo Rey, Guatemala 2010.
  • Conferencia de Ministros Generales “Genialidad y audacia del Beato Fray Juan Duns Escoto”, 08.11.2008.
  • Padre Ignacio Urilla Soria, conferencia sobre “El pensamiento de Fray Juan Duns Escoto”, publicada en la Revista Teológica Limense, 05.08.2008.
  • Manual de Teología franciscana, BAC, Madrid 2003, pp. 173.
  • Seamus Mulholland, ofm, “A gasp of love”, 2011.

 

 

FOLLETO 4

 

DESTELLOS NUEVOS DE ESPIRITUALIDAD

 

(EL ESPIRITU SANTO SIGUE HACIENDO NUEVAS LAS COSAS)

 

 

DESTELLOS NUEVOS DE ESPIRITUALIDAD

(El Espíritu Santo sigue haciendo nuevas las cosas)

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Ilustración: Fray Roberto Carlos Gutiérrez Montoya, ofm

La espiritualidad es la coincidencia concreta y constante del espíritu humano con el Espíritu Santo. Todo hombre y toda mujer pueden establecer esta coincidencia con su libertad, abriéndose al Espíritu. El ser humano quiere responderle a Dios que invita a “cenar con Él”.

Para nosotros los cristianos, la espiritualidad es una persona, la persona de Cristo, cuyas actitudes queremos adquirir y a cuya estatura queremos crecer. La espiritualidad es experiencia mística de Dios, camino ascético y servicio apostólico, las tres cosas.

Toda época y cultura tienen su espiritualidad, es decir: su manera peculiar de responderle al Espíritu Santo y de seguir a la persona de Cristo. Estamos entrando a una nueva época y una nueva cultura; la época pos-moderna y la cultura tecnológica-digital. Se impone forjar una nueva espiritualidad.

Sin embargo, en este proceso no estamos desprovistos de todo, esta espiritualidad nueva tiene ya algunas luces, como las siguientes:

  1. La santidad se da en una síntesis de virtudes sociales y moral personal; “Santidad que exige el cultivo tanto de las virtudes sociales como de la moral personal” (Puebla, 252).
  1. El magisterio señala que, hoy, la defensa de la justicia social y de los derechos humanos hacen parte integral de la evangelización y, por tanto, de la espiritualidad.
  1. Una luz especial para la espiritualidad viene de la lectura de los “signos de los tiempos”; acontecimientos “imprevistos” y “repentinos” que revelan la presencia del reinado de Dios avanzando.
  1. El mismo Magisterio nos anima a actuar según una espiritualidad de amor y no de temor; así como a purificar la imagen que tenemos de Dios, en favor de un Dios que es sólo amor; “su nombre es Misericordia” (Papa Francisco).
  1. Espiritualidad liberadora y comunitaria.
  1. Incluso, se nos invita a una sana desacralización, no atribuyendo a Dios lo que corresponde a los seres humanos, por ejemplo: las desgracias, consideradas como castigo de Dios, siendo en realidad, consecuencias naturales, lógicas y directas de las decisiones equivocadas de los seres humanos (cfr. Catequesis de San J.P.II, 28. 7. 1999).

Ciertamente, hay otros rasgos positivos con que la espiritualidad cristiana entra a la nueva época histórica. Existe también el otro lado de la medalla: las grandes dificultades que nos hacen difícil seguir a Cristo y coincidir con el Espíritu Santo, hoy. Hago alusión a algunas: el peso esclavizador del dinero se ha hecho insoportable; y los métodos para acrecentarlo tienen olor a azufre; la privatización, la globalización, la desregulación del mercado, los monopolios están rastreando del bolsillo de los pobres hasta los últimos centavos. Los príncipes del dinero han logrado tomar las riendas de la economía mundial; de la tecnología, de la ideología y de la política, del deporte y, a través del consumismo, también del mundo de los valores, reemplazando con falsos valores los auténticos. La consecuencia es la muerte de los pobres y el desaliento de quienes quieren solidarizarse con ellos.

Pero, mucho más grave para nosotros es que la misma gente de Iglesia sea presa de esta rapiña de valores morales y espirituales; que los(as) mismos(as) consagrados(as) estén quedando vacíos de espiritualidad, de significado y visibilidad para una humanidad que necesita de profecía con urgencia. Entonces, todos somos presa del cansancio y del desaliento, como los Apóstoles después de haber bregado toda la noche sin haber pescado nada; como los discípulos de Emaús, frustrados de tanta esperanza puesta en Jesús de Nazareth.

Con todo, nuestra fe y esperanza teológicas no deben vacilar; después de dos mil años de experiencia humana y cristiana, debemos de haber aprendido a juzgar la realidad, no en clave de patética moral sino de estimativa moral. La primera consiste en hacer caso a la sensación que todo se viene abajo, el mundo de los valores se desmorona (“laudator  temporis  acti”) por el hecho de que vemos debilitarse algunos valores sobresalientes de nuestra época. La estimativa moral, en cambio, considera que esencialmente no se está dando tal desmoronamiento de valores sino un reacomodamiento de valores. De esa cuenta, hay que reconocer que esta nueva época histórica que llamamos pos-moderna posee valores nuevos que, junto a los pasados, serán las nuevas ruedas sobre las cuales seguirá avanzando la historia y, en ella, el Reinado de Dios. He aquí algunos valores nuevos: los premios Nobel de la paz, la solidaridad internacional, el Tribunal Penal Internacional, el retroceso de la pena de muerte, la resistencia de los pobres y, no último en importancia, una mayor presencia y valoración de la mujer. Juzgando en clave de estimativa moral, lo que está ocurriendo ante nuestros ojos, no es el desmoronamiento de los valores fundamentales, ni, mucho menos, del evangelio; lo que está ocurriendo es un nuevo paso de la humanidad: una época cultural e histórica que se agota (creando un clima de caos), dejando paso a una nueva época que de la precedente recoge las semillas mejores, las que llevarán a producir nuevos y más abundantes frutos de vida. La Historia y el evangelio crecen en espiral. Es el proceso del grano de trigo que muriendo produce una espiga; más directamente: es el proceso de la levadura evangélica que, a través de la Iglesia y el soplo del Espíritu Santo, acabará con fermentar la cultura de la nueva época. No cabe, pues, creer que esta nueva época con sus nuevos paradigmas es mala y que el evangelio ha perdido la batalla. La fuerza del evangelio permanece intacta y espera que colaboremos con ella para penetrar en la nueva masa y hacer avanzar el reinado de Dios.

Es cuando entendemos mejor que la espiritualidad es la verdadera cuestión de nuestros tiempos (Carl Rhaner). Los autores del Nuevo Diccionario Bíblico de Espiritualidad, introducen su trabajo con las siguientes palabras: “El hombre actual no se resigna a una vida cerrada en el tiempo, sin horizontes y sin esperanza. Se siente empujado a optar por la espiritualidad, ya que le amenaza un dilema: o espiritualidad como actitud orientadora, decisiva y unificadora, o vida mediocre, reducida a una cadena superficial de acciones desprovistas de significado definitivo. O espiritualidad, cual religiosa escucha del Espíritu que habita en el hombre, o confinamiento en el universo material y en el torbellino de la tecnología sin alma de una sociedad consumista. O espiritualidad como encuentro vivo con Cristo, fuente de libertad, comunión y vida terrenal y eterna, o condena al absurdo y a la desesperación”.

Ahora bien, para orientarnos hacia la espiritualidad ¿Qué tenemos que hacer? ¿Cuáles valores ayudamos a pasar a la nueva época y cuáles hay que dejar caer como obsoletos? Esta es cuestión más compleja; en este folleto, nos limitamos a señalar nuevos destellos de espiritualidad, conscientes que el cambio es causado por el conocimiento progresivo de Dios, y al mismo tiempo lo favorece, acelerando el paso de la Historia de la salvación.

CAMBIO DE EPOCAS

Tiempo eje de las épocas religiosas: cuando nacieron las grandes religiones: 800–200 a. C.

1ª Época. Desde 800 a. C. hasta 200 a. C.——– De la conciencia mítica (que rodeaba lo religioso de una aureola mágica, de ficción alegórica) se pasa a la conciencia reflexiva.  De la conciencia arcaica, cósmica, a otra en la que va adquiriendo gradualmente preponderancia la condición reflexiva, abstractiva, objetivadora (ciertos elementos de este paso han predominado hasta la actualidad). El paso de una conciencia grupal, a otra en la que emerge la identidad personal individual. El nacimiento de las grandes religiones que buscan una salvación personal: Confucio en China; Buda en India; Zaratustra en Persia; los grandes profetas en Israel; los presocráticos, Sócrates y Platón, los poetas en la Grecia clásica.

2ª Época. Desde 200 a. C. hasta 1600 d. C.——– De la conciencia reflexiva se pasa a la conciencia científica.

3ª Época. Desde 1600 d. C. hasta 2000 d. C.——– De la conciencia científica se pasa a la conciencia secularizada, desmitificada, globalizada.

4ª Época. A partir del 2000 d. C.: De la conciencia secularizada, desmitificada, globalizada se camina hacia una nueva conciencia (¿hacia una nueva y más profunda comprensión de Dios?).

¿Cuáles son las reacciones dentro de la Iglesia ante este último cambio (conciencia secularizada)? Los hechos desmitificadores y la secularización desestabilizan el sistema perfectamente organizado en el que una religión establecida consiste. Eso es difícil de asumir. Entonces, se comprenden ciertas reacciones. Cuatro son las reacciones principales:

  1. El atrincheramiento cognitivo (fundamentalismo): se hace cuadrado en torno a los principios, la búsqueda obsesiva de la propia identidad, y otras actitudes consecuentes, entre las cuales está el proselitismo agresivo.
  1. La rendición cognitiva: renuncia a los principios: relativismo, moda. En lógica con la rendición cognitiva, han inscrito sus programas movimientos mal llamados “progresistas” que, a fuerza de buscar relevancia social, han sacrificado a ella su identidad.
  1. El pasivismo: es la reacción más negativa. Son cosas que no interesan. No me molesten; ¡Cualquier cosa!
  1. La reacción positivamente dialogante, que es la evangélicamente debida y rica de perspectivas positivas.

Esta última reacción, positiva, conlleva:

  • La búsqueda de sentido religioso unitario. Ante la fragmentación de los varios sentidos parciales presentados por los medios de comunicación, el sentido unitario ES LA PERSONA DE CRISTO. Da unidad a todo lo que existe y nos sucede en la experiencia de la vida. Un sentido que neutralice la ansiedad destructiva de la desesperación por ver un mundo opaco e incomprensible. Dice el Documento de Aparecida, 41: “En Cristo Palabra, sabiduría de Dios (cfr. 1Cor. 1, 30), la cultura encuentra su centro y su profundidad, desde donde se puede mirar la realidad en el conjunto de todos sus factores, discerniéndolos a la luz del Evangelio, y dando a cada uno su sitio y su dimensión adecuada”. Cristo, con su presencia y manifestación, con su Palabra y obras, signos y milagros, sobre todo, con su muerte y gloriosa resurrección, con el envío del Espíritu de la Verdad, lleva a plenitud toda la Revelación, y la confirma con testimonio humano-divino, a saber: que Dios está con nosotros para liberarnos de la tiniebla del pecado y la muerte, y para hacernos resucitar a una vida eterna (cfr. Dei Verbum, 4. Vat. II).
  • La re-fundamentación en lo esencial, lo innegociable: Cristo, hombre y Dios, camino-verdad y vida, imagen visible de Dios invisible, plenitud de la Revelación de Dios a la humanidad, testimonio humilde y auténtico; universalidad de la salvación, sin exclusión, La Iglesia, garantía de estabilidad en la Verdad y en el amor.
  • Un nuevo paradigma teológico (marco unitario permanente de pensamiento); una nueva teología (=nueva interpretación del dogma; (¿teología escotista?). (Cfr. Vat. II, G S).
  • Una nueva espiritualidad: inclusiva, testimonial, dialogante, con valoración de la religión “atea” (parábola del buen samaritano); “res sacra homo” (=el ser humano es sagrado).

Nota: el contenido para este esquema ha sido tomado del librito “Metamorfosis de lo sagrado y futuro del cristianismo”, de Juan Martín Velasco. De: Cuadernos “Aquí y ahora”, Editorial Sal Terrae, 1998.

Siguen los temas en los cuales se percibe el soplo del Espíritu, para una renovación   teológico- moral.

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DIOS ES AMOR

Es el cambio más grande y más gozoso que la humanidad ha visto en esta nueva época. Hace apenas unos decenios, pesaba sobre nuestro corazón la imagen de un dios castigador, arbitrario, antojadizo. La humanidad ya percibe más profundamente la realidad de Dios, algo nuevo ha entrado en su corazón, y, siendo algo bueno, no puede venir sino de Dios. Ya algunas voces de la alta Jerarquía católica se han hecho portavoz de este importante cambio. En1999, año del Padre, en vista del año jubilar 2000, el CELAM (Consejo episcopal latino americano) envió un mensaje a los cristianos de sus pueblos. En el párrafo más significativo se lee lo siguiente: “Este año debe servir para espantar del alma humana esas caricaturas de Dios que tanto daño nos han hecho y siguen haciendo… la imagen de un dios castigador, justiciero, arbitrario, antojadizo…”. El mismo año, desde Roma, el Papa Juan Pablo II, hacía eco al CELAM diciendo que el infierno no lo hizo Dios, ni es Dios quien manda al infierno (cfr. Audiencia General del 28.07.1999). Eso significa que Dios tampoco hizo el “infierno” de las enfermedades o de la muerte (cfr. San J.P. II, Mensaje para la Jornada por la Paz del 01.01.2005). Dice el Apóstol Juan que Dios es amor (cfr. 1Jn. 4, 16-18). Él no es alguien que tiene amor sino alguien cuya naturaleza es amor, y no es otra cosa. Todo lo que hace sufrir y morir no viene de Él; solo lo bueno viene de Él, directa o indirectamente. Es amor de padre y madre, que no excluye a ninguno de sus hijos. Él ha enviado a su Hijo para que tengamos vida en abundancia (Jn. 10, 10); y quiere que todos se salven (1Tim. 2, 4); De paso hay que notar que, después del Concilio Vat. II, Pablo VI ha permitido que en la consagración del cáliz se sustituya el “muchos” por el “todos”; lo que parece una traducción más apropiada literaria y teológicamente: pues, en la voluntad de Jesús nadie estaba excluido. El amor incluye a todos y siempre; lo que sólo podría excluir sería el rechazo libre de la Verdad y del amor, por el libre albedrío; se puede dar la auto-exclusión de parte del ser humano, nunca la exclusión de parte de Dios. A este punto, la pregunta que muchos teólogos se hacen es: ¿Existirá alguien que quiera auto-excluirse? ¿No encontrará Dios, con su infinita ternura y sabiduría, una forma de seducir aun al más reacio? ¡No se puede no pensar en cómo el ladrón y asesino, crucificado junto a Jesús, superó su auto-exclusión de toda la vida! ¡Dios es grande y “su brazo no está amarrado” a ninguna forma que nosotros podamos controlar, ni siquiera está amarrado a los sacramentos o a la Iglesia visible. Su gracia y su amor van más allá de lo visible. Tú Señor, tomaste la iniciativa de crearnos y ponernos en el camino del cielo donde llegaremos a ser plenamente “partícipes de tu divina naturaleza”; nos ponemos en tus manos amorosas. ¿Cómo hemos podido concebirte tan mezquino, tan semejante a un ser humano, que se pone furioso si no se le hace caso, que se venga y descarga todo su poder sembrando llanto, gritos y muerte? “Tu omnipotencia es del todo diferente de nuestro concepto que tenemos de ella: tu omnipotencia se expresa sólo en el amor” (cfr. Audiencia general, 30.01.2013). ¡Gracias Señor, por ser muy diferente de cómo te imaginábamos! Tu Hijo Jesús hizo de todo para que comprendiéramos cómo realmente eres, contándonos la parábola del hijo pródigo, (que en realidad debería llamarse “del padre amoroso”), pero no la hemos comprendido a cabalidad.

Entendemos, Señor, que ¡la nobleza obliga! Si tú eres así de bueno, de misericordioso, nosotros tus hijos debemos reflejarte así ante todos nuestros hermanos y hermanas del mundo; con nuestro comportamiento, razonamiento y testimonio. Contribuiremos, Señor, a que tanta gente que se había alejado de ti por temor, regrese a tu casa paterna, arreglada a fiesta. También, queremos hacernos un corazón limpio y generoso para perdonar y bendecir a quien nos maldiga, y para perdonar setenta veces siete. Queremos dejar de mostrar una cara amargada y sin sonrisa, para que las personas que nos encuentren se sientan atraídas por el “perfume” de nuestra serenidad y acogida cordial, inspiradas por ti.

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LA MISERICORDIA DIVINA

El año 2016, es el año de la Misericordia, año jubilar; recibimos luces extraordinarias.

La misericordia, en la Sagrada Escritura, es una potencia especial del amor que prevalece sobre el pecado y la infidelidad del pueblo elegido. Es como el humus divino donde florece el perdón y la reconciliación de Dios con sus criaturas, la restauración de la alianza, la remisión de la culpa y de toda pena, nueva gracia y nueva vitalidad humana y divina.

Hay que distinguir entre justicia humana y justicia divina.

La primera es un acto de amor, pero tiende a ser simétrica, estrecha, igualitaria entre la ofensa y reparación (éste fue el punto de partida desafortunado del CUR DEUS HOMO de San Anselmo); a menudo incluso, en las personas menos cultivadas, se la confunde con la venganza.

La justicia divina, en cambio, es MISERICORDIA (en latín: miseri-cor-dare = dar el corazón al miserable, al vencido), la cual conlleva: comprensión, ternura y perdón hacia el débil ser humano; La misericordia es el amor infinito, incondicional, invencible y gratuito de Dios.

“El nombre de Dios es misericordia; la justicia de Dios es misericordia” (Papa Francisco).

En el A.T., la misericordia de Yavé es descrita con dos palabras: rahamim (= amor de entrañas, de madre) y hesed (=fidelidad a sí mismo, amor de padre). (cfr. Sal. 91;Is.49, 15; Jer. 31,3; Is. 54,10).

En la parábola del padre amoroso, el hijo menor regresa pensando en la justicia humana (simétrica, igualitaria, tanto cuanto…), en cambio, el padre actúa con la justicia divina, o sea: con misericordia: compasión, ternura y gratuidad (como una madre).

Así actúa Dios con nosotros: perdona nuestras “deudas”- pecados, gratis. Cristo, imagen visible del Dios invisible, perdona a sus asesinos y se lleva al paraíso, el mismo día, al ladrón y asesino, que acaba de mostrar apenas un pequeño signo de honestidad. (Cfr. La encíclica de J.P.II Dives in misericordia”). La salvación es producida por la misericordia no por la justicia al estilo humano. Nuestras obras buenas son signo de la gracia no causa, consecuencia no fuente. Jesús no ha pagado por nosotros, el Padre nos ha perdonado gratis (cfr. Mt. 20, 6 – 16).

Para nosotros, es imposible llegar a tu grado de amor, Señor, sólo te pedimos que nos podamos acercar lo más posible. ¡Danos un corazón tierno y compasivo y misericordioso! Que aprendamos a nunca ser duros con los hermanos (as), no importa el grado de sus ofensas o ingratitudes o maldades: ¡sentir eso incluso hacia los mareros, los yihadistas!

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EL PERDÓN DE ASÍS, O INDULGENCIA PLENARIA PARA LOS POBRES 

En este año, 2016, el Perdón de Asís cumple 800 años. En 1200, la indulgencia plenaria se podía obtener solamente viajando a Tierra Santa, a Roma, a Santiago de Compostela. San Francisco de Asís quiso obtener los mismos privilegios de los santuarios famosos, para la humilde capilla de Santa María de los Ángeles; en favor de los pobres, que no podían hacer largos y costosos viajes. Conociendo su personalidad, podemos imaginar que Francisco pensara mucho en cómo llegar a eso. La ocasión llegó un día del año 1216. Una tradición bien fundada cuenta que Francisco estaba orando a pocos metros de la capilla de la Porciúncula, llamada santa María de los Ángeles; a raíz de un combate victorioso contra una fuerte tentación, fue llevado por dos ángeles a la capilla. Allí, Jesús y la Virgen le preguntaron qué quería como premio por tanta fidelidad a la voluntad de Dios. Francisco, de inmediato y sin titubear, pidió la indulgencia plenaria para todos aquellos que entraran a la capilla arrepentidos de sus pecados. El Señor la concedió, dejando que el papa diera su confirma, para que nadie creyera que era invención personal de Francisco. Llama la atención el grado de despojo alcanzado por el Pobrecillo de Asís: nada para sí, todo para los pobres.

El que entra a la capilla de la Porciúncula cumpliendo con las debidas condiciones, en humildad y pobreza, recibe la indulgencia plenaria, que es el completo perdón de la culpa y de la pena. Significa que el que entra a orar a la capilla de la Porciúncula, es perdonado de la culpa y de la pena producida por los pecados cometidos desde ese momento hacia toda la vida pasada; también, se puede obtener la purificación completa para los difuntos. El sacramento de la Confesión perdona la culpa y la pena eterna, con la indulgencia plenaria se perdona también la pena temporal. La culpa es el acto de voluntad que admite el pecado; la pena es la consecuencia contaminante de aquél acto.

Para el que quiera recibir este perdón muy especial, supone tener fe en el poder que tiene la Iglesia, el de administrar según una sabia pedagogía el tesoro de amor mediador de Jesucristo, al cual se asocia el plus de amor que produjeron María santísima y los Santos. Supone creer en la verdad de la Comunión de los Santos. Supone haber conocido, en teoría y en práctica, el perdón de Dios, y haber perdonado de corazón a sus ofensores. Supone reconocer sus culpas, y la pena que éstas causan. Significa tener una mente lúcida, una voluntad decidida y un corazón abierto para emprender un proceso de penitencia, como peregrinaje interior, con gestos también exteriores. Supone admitir que todo pecado tiene una secuela de daños y corrupción (la pena), los cuales hay que purgar para re-ordenar el ser, constantemente. Esto es antropológico: a la comisión de una culpa, todo el ser en sus componentes espirituales, psicológicas e incluso corporales, se contamina de una especie de infección; supone, pues, hacerse un fuerte programa de penitencia. Penitencia que duele. No se trata de masoquismo o de venganza contra el cuerpo, mucho menos se trata de una especie de pago a Dios por el pecado; se trata de una actitud práctica para desintoxicarse, descontaminarse; es decir: para que todo el ser llegue a re-ordenarse. Este programa conlleva fuertes sacrificios, también como ejercicios de áskesis (= entrenamiento, ejercicios ascéticos), para enderezar inclinaciones torcidas y para fortalecer todo el ser con el fin de estar preparados para tomar la decisión correcta al momento de la tentación. Pensemos en los santos, pensemos en San Francisco. Al leer los evangelios, tenemos la impresión que Jesucristo no se preocupaba de la penitencia para sí; es que él estaba siempre ordenado en su ser; recordemos que para nosotros dijo que si un miembro del cuerpo nos lleva al mal hay que deshacerse de él (cfr. Mt. 9, 47). Para nosotros, hacer un fuerte programa de penitencia constituye un gran reto y una necesidad. Es nuestro purgatorio. San Juan Pablo II dijo que el Purgatorio no es una prolongación de esta vida en la otra, sino un estado de purificación al cual todos estamos llamados, porque delante de Dios sólo podemos comparecer limpios. Y esto se entiende, con lógica filosófica y teológica. En este tiempo, habiendo aumentado los medios “contaminantes”, el programa se hace cada día más urgente. En definitiva, hemos sido creados para aprender a amar; este es el fin, y todos los medios deben llevarnos a eso; y en la medida que van por otro camino, nuestro ser se desordena y produce decisiones extraviadas, pecaminosas, dañinas. El programa ascético debe ser personalizado, pero debe de haber. Si la indulgencia plenaria no produce este dinamismo, se vuelve, como puede suceder con el sacramento de la confesión, un canasto – basurero (para poder volver a llenar de pecados), que en realidad es un auto engaño.

Entre más se profundiza sobre el tema, más nos percatamos de la seriedad y utilidad de la indulgencia plenaria, y del sentir profundo de Francisco al pedir este privilegio.

Al conceder la indulgencia plenaria, la Iglesia aplica una sabia pedagogía de conversión. De eso se trata: de conversión permanente. Es correcto y es bueno asociar el concepto al nombre con el cual Francisco llamó a sus frailes, “los frailes de la penitencia”. La primera tarea de nuestra vida es amar y quedar siempre fieles en el amor, pero la segunda tarea es la lucha contra todo egoísmo que impide amar y quedar fieles en el amor, y el egoísmo está instalado por doquier: dentro y fuera de uno. Voy a tomar en serio Señor esto de hacerme un programa de penitencia, en todas sus especificaciones. Necesito purificarme porque ¡no puedo comparecer delante de Ti sucio, por tantos pecados que me han contaminado a lo largo de mi vida!

 

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CAUSA PRIMERA Y CAUSA SECUNDA

Si Dios es amor, ¿Por qué tanto dolor, tantos inocentes sufren?; y ¿por qué la Biblia, a menudo, dice que es Dios quien manda esos sufrimientos? Dios siempre ha sido bueno, y únicamente fuente de vida (cfr. Sab. 1, 12-14). Ahora bien, hay dos razones principales por qué el autor humano de la Biblia se expresa de cierta manera chocante. La primera es que está enseñando a un pueblo “niño”, “duro de corazón”, que no entiende tantas finezas filosóficas y teológicas, no distingue; y, al mismo tiempo, debe aprender a obedecer. La otra razón es que el pueblo hebreo no tenía el concepto de “causa segunda”. Creía que todo venía de la “causa primera”, que es Dios. La causa segunda es el ser humano; los hebreos creían que el ser humano no podía hacer cosas contrarias a la voluntad de Dios; y así concluía que todo venía de Él; “Él sabe por qué” decían, cuando la realidad era evidentemente injusta. Hoy estamos claros que todo lo que hace sufrir y morir no viene de Dios; y podemos comprender que de Dios no puede venir nada malo, ni las enfermedades de los niños ni la muerte dramática de los adultos. Todo lo que hace sufrir y morir viene de la “causa segunda”; ¡hay tan solo que investigar! Esto de atribuir el mal a Dios es la peor forma de evadir la responsabilidad humana, por ignorancia, por pereza o por conveniencia egoísta.

Perdóname, Señor, por tener a menudo un lenguaje que confunde, especialmente ante situaciones dramáticas. No diré más palabras como estas: “Señora, si se le murió su niño, resígnese, porque hay que hacer la voluntad de Dios”. La señora tal vez baja la cabeza, pero el hijo adolecente, al oír que Dios le ha quitado arbitrariamente a su hermanito, no puede no concebir rencor contra Dios en su corazón, aun inconscientemente. Quiero hacer luz en mí y en los demás, haciendo resplandecer la luz de tu rostro de padre y madre, que más bien ¡”llora” junto a la mamá del niño! Tampoco usaré el eufemismo “Dios permite el sufrimiento”, porque Dios ni quiere ni permite lo malo, sólo lo tolera, porque respeta la libertad humana.

 

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“HAGASE PADRE TU VOLUNTAD”

Tu voluntad es siempre voluntad de amor. Eso también queremos ser, Señor: amar y quedar fieles en el amor, hasta las últimas consecuencias. Esto nos enseñó Jesús en el Getsemaní; el compromiso que había tomado en el bautismo no lo iba a dejar ahora ante el cuadro dramático de la tortura y de la muerte. El amor es más fuerte que la muerte, pues el amor viene de Ti y la muerte viene de nosotros. Ante las ofensas y las agresiones y la muerte que quieran infligirnos, diremos desde lo más profundo “Hágase, Padre, tu santa voluntad”, sabiendo que el objeto de tu voluntad no es nuestra muerte sino nuestra fidelidad en el amor. Este propósito lo confirmamos todas las veces que recitamos el Padre nuestro. Haremos lo mismo ante las enfermedades que nos vengan y cualquier adversidad. Finalmente, somos conscientes que todo lo que hace sufrir y morir no viene de Ti, viene del mal uso de nuestra libertad. ¡Cuántas veces, en el pasado, nos hemos confundido, achacando a tu voluntad todo sufrimiento y la muerte, incluso de los inocentes! Perdónanos, Señor, hemos pecado, por ignorancia y por pereza; investigar se nos hace difícil a menudo, entonces es cuando evadimos diciendo cualquier cosa. Y con eso, como dicen los obispos latino-americanos en1999, hemos cultivado una caricatura de Ti; la caricatura de un dios que castiga, que manda desgracias, que se venga, un dios arbitrario y antojadizo, que hoy hace nacer y mañana hace morir (ver: Mensaje del CELAM, 1999). Perdóname, Señor, porque yo también lo he hecho y he contribuido a que la gente sencilla y los niños así lo creyeran”.

 

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LA CRUZ DE JESÚS Y NUESTROS SUFRIMIENTOS

Me convence la hipótesis teológica (admitida como posible por la Iglesia, al beatificar a su autor) según la cual la cruz no fue un sacrificio expiatorio (para pagar a Dios por nuestros pecados) sino una expresión de amor supremo para invitarnos a amarle a Él, a nuestra vez. El sufrimiento en la cruz no fue exigido por Dios, sino planeado por las autoridades judías y la autoridad romana (cfr. Hech. 4, 10). Nos ha salvado el amor inmenso de Jesús, al quedar fiel en el amor hasta el final. La cruz fue un simple instrumento con que los romanos torturaban a sus enemigos. Hay que enfatizar esto para que la cruz no se convierta en un “mito” y tome, debilitándolo, el lugar del amor puro de Jesús. Otra razón: nuestros sufrimientos no son queridos por Dios; son la consecuencia del mal uso de la libertad humana: nuestra, de nuestros familiares, nuestros antepasados o… ¡del cambio climático! Para decir algo que todos sabemos que viene de la responsabilidad humana (cfr. J. P. II, 01.01.2005).

¿Cómo afrontar los sufrimientos? Como los afrontó Jesús: con autocontrol, sin empeorar las cosas, con paciencia, humildad y dignidad; con caridad hacia los que nos cuidan en la enfermedad, y, finalmente, poniéndonos en las manos de Dios, que son manos siempre amorosas; y Él hará lo que mejor nos convenga. Es importante también hacer todo lo que está de nuestra parte, acudiendo al médico e, incluso, investigar para encontrar al responsable, para el proceso de perdón y reconciliación y un eventual proceso de justicia. Nunca más, Señor, tendrás que ser usado como instrumento de evasión, por los pícaros y los cobardes. Eso no puede agradarte, porque las consecuencias negativas recaen especialmente sobre los más débiles y pobres de tus hijos.

 

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EL PECADO

(PECADO=Desorden, poner las cosas “patas-arriba”)

Es el que causó la muerte de Adán y Eva, de Caín, de Jesús y nos hace morir a nosotros. Es un desorden causado por nosotros. Dios ha creado todo en orden: los bienes de arriba y los bienes de abajo; éstos en función de aquellos; y todos para bien nuestro. Pero, Adán y Eva iniciaron el gran desorden, pretendiendo constituirse en principio de moralidad, ellos en lugar de Dios. Una gran mentira, un gran disparate, un gran trastorno, el desorden – madre. Su hijo Caín mató a Abel su hermano. Desde entonces siguió una cadena ininterrumpida de desórdenes; cada generación añadió los suyos, hasta el día de hoy. Cuando hay desorden, las cosas no funcionan y se estropean, se marchitan y se mueren. Por este desorden entró la muerte en la creación (cfr. Rom. 5, 12). Dios lo había hecho todo bueno, lleno de vida y de alegría. Por el pecado entró el sufrimiento y la muerte en el mundo, no como castigo de Dios, sino como consecuencia lógica de una postura ilógica. La causa del sufrir y del morir es el pecado, el desorden, no la voluntad de Dios; Él “llora” con nosotros cuando sufrimos: por culpa nuestra, de nuestros familiares, de nuestros antepasados, de las autoridades … del cambio climático. Los antiguos hebreos interpretaban de un modo primitivo lo que acontecía en la historia y atribuían a Dios las desgracias del pueblo, como castigo o como prueba, incluso, como providencia. Nosotros ahora interpretamos al pie de la letra lo que ellos mal interpretaron. Se equivocaban ellos, por ignorancia no culpable y nos equivocamos nosotros, por ignorancia culpable; y entre más quedemos en esta ignorancia ¡más culpables nos volvemos! Porque lo hacemos por pereza y por evasión. Santiago, en el primer capítulo de su carta, no podía describir mejor el trayecto del sufrimiento y de la muerte, causados por nuestros desordenes (pecados); y describe magistralmente también la dinámica: nace un deseo torcido, le doy alas, crece, seduce la voluntad para que diga sí. Si se detiene aquí, el mal fatal puede ser todavía evitado, pero, si continúa su trayectoria, produce la muerte. La muerte en uno, en la familia, en la sociedad; muerte física, daños psicológicos graves y muerte espiritual (cfr. St. 1, 4-12). Todo lo que hace sufrir y morir viene del mal uso de la libertad humana, no por castigo o prueba de Dios.  Para identificar mejor el pecado, hay que poner en la balanza los bienes de arriba y los bienes de abajo. Estos tienen que estar en función de los de arriba. Cuando yo uso un bien de abajo a costa de un bien de arriba, eso es pecado porque es desorden. Si a las 8 de la mañana del domingo hay un partido de futbol y al mismo tiempo hay Misa, entonces, si siempre prefiero ir al partido dejando de ir a Misa, eso es desordenar, porque prefiero un bien de abajo a costa de un bien de arriba. El futbol es bueno, el problema es que yo lo prefiero prácticamente a un bien de arriba, que es la Misa. El pecado está en aquel “a costa”. Todos los bienes son buenos. Si el futbol y la Misa se dieran en horas distintas, no habría problema: primero voy a uno y después al otro. El problema está en aquél a costa de”.

Señor, estoy clarísimo ahora de dónde vienen los sufrimientos y los daños que con mis pecados-desórdenes produzco. Te pido perdón a Ti, creador de todos los bienes, por haberlos usados mal, con egoísmo, con soberbia, por concupiscencia, por codicia: ofendiendo a Ti, dañando a mí mismo y haciendo sufrir a los demás. He encontrado la verdadera causa de los males, míos y de todo el mundo. Gracias. Ahora sé el tipo de combate que he de combatir y cómo; controlaré mis deseos y seré decidido en poner a raya aquellos que van mal orientados, según las enseñanzas de Jesús; Él es el camino, la verdad, la vida y la luz del discernimiento entre deseos de signo distinto. Además, investigaré, discerniré la verdadera causa, sea para no repetir yo el error como para hacer oportunamente la corrección fraterna. 

 

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PENITENCIA

(Auto corrección, entrenamiento, producción de amor)

¿Por qué hacer penitencia si el perdón es gratuito? En realidad, hay que hacerla por varios motivos. La palabra “penitencia” es la traducción de la palabra griega “metanoia”, que significa “cambio de mente”. Ahora bien, siempre necesitamos cambiar nuestra mente, que ha aprendido a inclinarse al desorden. Otro gran motivo es que siempre que pecamos, nuestro ser se desordena, se contamina, sus procesos psicológicos se inclinan a repetir más fácilmente el pecado, el mismo desorden, con la mente y también el cuerpo. Continuamente necesitamos purificar, sanar la infección. Y este proceso de reordenamiento se da actuando “contrario modo” a las inclinaciones desordenadas. Se hace un examen particular sobre un dado desorden, al terminar el día, se ubica el mal y las causas, si es por escrito, es mejor; hacer esto por tres o cuatro meses.

De tal cuenta, los ayunos de varias formas, los sacrificios de varia índole hechos por fidelidad al deber, al amor, y las renuncias aun “artificiales“ tienen sentido. Solo un tipo de sacrificio y renuncia no tiene sentido, el de sufrir para para pagar a Dios por nuestras ofensas; la que prácticamente es la interpretación más común que se les da a los actos de penitencia y a los sacrificios. El perdón de Dios es gratuito, no necesita ser pagado.

 Por otra parte, la ascética sí tiene sentido. Ascesis, de ásquesis = entrenamiento, será siempre necesaria para educar nuestras reacciones hacia un fin correcto. Como hace el atleta: todas las mañanas corre muchos kilómetros para que al final del mes, cuando será la competencia, esté en capacidad de hacer el esfuerzo adecuado para vencer. Hay que entrenarse para conseguir reflejos condicionados apropiados. Y si el atleta lo hace por una corona que se marchita, ¿cómo no hacerlo para conseguir la corona eterna? (cfr. 1Cor. 9, 25). Hay un motivo más para que hagamos penitencia con sacrificios “artificiales”: es el gesto simbólico de amor. Una madre que emprende un largo viaje a pié, hacia un santuario, para obtener la curación o conversión de un hijo enfermo o extraviado. Esta madre, a su manera, quiere expresar, para sí misma, para los demás y para Dios, que la salud de su hijo vale más para ella que el sacrificio de su cansancio; es una motivación de amor profundo y puro. Dígase lo mismo de los ayunos, de los largos rezos de rodillas, y otras cosas. Todo es producción de amor, ¡todo, por tanto, está lleno de sentido! Estos sacrificios no valen por el sufrimiento sino por ser signos y producción de amor.

Señor, cuando sea necesario, estoy decidido a sufrir, sea para cumplir con el deber como para ayudar a los hermanos y hermanas que se encuentren en dificultad. Pero también, estoy animado a hacer sacrificios para convertirme en un instrumento de bien, educando mi voluntad e incluso mi sentimiento, para que en todo momento yo sea un hacedor de bien, y por tanto, de tu santa voluntad. ¡Que no sea una persona dejada, perezosa, acomodada, superficial y árida de amor!”.

 

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PERDÓN Y RECONCILIACIÓN

Son dos conceptos distintos aunque cercanos. El perdón no se discute, la reconciliación sí. El primero no tiene condiciones, el cristiano lo debe de tener incorporado en su psicología, en su voluntad, su ser debe estar en un estado de conceder el perdón todo el tiempo, “setenta veces siete”; en cambio, la reconciliación, entendida como una recuperación de una relación amigable anterior, depende de varias condiciones: reconocer la propia culpa, pedir perdón (públicamente, si la ofensa ha sido pública), reparar los daños y hacer un firme propósito de enmienda. Y todavía, el regreso al estado anterior será decidido por el ofendido; el ofensor no tiene derecho a que se responda a su gusto. Todo lo anterior, no por venganza o soberbia, sino para restablecer el orden de la creación. De parte del ofendido sólo debe quedar garantizado el perdón, todo el tiempo y sin condiciones.

La palabra perdón viene de su-per don, un don súper, extraordinario, increíble; que puede llegar incluso a ¡hacer el bien a quien me hizo el mal! De parte de Dios está garantizado por toda la eternidad, y gratis (cfr. Parábola del hijo pródigo). De parte mía debo hacer mucho, aunque no tenga la capacidad de amar que tiene Dios. Nunca devolver el mal y debo poder orar al Señor que perdone a mi ofensor y que se convierta y viva (cfr. Ez. 33, 11). Cuando mi voluntad está firme en estos propósitos, estoy perdonando, aunque mi sentimiento queda dolido y siento rechazo hacia aquella persona, a tal punto que no quisiera encontrarla más (cuando la ofensa es seria). Si la ofensa es grave y cae bajo el derecho público, tengo el deber incluso de denunciar, aunque se trate de enviar a la cárcel. En este caso, estoy claro que actúo para bien de los inocentes que, de no hacerlo, podrían sufrir un día el mismo daño que sufrí yo; y también actúo por caridad hacia la misma persona delincuente, la cual sólo así tendrá la posibilidad de convertirse. Esta es la palabra fuerte: actuar de manera fuerte, no por venganza u odio sino para que el pecador se convierta y viva (cfr. Ez. 18,28), o sea, para su bien definitivo. Entonces, la justicia, querida para el bien de todos, es el primer paso de la caridad (San Juan Pablo II).

Hablando de este tema delicado, hay que enfatizar la diferencia entre rechazo y odio. El primero lo siento y no lo puedo evitar, incluso es bueno porque hace bien sentir rechazo por la fuente del mal que he recibido. Queda un sentir: no se puede evitar y es saludable. Lo importante es que no se pase a la voluntad y la mueva a odiar: a querer devolver mal por mal y a querer que Dios condene las personas al infierno. Es que en nuestro corazón siempre debe reinar el bien. La fuente del bien y del mal es la voluntad no el sentimiento. El sentimiento es sólo una antena que señala qué es lo que hay en el corazón. No decide, simplemente siente repugnancia. Tantas personas sufren inútilmente, por no saber hacer la diferencia entre el rechazo (siente en el corazón repugnancia, y no puede menos) y el odio (es la voluntad que decide devolver mal por mal). Sentir no es pecado, con-sentir y decidir el mal sí es pecado.

Señor, que nunca me gane el instinto de la venganza; y nunca me atreva a desear el infierno a alguien, ni al peor enemigo, ni al marero, ni al yihadista; ni cuando me hacen daño a mí ni cuando lo hagan a un familiar mío (que a menudo me duele más). ¡Dame un poco de tu manera de ser tan bueno!

 

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DISCERNIR Y JUZGAR-CONDENANDO

Cuando hablo de cosas negativas de los demás, debo aclarar en mi conciencia si estoy haciendo una operación de discernimiento o una operación de juicio-condena, sin caridad; sin preocuparme del bien de esta persona, más bien siento cosquillas de alegría hablando de sus defectos. Estoy simplemente murmurando y haciendo daño. Estoy pecando. Estoy queriendo hacer de juez, pero Jesús dijo que nadie puede ser juez, pues no tenemos elementos suficientes para conocer el grado de culpabilidad de nadie. No sabemos por qué tal persona actuó así, ni para qué ni cómo llegó a eso; no conocemos su infancia, sus heridas, el ejemplo que recibió ni con qué malicia hizo tal cosa. Jesús nos recomienda de no atrevernos a juzgar-condenando, porque seguramente nos equivocamos. Ante las maldades de los demás, nos corresponde evaluar el daño de esas acciones y si es cosa grave, actuar judicialmente, según verdad y caridad. La otra cosa que podemos hacer es orar por esa persona, para que se convierta y viva (cfr. Ez. 33, 11). Oren por sus enemigos, decía Jesús (cfr. Mt. 5, 44).

Sin embargo, hablando de las maldades de los demás, no todo es juicio malo; a veces, queremos discernir bien, si el tal daño lo hizo tal persona, cuándo, cómo; lo hago con sentido de preocupación, para evitar males mayores y, eventualmente, hacer una saludable corrección fraterna. Será mi buena conciencia la que me indique si estoy discerniendo (operación de la inteligencia, investigador), o bien, estoy juzgando-condenando (operación de la voluntad, juez).

Casi con vergüenza, Señor, confieso que llevo apenas meses de haber aprendido algo muy importante y que me ha hecho comprender porque Jesús tanto recomendó de abstenernos de juzgar-condenando a la gente. Me ha hecho mucho bien caer en la cuenta que ni en la confesión puedo juzgar; simplemente reacciono a lo que me dice el penitente, sin pretender juzgarlo-condenando y verificar si las puertas de su corazón y de su voluntad están abiertas para que el perdón de Dios, siempre disponible, pueda entrar en él; discernir para poder dar el consejo oportuno. Discernir no juzgar-condenando, eso es lo que me corresponde. El juicio corresponde sólo a Dios. ¿Y si dijéramos que ni Dios juzga-condenando? ¡Creo que estaríamos en lo cierto! Dios sólo ama, no condena, ¡no fue Él quien hizo el infierno ni es Él quien manda al infierno! (cfr. Audiencia del miércoles 28 de julio de 1999). Lo que nos condenan son las obras que hacemos: una obra de egoísmo no puede fluir hacia un mundo de amor, que es el paraíso; la condena sobre el resultado de una acción viene de la estructura interna de la realidad, no de un acto originario de Dios. Él es sólo amor, y sólo sabe amar. También cuando predico, no me corresponde “juzgar-condenando” a nadie que en mi mente yo crea condenable. ¡Qué bien me ha hecho este descubrimiento! He podido comprobar que ¡la verdad hace libre! (cfr. Jn. 8, 32). Gracias, Señor.

 Señor, te pido perdón todas las veces que me he deleitado en hablar mal de la gente, sin necesidad y sin el propósito de ayudar. Cuando veo o sepa que alguien hace algo malo, lo primero que debo aprender a sentir es la compasión, y después, la corrección fraterna y, finalmente, la oración. Toda otra reacción es dañina para todo el mundo, también para mí. Que comprenda de una vez y aprenda, con serio ejercicio, ¡que la compasión llegue antes que el gusto de esparcir la infección de lo negativo de un hermano, murmurando!

 

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LA DIVINA PROVIDENCIA

Dios provee todo lo bueno que hay en la creación. La divina providencia es un concepto especial. Quiere decir que: Dios, en ocasión de algún problema que los humanos causamos, interviene y con su creatividad amorosa produce algo mejor (cfr. Rom. 5, 20). Como hace una madre que corre a levantar a su niño que cayó por su travesura, y lo abraza y lo besa y lo consuela; a tal punto que el niño, en su inocencia, piensa que conviene caerse otra vez, para que su mamá lo vuelva a abrazar de esa manera. Esa madre es una providencia para el niño. Esto sucede a menudo en nuestra vida: todas las veces que, al encontrarnos en dificultad, después de haber hecho todo lo que está de nuestra parte, nos abandonamos en las manos de Dios, confiados que Él hará todo lo mejor para nosotros, en el momento o más adelante, de un modo o de otro. No sabemos cuándo, cómo, pero sabemos que Dios es amor infinito, incondicional, gratuito, y su felicidad es ayudarnos.

Ahora, subamos al Calvario; Jesús muere abandonándose en las manos amorosas del Padre, confiado que el Padre hará algo grande y bueno; y lo que resultó fue la resurrección y nuestra salvación. ¡Qué maravillosa providencia divina! La muerte de Jesús en la cruz fue causada por los sacerdotes judíos y los soldados romanos, no un plan de Dios. Dios ciertamente tenía su plan y era el de su divina providencia. La resurrección y nuestra salvación han sido la providencia divina del Padre. Jesús sabía que la voluntad de Dios era que el Hijo amara y quedara fiel en el amor, costara lo que costara, y dijo: “¡Hágase, Padre tu voluntad!”. El regalo del Padre fue la divina providencia de la resurrección del Hijo y nuestra salvación.

Quisiera vivir el día a día con la santa curiosidad de ver la divina providencia en acción; mi vida tendrá otro sabor. La gente sencilla y pobre y de fe, vive así y muere así.

 

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DIOS ¿todopoderoso? no:     ¡TODOAMOROSO!

Para responder a este interrogante, me limito a citar algunos párrafos del discurso que el Papa emérito Benedicto XVI dijo en la audiencia general del 30 de enero de 2013. El Papa está comentando y explicando el primer renglón del Credo: “Creo en Dios, Padre todopoderoso”. ¿Qué significa todopoderoso? He aquí sus palabras:

“El rostro bondadoso del Padre que está en los cielos se muestra plenamente en el Señor Jesús… Dios es nuestro Padre, perdonando nuestros pecados y llevándonos a la alegría de la vida resucitada… Pero, podemos preguntarnos: ¿Cómo es posible imaginar un Dios todopoderoso, mirando a la cruz de Cristo? Quisiéramos una omnipotencia divina que correspondiese a nuestros esquemas mentales y a nuestros deseos: un Dios ‘todopoderoso’ que venciera a las potencias adversas, que cambiase el curso de los acontecimientos y anulase el dolor. En realidad, ante los sufrimientos y el mal, para muchos resulta problemático, difícil, creer en un Dios Padre y creer que es todopoderoso.

Pero la fe en el Dios Todopoderoso nos lleva por caminos muy diferentes: aprender a conocer que el pensamiento de Dios es diferente del nuestro, que sus caminos son diferentes de los nuestros e incluso su omnipotencia es diferente: no se expresa como una fuerza automática o arbitraria… En realidad, Dios, al crear a criaturas libres, dándoles libertad, ha renunciado a una parte de su poder, dejándonos el poder de nuestra libertad. Así, ama y respeta la libre respuesta de amor a su llamada. Su omnipotencia no se expresa ni en la violencia, ni en la destrucción de todo poder adverso, como quisiéramos, sino en el amor, la misericordia, el perdón, en la llamada incansable a la conversión del corazón… en una actitud sólo aparentemente débil, hecha de paciencia, mansedumbre y amor. Esta es la potencia de Dios y esa potencia vencerá. Sólo quien es realmente poderoso puede aguantar el dolor y mostrarse compasivo; sólo quien es realmente poderoso puede ejercer plenamente la fuerza del amor. Y Dios, a quien pertenecen todas las cosas, porque todas las cosas fueron hechas por Él, revela su fuerza amando a todos y a todo, en una paciente espera de nuestra conversión, porque quiere que seamos sus hijos… La omnipotencia del amor no es la del poder del mundo, sino la del don total, y Jesús, el Hijo de Dios, revela al mundo la verdadera omnipotencia del Padre dando su vida por nosotros, los pecadores. Esta es la auténtica potencia divina: responder al mal no con el mal sino con el bien, al odio asesino con el amor que da la vida. Así se vence verdaderamente el mal. Así la muerte es finalmente derrotada porque se transforma en don de vida. Dios Padre resucita a su Hijo: la muerte, la gran enemiga es devorada y privada de su veneno y nosotros, liberados del pecado, podemos acceder a nuestra realidad de hijos de Dios. Por eso cuando decimos ‘Creo en Dios Padre Todopoderoso’ expresamos nuestra fe en el poder del amor de Dios que, en su Hijo muerto y resucitado vence al odio, al mal, al pecado y nos da vida eterna, la de los hijos que quieren estar siempre en la Casa del Padre.”

Mi conclusión: ¡“Creo en Dios TODOAMOROSO con todo el corazón!” 

 

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LOS GRADOS DE FE

Los antiguos teólogos, cuando hablaban de la fe, hacían tres distinciones, que podemos llamar “grados de fe”. Primer grado: CREO QUE DIOS EXISTE (en latín: credo Deum); segundo grado: CREO QUE DIOS DICE LA VERDAD (en latín: credo Deo). Tercer grado: CREO EN DIOS Y ME ABANDONO EN SUS MANOS (en latín: credo in Deum).

Si caemos en la cuenta que los primeros dos grados los tiene también el diablo, entonces, tenemos verdadera fe solamente cuando nos abandonamos en las manos amorosas de Dios. Cuando rezamos, debemos hacerlo abandonándonos en las manos amorosas de Dios. Eso significa que le tenemos a Dios toda la confianza. El no se hará el sordo; responderá sin falta a nuestra oración; no sabemos cómo ni cuándo, sin embargo podemos estar seguros que su amor no queda insensible ante nuestras súplicas, y responderá. Eso de decir: si crees con fe y sin dudar, se te dará el milagro, en realidad me pone nervioso, porque la duda se viene espontánea y no lo puedo remediar. La fe al tercer grado ¡me da más garantía!

Señor, dame la gracia de asimilar profundamente el sentimiento de fe al tercer grado; entonces, quedaré conforme aun cuando parece que no me respondes ya que me abandono en tus manos y sé que tú harás todo lo bueno, para mí y para aquellos por los cuales estoy orando.

“Yo creo, Señor, pero tú ¡aumenta mi fe, hasta el tercer grado”!

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LA CAUSA DE LOS POBRES

Nuestra espiritualidad cristiana quiere evitar todo tipo de monofisismo (que es creer, prácticamente, sólo en el Cristo divino). Ahora bien: Cristo prioriza a los pobres y dice que en ellos su presencia es más intensa. Los pobres están siempre en medio de nosotros: cuidar de ellos es camino especial de santidad. En el contexto de los pobres, entendemos por “causa” todo lo que es necesitado y justamente reclamado por los pobres. Desde siempre y en todo lugar, los pobres son despreciados y abandonados. Incluso el Antiguo Testamento está lleno de frases como éstas: “Dios defiende la causa de los pobres” (cfr. Dt. 24, 14; Sal. 9, 9 e innumerables otras citas). En el Nuevo Testamento es difícil pasar tres páginas seguidas sin que se encuentre algo que aluda a estos conceptos. En este tiempo, la Iglesia universal ha hecho suya la expresión fuerte de “amor preferencial por los pobres”, como exigencia para los cristianos. Los obispos latino- americanos, en 1999, año del Padre, dicen textualmente: “El amor preferencial de Dios está en los pobres, independientemente de su condición moral”; “La Iglesia es concorde en optar preferentemente por los pobres. Ella no puede olvidarse de su cuna, de Jesús el carpintero, ni puede tener otra lógica que la de Dios, para llevar adelante su misión”. Es la lógica de Dios, de Jesús y de María. Si entre nuestras preocupaciones y esfuerzos humanos no ponemos a los pobres en primer lugar ¿podremos llamarnos cristianos? En el juicio universal, Mateo 25, Jesús da la respuesta. La opción preferencial por los pobres, como Jesús presenta el problema, será la “única materia de examen” para entrar al Paraíso. No cabe duda que la opción preferencial por los pobres hay que tomarla en serio y de forma concreta, no abstracta. Sabemos que si los pobres están así es por el egoísmo de otros seres humanos que los han empobrecido.

Perdona, Señor a aquellos que se atreven a decir que eres Tú quien quiere que los pobres estén así. Perdónalos, pero que se conviertan y vivan y dejen vivir dignamente a los pobres.

Se nos hace fácil evadir el tema por la tendencia, muy arraigada en nuestra espiritualidad tradicional, a buscar casi exclusivamente al Jesús divino, descuidando al Jesús humano, su historia humana, su compasión, su trato humano, sus manos encallecidas y su conexión profunda con el sufrimiento de los pobres de Nazareth. No conectamos, como es necesario hacerlo, los 18 años de vida silenciosa (de los 12 a los 30) con el primer discurso en la sinagoga de su pueblo. En esa ocasión significativa, comentando un pasaje del profeta Isaías, se le salió espontáneo decir: ”Yo vine para anunciar la buena noticia a los pobres, liberar a los oprimidos, consolar a los afligidos y predicar el año de gracia (que era una reforma agraria)” (cfr. Lc. 4, 16). El Reino de Dios encuentra sus mayores tropiezos en la opresión de los pobres. Yo quiero hacer algo para que tu reino, Señor, avance; quiero comprometerme a asumir la causa de los pobres, hasta el final de mi vida. Solidarizarme con los pobres con toda forma de solidaridad.

Conocemos la caridad asistencial y la caridad promocional; en nuestro tiempo, ha surgido la urgencia de forjar una tercera forma de caridad: la estructural. Las estructuras injustas bloquean las primeras dos formas de caridad, haciéndolas casi inútiles o, incluso, ”cooperantes” de las mismas estructuras injustas. De esta manera, los pobres no avanzan en la solución de sus problemas y, menos, en la recuperación de su dignidad. Si la gloria de Dios es que el hombre viva, en las actuales estructuras socio-económicas mundiales, Dios no recibe gloria. Eso toca directamente nuestra espiritualidad cristiana. Hay que incentivar las tres formas de caridad, dando prioridad, de ser posible, a la tercera. Animarnos a meternos y a facilitar que otros se metan en el engranaje socio–político–económico de las estructuras (cfr. Sollicitudo rei sociales, 39). A menudo, en este campo, nos sucede aquello mismo que Jesús reprochaba a los fariseos: “Ustedes no entran y no dejan entrar”; y criticamos aquellos que sí se meten. La responsabilidad de no querer seguir al Señor en el amor al prójimo en este aspecto sensible es grande. Señor, danos entrañas de compasión hacia los pobres, como las tenías tú. Las necesidades son tantas y los obreros tan pocos; haz de mí, al menos un ayudante de los obreros de tu viña”.

 

 

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EL REINO DE DIOS PROGRESA

*Lo anterior es lo nuevo de la espiritualidad cristiana sugerido por los signos de los tiempos; queda la tarea de hacer lo que dijo Jesús una vez: ser sabios, y sacar de nuestra alforja espiritualidad antigua y espiritualidad nueva. Ya que, hoy, no podemos ser “santos” si no incluimos lo nuevo en lo antiguo, que son los valores perennes.

Gracias, Señor, por esta dinámica que no deja de entusiasmar; y te pido la gracia de ser incansable colaborador del avance de la Historia, que es tuya. Conocemos bien los puntos de llegada: el amor, la paz, la justicia, la verdad, la igualdad, la inclusión, la santidad, la vida. No podemos confundirnos: cada vez que hacemos crecer dentro de nosotros y a nuestro alrededor estas cosas, seremos tus buenos colaboradores, y estaremos entre aquellos que te aplaudirán, junto a “los árboles del bosque” (Dn. 3, 57), cuando vengas, al final de los tiempos.

A pesar de todo el desorden que hace sufrir y morir, la humanidad va mejorando; el reinado de Dios va haciéndose cada día más efectivo. El Espíritu Santo entró en el ser humano, en Cristo, antes de que Adán y Eva pecaran, de manera que el pecado obstaculizó pero no pudo detener el inicio poderoso de la humanidad hacia su fin, que en la mente de Dios creador era el de que llegáramos a ser partícipes de su divina naturaleza.  Al hacerse visible el “Primado absoluto y universal de Cristo”, hace dos mil años, esta marcha ha recibido un impulso definitivo, declarándose Cristo camino, verdad y vida.  Será Él mismo quien concluirá triunfalmente en su segunda venida el reinado del Padre, reino de amor, justicia, paz, verdad, igualdad, inclusión, santidad y vida.

La consecuencia sorprendente es que el mundo mejora continuamente, a pesar de las apariencias en contra.  Los historiadores pueden constatarlo científicamente, pero también los ancianos que analizan bien las cosas, y comparen el mundo de su infancia con el actual. Y no es sólo cuestión de progreso tecnológico, se trata de progreso de valores. Según el criterio de la “estimativa moral”, los valores cambian de lugar pero no se pierden; por ejemplo: hace 50 años, la obediencia era el valor que encabezaba la lista de los valores, en cambio, hoy es la justicia social. Además, hay valores nuevos que surgen, por ejemplo: el voluntariado; valores artísticos, culturales, el avance de la ciencia, con sus aplicaciones sumamente benéficas. Hace unos años, Steven Pinker, profesor de psicología en la Universidad de Harvard y considerado en algún tiempo entre los 100 pensadores más influyentes en el mundo, escribió un libro de 800 páginas, demostrando con estadísticas y gráficas que la violencia en el mundo ha estado retrocediendo constantemente. El libro se titula: Los mejores ángeles de nuestra naturaleza. Algunos ejemplos: la violencia de las tribus fue nueve veces más mortal que las guerras y genocidios del siglo 20. El asesinado en la Europa medieval fue treinta veces más frecuente que actualmente. El Millennium Project toma este libro como punto de referencia para sostener la visión positiva del camino de la humanidad. Los cristianos saben que esta visión coincide con la visión realista pero optimista del cristianismo; la palabra “evangelio” (=buena noticia) ¡es todo un símbolo!

Los signos de los tiempos son las evidencias de la tesis en cuestión. Algunos ejemplos: el cese casi repentino de las persecuciones contra los cristianos, en el Imperio romano todavía fuerte; los movimientos culturales del Renacimiento, la liberación de América latina y de las regiones colonizadas, la institución de la ONU y del Tribunal Penal Internacional (TPI), el proceso de unificación de Europa, un negro afro americano Presidente de EEUU. Acontecimientos imprevistos apenas unos años atrás. El Espíritu Santo “que hace nuevas todas las cosas”, por ser savia de la persona humana-divina de Cristo, fermenta la “masa” de la Historia y de vez en cuando surgen “panes” sorprendentemente sabrosos.

Fray Mauro Iacomelli, ofm

www.fraymauro.com

maurelivit@gmail.com

HASTA AQUÍ EL CONTENIDO DE LOS 4 FOLLETOS, LOS SIGUIENTES SON ARTÍCULOS QUE TRATAN DIFERENTES TEMAS POR SEPARADO

 

Reflexión Teológica sobre el dolor (Falso/Verdadero)

with 2 comments

Querid@ teólog@, ¿Cierto o falso?

 1) “El Señor quiso triturar a su siervo con el sufrimiento” (Is. 53,10).  

FALSO. El Señor, por naturaleza, no quiere triturar a sus hijos.

2) ¿Es cierto que Dios castiga a los hijos por los pecados de los padres?

-FALSO. Dios non castiga ni se venga, mucho menos, de manera tan injusta.

3) ¿Es cierto que es Dios quien manda el sufrimiento, por castigo o por prueba?

-FALSO. Dios no castiga ni necesita poner pruebas porque lo sabe todo (Cfr. St.1, 12-18).

4) ¿Es cierto que Dios manda la muerte, fijando el día y la hora de la misma?

-FALSO. Dios no ha creado la muerte; ésta ha entrado en el mundo como consecuencia del pecado no como castigo del Creador (Cfr. Rom. 5,12).

5) ¿Es cierto que cuando uno sufre o muere eso es la voluntad de Dios?

-FALSO. Dios no ha creado el dolor ni la muerte y no  los quiere para nadie; éstos tienen siempre causa humana. No los quiere ni los permite, sólo los tolera porque respeta la libertad humana.

6) ¿Es cierto que cuando un niño se enferma de cáncer o de rotavirus y muere, hay que aceptarlo porque ésa es la voluntad de Dios?

-FALSO. Dios llora ante esta realidad, como lo hace siempre ante nuestro sufrimiento, porque el dolor y la muerte son fruto del pecado, su enemigo, y no quiere el sufrimiento de sus hijos.                                                                                                                                

7) ¿Es cierto que Dios quiso que Jesús muriera y muriera en una cruz?

– MUY FALSO. Los Sacerdotes y fariseos, los romanos y Pilato quisieron que Jesús muriera torturado y en una cruz. Dios, que es amor por naturaleza,quería sólo que Jesús quedara fiel en el amor. Que quedemos siempre fieles en el amor, ésta es la voluntad del Padre para cada uno de nosotros sus hijos, porque esto es lo que nos da vida. Jesús en esa fidelidad heroica produjo amor en tal “cantidad” (siendo hombre perfecto y Dios) que salvó a toda la humanidad, por todos los tiempos. Nos salvó el amor de Cristo Jesús, que no la cruz. Uno puede hacer muchos sacrificios pero si no tiene amor de nada le aprovechan (Cfr. 1Cor. 13).

8) ¿Es cierto que uno sufre porque es predilecto de Dios?

– FALSO. El enfermo sufre pero: no porque es predilecto de Dios, sino: ¡es predilecto de Dios porque sufre!

Entonces ¿Por qué se han dicho estas cosas por 2000 años y se siguen diciendo, incluso por sacerdotes?

Entonces ¿Qué quiso decir Jesús en el huerto del Getsemaní con el grito angustioso “…Si no es posible que pase este cáliz, QUE SE                                     HAGA, PADRE, TU VOLUNTAD”?

  ¿Qué dice la Biblia? El 28 de julio de 1999 (año del Padre, en preparación al jubileo 2000), Juan Pablo II, respecto a la interpretación de la Biblia, dijo lo siguiente: “La Revelación en la Biblia es progresiva  y su significado se irá precisando progresivamente”. El tema del dolor es un ejemplo de esta revelación y puntualización progresivas. Prácticamente, a partir de 800 años antes de Cristo, el tema del dolor se ha ido modificando cada 200-300 años, ante los golpes de la experiencia humana. Dios ha ido acompañando la experiencia humana dando respuesta progresiva. Además, hay que tener presente que en la cultura hebrea no se conocía el concepto de causa secunda (que es el ser humano, el cual puede hacer cosas contra la voluntad de Dios). Sólo conocían la causa primera (= Dios), que lo  hacía todo, mandaba también la muerte y hacía morir los niños…”El sabía por qué”

  1. 800 años a.c., se creía que “sobre esta tierra (ya que la resurrección era todavía desconocida) Dios bendecía a los buenos con una vida próspera y feliz, y castigaba a los malos con desgracias y sufrimientos”Cfr. 2 Cro. 1,11). Pero la experiencia a menudo decía otra cosa: los buenos sufrían y los malos gozaban. Los sabios hebreos buscaron otra explicación del dolor.
  2. 600 años a. c., para superar la creencia anterior se forjó otra que se llama responsabilidad corporativa; según la cual “Dios castigaba o premiaba a los hijos por los pecados o por la honestidad de los padres, respectivamente”. Había posibilidad de intercesión. (Cfr. Gen.6, 9 y 18,23-32). Pero pronto surgieron objeciones también a esta explicación. Eso es injusto, decían los profetas Jeremías (12,1) y Ezequiel (18,1-4; 34,23). “Es injusto que nuestros padres comieron uvas agrias y a nosotros se nos destemplan los dientes”. Entonces se forjó una idea revolucionaria: Todo es responsabilidad personal, cada quien paga por sus pecados. Sin embargo, también aquí la experiencia no concordaba: pues había personas claramente honestas que sufrían grandes calamidades.
  3. 400 años a.c. Es cuando algún Sabio, probablemente venido del destierro de Babilonia, produce la bella parábola del santo Job (9,22-24 y 19,25). Este personaje se queja con Dios de que es castigado sin merecerlo, pues él es hombre muy recto. Los amigos, convencido de la idea anterior, querían    convencer al amigo que le convenía admitir la verdad, es decir, de que algo                 grave había cometido. Pero Job, fuerte de su buena conciencia, sostenía su inocencia. Al final, Yavé da razón a Job. El es inocente, sin embargo “en el dolor hay algo misterioso y educativo que sólo Dios en su infinita sabiduría   conoce”. Más adelante, se podrá tener más luz.
  4. 33 años de Cristo. Su muerte y su resurrección hacen plena luz sobre el por qué y el final del dolor humano: “los seres humanos causan el dolor y la      muerte, pero Dios no está lejos e interviene para consolar, aliviar y resucitar del máximo dolor que es la muerte” (“Ustedes lo mataron, Dios lo resucitó”, San Pedro en Hechos 4,10).
  5. A este punto, todo tenía que estar claro, sin embargo, la fuerza de la cultura y de la tradición, al querer explicar el dolor y la muerte del justo Jesús, se dio una explicación-síntesis de todas las precedentes explicaciones, asumiendo algunos elementos de cada una. Y se explicó el todo de una forma hasta repugnante: ¡Dios, se ha argumentado, tenía que ser desagraviado por los pecados de los seres humanos, pero, éstos tenían que pagar con la sangre, y como la sangre humana no estaba a la altura de desagraviar a Dios, entonces el Hijo de Dios se hizo hombre para pagar con su sangre divina! Era una explicación tomada de la tradición judía y de la jurisprudencia romana.
  6. Hoy, “!a gracia del Espíritu Santo nos está conduciendo a la plena verdad!” (Cfr. Juan 16,12-13)
    1. La muerte de Jesús, el inocente por excelencia, no la quiso Dios sino los seres humanos, los Fariseos, los poderes romanos. Dios lloraba por la  muerte del Inocente Hijo.
    2. La voluntad de Dios era que Jesús quedara fiel en el amor; no la de que su Hijo muriera en la cruz; es lo que pide a todo ser humano. El es amor y no puede pedir otra cosa.
    3. Nos salvó el amor, la fidelidad al amor, no la cruz, o la muerte con sangre (Jesús habría podido morir de cansancio por buscar las ovejas perdidas).
    4. Dios no quiere nuestro dolor, quiere nuestra fidelidad en el amor porque ésta nos lleva a la felicidad.
    5. No es Dios quien nos manda el dolor y la muerte, pero El no se desentiende de nuestro dolor; El está presente, como una madre junto al hijo que se ha caído, para aliviarnos, consolarnos y enseñarnos para que tengamos siempre vida.
    6. En nuestro sufrimiento, tenemos que tener paciencia humilde y ponernos en las manos amorosas del Padre, como hizo Jesús en el huerto del Getsemaní. Entonces, estaremos produciendo amor valioso que, unido al de Jesús, contribuirá a salvar a nosotros y a aquellos por los cuales ofrecemos y sufrimos.

En estos últimos 20 años, a la luz del Vaticano II y bajo el impulso de las ciencias, de la literatura, de la cultura mundial, de la globalización, la alta Jerarquía católica ha hecho declaraciones muy nuevas y explícitas sobre el dolor y la muerte y otros temas relacionados, que nunca antes se habían oído. Juan Pablo II, el 28 de julio de 1999, al hablar del Infierno, decía: “El infierno no es un castigo de Dios inflingido desde el exterior, sino es el desarrollo de premisas ya puestas por el hombre en esta vida…es la última consecuencia del pecado mismo que se vuelve contra quien lo ha cometido…la “condenación” no se ha de atribuir a la iniciativa de Dios, dado que en su amor misericordioso él no puede querer  sino la salvación de los seres que ha creado. En realidad es la criatura que se cierra a su amor”.

El CELAM (= Consejo Episcopal Latino Americano), en el mismo año 1999 y por tratar el mismo tema del supuesto castigo divino (según la convicción y el lenguaje tradicionales), escribía“¡Qué don tan grande poder dedicar un año a su paternidad (de Dios) para espantar del alma humana las caricaturas de Dios que tanto daño nos hacen y nos han hecho! Un año para dejar de lado al Dios justiciero, vengativo, castigador…un Dios impredecible, arbitrario, antojadizo…una caricatura. Una simple mueca de una búsqueda sincera pero incompleta” (Hacia el tercer milenio. El año dedicado a Dios Padre, 1999). Y Benedicto XVI, el 11 de febrero de este año, a los enfermos que peregrinaban al santuario de Lourdes, dijo: “Dios creó al ser humano para la felicidad y para la vida, mientras que la enfermedad y la muerte entraron en el mundo a consecuencia (no como castigo inflingido desde afuera, diría Juan Pablo II) del pecado. Pero el Señor no nos ha abandonado a nosotros mismos. El, el Padre de la vida es el médico por excelencia del ser humano y no cesa de inclinarse con amor sobre la humanidad que sufre”.

Estas son declaraciones que conozco, suponiendo que habrá muchas otras que no conozco.

Ayuda mucho hacer el ejercicio de leer y analizar la parábola del Hijo pródigo (Lc.15, 11-32), y hacer el ejercicio de localizar quién causó los grandes problemas y sufrimientos del hijo que dejó la casa del padre. ¿Cómo reaccionó el padre ante la libertad del hijo? ¿Cómo lo acogió a su regreso? ¡No hay sombra de castigo!

Un abrazo,

Mauro

Written by Fray Mauro

December 12, 2011 at 4:47 pm

CORROBORAN LA NUEVA TEOLOGÍA

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Querid@ te@logo, en 1600, cierto teólogo, llamado Thomassin, dijo que las afirmaciones de Duns Escoto eran sustancialmente blasfemas, y se encargó, con la complacencia de muchos, de hacer circular esta opinión entre los eclesiásticos, hasta nuestros días; sin embargo, en los últimos 50 años, mucho ha empezado a cambiar. Hay que enfatizar que, a pesar de todo, la teología escotista ha sido considerada siempre legítima en la Iglesia, a lo largo de todos los siglos. Ya Pablo VI había exhortado a un grupo de seminaristas estudiantes de teología que estudiaran la teología de Duns Escoto. Y fue buen profeta, porque unos años después, el 20 de marzo del 1993, el Papa Juan Pablo II reconoció el culto que se le ha dado por el pueblo cristiano por todos los 700 años que nos separan de su muerte (1308); lo beatificó, llamándolo cantor del Verbo Encarnado y defensor de la Inmaculada Concepción.

En 2002, a la comisión escotista ( que fue a llevarle el VIII volumen de la edición crítica de Duns Escoto), dijo: “Duns Escoto, con su esplendida doctrina sobre el Primado de Cristo, sobre la Inmaculada Concepción…sigue siendo aun hoy un pilar de la teología católica, un maestro original y rico en impulsos y estímulos para un conocimiento cada vez más completo de las verdades de la fe”. De este rico depósito teológico, pueden sacarse respuestas adecuadas también a las dramáticas interrogantes de la humanidad en este inicio del III milenio cristiano” (2001). BENEDICTO XVI, el 7 de julio de este año 2010, dedicó la audiencia general del miércoles (es como decir: ante todo el mundo) a Duns Escoto, y entre tantas cosas, dijo: “Duns Escoto meditó sobre el misterio de la encarnación y, a diferencia de muchos pensadores cristianos del tiempo, sostuvo que el Hijo de Dios se habría hecho hombre aunque la humanidad no hubiese pecado”. “Afirma en la REPORTATA PARISIENSIA (prosigue el Papa): “pensar que Dios habría renunciado a esa obra si Adán no hubiera pecado sería completamente irrazonable. Por tanto, digo que la caída no fue la causa de la predestinación de Cristo, y que –aunque nadie hubiese caído, ni el ángel ni el hombre- en esta hipótesis Cristo habría estado de todos modos predestinado de la misma manera” (en III SENT., d. 7,4). Este pensamiento (prosigue el Papa; es una cita larga pero vale la pena reproducirla) quizá algo sorprendente, nace porque para Duns Escoto la encarnación del Hijo de Dios, proyectada desde la eternidad por Dios Padre en su designio de amor, es el cumplimiento de la creación, y hace posible a toda criatura, en Cristo y por medio de Él, ser colmada de gracia, y alabar y dar gloria a Dios en la eternidad. Duns Escoto, aun consciente de que en realidad, a causa del pecado original, Cristo nos redimió con su pasión, muerte y resurrección, confirma que la encarnación es la obra mayor y más bella de toda la historia de la salvación, y que no está condicionada por ningún hecho contingente, sino que es la idea original de Dios de unir finalmente toda la creación consigo mismo en la persona y en la carne del Hijo”. Concluye el Papa: “Queridos hermanos y hermanas, esta visión teológica, fuertemente cristo – céntrica, nos abre a la contemplación, al estupor y a la gratitud, pues, Cristo es el centro de la historia y del cosmos, es quien da sentido, dignidad y valor a nuestra vida”. El cardenal Martini, obispo emérito de Milán y “papable”, en 1994 escribió un libro sobre la pasión. Allí se pregunta: “¿por qué se derramó esta sangre? la muerte y la pasión del Hijo de Dios ¿eran realmente necesarias tras la encarnación? Sobre este punto los teólogos están divididos. La pasión ¿no está quizá, como decían los escotistas, subordinadas al fin principal, la encarnación, que es la glorificación del Padre a través del Hijo Jesús? Si rechazamos esta teoría y ponemos en cambio la pasión y la muerte en el centro, como término de la obra de Dios, deriva otro problema: el pecado sería una contribución necesaria a la obra de Dios, porque no hay muerte de Jesús sin pecado”.

Es una teología posible Hay que caer en la cuenta que la teología es una manera de explicar la Sagrada Escritura y los misterios de la fe y puede cambiar, porque el Espíritu Santo hace “nuevas las cosas” y también la teología. El 2 de marzo de 2007, el Papa decía al clero de Roma:”La teología ha sido siempre múltiple. Pensemos en los Padres, en el medioevo, la escuela franciscana, la escuela dominicana, etc. Como hemos dicho, la palabra de Dios es siempre más grande que nosotros; por eso no podemos agotar jamás el alcance de esta Palabra, y se necesitan enfoques diversos, diversos tipos de reflexión…el teólogo trate de encontrar pistas que respondan a las exigencias y a los desafíos de nuestro tiempo; y, por otra parte, que sea siempre consciente de que todo esto se basa en la fe de la Iglesia”. Personalmente, creo que la teología de Duns Escoto responde mejor a las exigencias teológicas y espirituales de nuestro mundo globalizado, abierto más allá de todas las fronteras.

Un Abrazo,

M.

Written by Fray Mauro

September 20, 2011 at 4:03 pm

Concluyendo el Nucleo del Primado

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Queri@ teólog@, todo lo que ocurre en la vida de Cristo es la encarnación en su devenir , en su desarrollo histórico en vistas a alcanzar el ésjaton, la resurrección. En este sentido, la Misa transmite la fuerza originaria y transformante del amor de Dios en Cristo. El gran avance teológico de Duns Escoto fue ubicar la relación con Cristo en la dimensión ontológica más que en la dimensión moral. Escoto no se detuvo a esclarecer el concepto de redención. Yo me atrevo a decir algo. La redención consistió en un enriquecimiento cualitativo de la naturaleza humana por el amor heroico de su “fuente-arbol” expresado en la cruz. Es la expresión máxima del amor re-ordenador de Cristo. En adelante, la humanidad volverá a ser capacitada a acoger  en medida total el amor de Dios; ese amor que, por definición, es vida en abundancia.

El amor de Cristo es manantial, norma y vida de todos los demás amores. Es su arquetipo, motivo y fin. Es el paradigma de toda otra respuesta de amor. Cristo, cual primer predestinado, es primero en todo orden y bajo todo aspecto. Recordemos que la predestinación es un acto libre, gratuito de Dios; procede de su iniciativa soberana y es manifestación sobrenatural de su bondad  que quiere comunicarse. Expresión perfecta de esta comunicación es Jesucristo ( y nosotros en Él, por Él y para Él).

Jesucristo, en la cruz, es respuesta excelsa al amor de Dios más que reparación de condigno, lo que se ha puesto en primer plano en la visión anselmiana, tradicional.

Queda así descartado todo antropologismo y amartiocentrismo (=pecado centrismo), pues todo, de principio a fin, depende del amor libre y originario de Dios, y de la respuesta excelsa de Jesucristo. Nuestras respuestas de amor tendrán fuerza en Cristo.

Cristo es la razón tanto del “exitus a deo” (salida de Dios)  cuanto del “reditus ad Deum” (retorno a Dios).

 

Written by Fray Mauro

August 21, 2011 at 9:47 am

Consecuencias pastorales de la nueva teología

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Duns Escoto

Cristo nació en el tiempo y se hizo nuestro guía hacia el Padre todoamoroso

Querido teólogo, continuando con las reflexiones sobre un Dios amoroso quiero compartir contigo algunas consecuencias pastorales derivadas de esta nueva teología.

  1. Nueva imagen de Dios. Si al centro no está el pecado sino Cristo, es más fácil “… espantar del alma humana” la imagen de un Dios castigador, arbitrario, antojadizo, etc (CELAM 1999; JP II 29.7.99).
  2. Es más fácil desmitificar el pecado, como fuerza mágica y omnipresente en la historia y en el destino humano. El pecado es un des-orden que nosotros ponemos en la creación, y así ésta no funciona; de aquí las enfermedades y la muerte.
  3. La Justificación, como punto de amor originario de Dios que nos eleva a él por medio de Cristo. No es consecuencia de nuestras acciones meritorias, sino causa
  4. Prioridades de nuestra evangelización:
    1. El plan salvífico de Dios (predestinación a la gracia y a la gloria, en- por -para Cristo)
    2. La persona mediadora de Cristo, como primogénito de todo lo creado; el Alfa y la Omega
    3. El Reino de Dios, en-por-para Cristo
    4. El pecado como obstáculo al designo de Dios
  5. El Espíritu Santo, quien obró la elevación a hijo de Dios del alma (Naturaleza humana) de Jesús, impulsa a cualquier ser humano creado sobre la estructura de Cristo. Es la savia del Espíritu Santo que vivifica todas las ramas del árbol Cristo (así habría sido aun sin el pecado)
  6. Adquiriría mayor relieve el Cristo histórico, contra cualquier peligro de monofisismo, porque todo ser humano histórico (en cualquier cultura, raza condición) es imagen de Cristo, su espíritu actúa en toda la historia humana: en los acontecimientos positivos, para promocionarlos y darlos a conocer; y en los acontecimientos negativos, para ayudar a discernirlos, a evitarlos y a neutralizar sus consecuencias negativas.
  7. También en esta visión, según la cual Jesucristo está ontológicamente al centro de la historia, adquieren mucha importancia los signos socio-teológicos de los tiempos
  8. La salvación engloba la redención, y ésta, dado el pecado, está en función de aquella. La cruz lejos de ser el fin de la encarnación, se constituye en la concentración máxima del amor de Dios (que nos amó desde el principio), aun en el accidente del pecado, que por cierto fue la máxima concentración del egoísmo, emanado de los fariseos, soldados romanos y pueblo inconsciente. El que Jesús muriera en la cruz fue voluntad de los fariseos y no de Dios. La voluntad de Dios era que Jesús fuera fiel al amor hasta el extremo.
Te dejo también unas cuantas citas bíblicas para continuar con la reflexión:

“… Y que lo sepa todo el pueblo de Israel: por el nombre de Jesucristo de Nazaret a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos gracias a él, ese hombre está de pie y sano ante ustedes” (Hch. 4,10)

“¿No les prohibimos estrictamente eseñar en ese Nombre?. Pero ahora ustedes han difundido por toda Jerusalén su doctrina y quieren cargarnos con la sangre de ese hombre” (Hch, 5,28).

Más citas: Hch. 3, 13-15; Hch. 3, 17; Hch. 2, 23; Hch. 4, 27.

Los Fariseos, solos, lo mataron, pero Dios lo resucitó.

Written by Fray Mauro

June 8, 2011 at 4:03 pm

Había una vez …

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Amigo de la Familia

Amigo de la Familia

Querid@ teólog@, había una vez un médico que era muy amigo de una familia que vivía en las montañas y decidió ir a visitarlos, pues realmente amaba a los miembros de esta familia, y deseaba llevarles varios regalos que les había comprado desde hacia mucho tiempo. Esta familia tenia varios hijos, el menor estaba enfermo. Cuando el médico llegó, cargado de regalos, se dio cuenta de que el niño estaba enfermo. ¿Qué creen que hizo el médico al llegar? Lo primero que hizo fue curar al niño, pues le dolió ver el dolor no sólo del niño, sino de los padres.

Ahora bien, ¿cuál fue la razón de la visita, el amor que les tenía a los miembros de la familia o la enfermedad del niño? Por supuesto que el motivo fue el amor. Quiere decir que si el niño no hubiera estado enfermo, de todos modos él ya tenía planeado ir a visitarlos y llevarles los regalos. Lo mismo ha ocurrido con Jesucristo. Él no ha venido por nuestros pecados, por nuestra enfermedad, sino para traernos los regalos de su amor, desde la vida hasta las cualidades personales. Naturalmente, encontrándonos enfermos de pecado, primero nos cura, nos redime para luego seguir la fiesta con nosotros, pues para eso se encarnó para traernos fiesta, que en el evangelio se simboliza con un banquete..

Written by Fray Mauro

May 30, 2011 at 8:51 pm

¿Si el hombre no hubiese pecado, habría venido Cristo?

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Mi querid@ teólog@, Fray Juan Duns Escoto es el autor de las nuevas explicaciones (=nueva teología) sobre la encarnación y la Inmaculada. Defendió estas explicaciones en 1300. La de la Inmaculada triunfó 450 años después, cuando gracias sobre todo a sus intuiciones y fundamentaciones teológicas fue proclamado el dogma de la Inmaculada.

Esta nueva explicación teológica de la encarnación él la llama Primado de Cristo; porque a la pregunta: ¿Por qué se encarnó Cristo? Fray Juan Duns Escoto responde: porque fue el primer concebido en la voluntad de Dios, antes que todos los eres creados. Porque no es posible, decía Fray Juan Duns Escoto, que la realidad más preciosa de la humanidad, que es Cristo, haya venido por algo negativo  como es el pecado. ¿Qué entendía San Pablo al escribir lo siguiente?

  • ¡Bendito sea Dios, Padre de Cristo Jesús Nuestro Señor, que nos bendijo desde el cielo, en Cristo, con toda clase de bendiciones espirituales! En este Cristo, Dios nos eligió desde antes de la creación del mundo, para andar en el amor y estar en su presencia sin culpa ni mancha. Determinó desde la eternidad que nosotros fuéramos sus hijos adoptivos por medio de Cristo Jesús. Eso es lo que quiso y más le gustó, para que se alabe su gloria, por esa gracia suya que nos manifiesta en el bien amado. Pues en Cristo la sangre se derramó para nuestra libertad y nos merece el perdón de los pecados. En eso se va la inmensidad de su gracia, que él nos concedió con toda sabiduría e inteligencia. Y ahora, Dios nos da a conocer este proyecto misterioso, esta libre decisión que tomó desde antes, para ponerlo en ejecución cuando llegara la plenitud de los tiempos. Todas las cosas han de reunirse bajo una sola cabeza, Cristo, tanto los seres celestiales como los terrenales. (Ef 1, 3 – 10)
  • Él es la imagen de Dios que no se puede ver (está hablando de Cristo, el Verbo ya encarnado), el primogénito de toda la creación, ya que en él fueron hechas todas las cosas; las del cielo y las de la tierra; lo visible y también lo invisible; gobiernos, autoridades, poderes y fuerzas sobrenaturales. Todo está hecho por medio de él y para él. Él existe antes de todas las cosas y todo se mantiene en él. Y él también es la cabeza del cuerpo, es decir, dela Iglesia. El es el principio y renació antes que nadie de entre los muertos para tener el primer lugar, porque así quiso Dios que la plenitud permaneciera en él. Porque él quiso reconciliar consigo todo lo que existe, y por él, por su sangre derramada en la cruz, Dios establece la paz tanto sobre la tierra como en el cielo. (Col, 1, 15-20)

La intención de Fray Juan Duns Escoto fue decir que Jesucristo vino no por el pecado sino para tomar su lugar de ser el primer creado, el modelo de toda criatura:El camino-verdad-vida de los seres inteligentes; el guía para la humanidad destinada a la gracia y la gloria de ser partícipes de la divina Naturaleza .

De manera que Cristo habría venido aunque el ser humano no hubiese pecado, porque la finalidad de su venida no fue el pecado. Más bien la pregunta es: ¿Si Cristo no hubiese existido, habría existido el ser humano? Fray Juan Duns Escoto respondería que no.

Esta fue la intuición y el razonamiento teológico que le dan vuelta a la explicación tradicional de la Encarnación, según la cual Cristo ha venido para morir en la cruz, y así salvarnos del pecado.

Es una explicación cristo–céntrica por ser Cristo el protagonista de toda la historia; es fruto de una profundización (en la mente y en el corazón) de la espiritualidad cristo– céntrica que los franciscanos siempre han tenido, siguiendo a su padre Francisco quien  tuvo las llagas como sigilo de su seguimiento de Jesús.

Written by Fray Mauro

May 24, 2011 at 3:40 pm

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