Fray Mauro – Una Nueva Visión –

Dios es Amor – Una nueva visión –

LA ESPERANZA ESCATOLOGICA, ¿EL INFIERNO ES ETERNO?

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Querid@ Teólog@:

Reflexión de un grupo de católicos hondureños sobre la base de una síntesis del: Tratado sobre el infierno, compendio, de Hans Urs von Balthasar (teólogo muy estimado por el Papa San Juan Pablo II); y Escatología actual: La salvación actual y el problema del infierno, en Current escathology: Universal salvacion and the problem of the hell – traducción de Josep Messa-, en: Theological studies 52 (1991) 227-254.
 
Contemplar con ojos nuevos el viejo tema de la “apocatástasis”  (Restauración final y universal), como certeza del perdón final y universal. El Magisterio condenó la APOCATASTASIS, como CERTEZA, no como hipótesis. Acompañados por muchas citas bíblicas que apuntan a la salvación universal, nos haremos preguntas dramáticas a, la luz de la encíclica DIVES IN MISERICORDIA.
Los autores, después de haber recorrido la historia del tema desde los tiempos bíblicos, trazan los rasgos fundamentales de la teología católica actual, “caracterizada en este punto por un notable consenso”. Todo invita a cuestionar la capacidad de la libertad humana para rechazar a Dios de manera definitiva. La libertad humana tiene el alcance de decir sí con toda sí misma, pero no cuando dice no; como el hijo pródigo, cuyo no al padre tuvo mucho menos alcance del sí de su conversión. También: “Perdónales, porque no saben lo que hacen”. ¿La amenaza del infierno es para que el ser humano se incline cada vez más hacia el sí a Dios, y de tal modo transitar por el camino del amor? (Como se hace con los niños). Los autores concluyen haciendo ver que el universalismo (salvación universal) cristiano bien entendido no solo está en consonancia con las líneas centrales de la fe cristiana, sino que tiene hoy gran transcendencia, dadas las corrientes culturales y religiosas de nuestra época (inclusión, pedagogía positiva, alejar el castigo, etc.).
 
La teoría de la apocatástasis (restauración final y universal) es la certeza del perdón del diablo y de todos los condenados al infierno. Orígenes, un destacado Padre de la Iglesia, es el primero en afirmar que no hay infierno eterno. Las cuestiones: ¿Dios quiere depender de la elección del hombre en su plan de salvación, o bien, su libertad, que es absoluta y que solo quiere su salvación, queda supeditada a la libertad humana, creatural y por ello relativa? (Ejemplo de los padres con sus hijos). La libertad de los padres, libertad de amor, es mucho más abarcante que la libertad “egoísta” de los hijos. Las dos libertades no son simétricas. Tampoco la libertad para hacer el bien y para hacer el mal essimétrica; así como las dos justicias, la de Dios y la nuestra, no son simétricas (ver la Parábola del hijo pródigo).
Nosotros no hablamos de certeza sino de esperanza de que todos alcanzaremos  el fin último de llegar a ser partícepes de la divina naturaleza.Por lo demás, de nadie la Iglesia dice con certeza que haya ido al infierno, por tanto la hipótesis que nadie esté en el infierno eterno es legítima.
En el Nuevo Testamento, hay muchas expresiones que parecen tener a la vista una redención final universal. La Iglesia debe orar por todos los hombres y mujeres, pues Cristo se ha entregado en rescate por todos (1Tim.2, 1-6); Jesús, que tiene poder sobre toda carne (Jn. 17, 1), una vez levantado en la cruz atraerá a todos hacia sí (Jn. 12, 32). La gracia de Cristo sobrepasa a toda culpa de Adán (Rom. 5, 12-21 y 11,32; 2P. 3, 9).
A este propósito también, como para otros temas, en la Biblia hay dos grupos de citas en contraste. Hay que dejar los dos caminos: en futuro, el Espíritu Santo iluminará los cristianos y el Magisterio para que se dé la interpretación definitiva (como ocurrió con el dogma de la Inmaculada). El Espíritu Santo seguirá “haciendo nuevas las cosas”, como ocurre con el lenguaje de los padres hacia los hijos: a los niños se les habla con “doble” lenguaje, castigador y amoroso a la vez; cuando crezcan quedará sólo el lenguaje amoroso, persuasivo. Entonces, el amor habrá fugado el temor (cfr. I Juan 4, 18).
No se trata de un saber seguro sobre el juicio de Dios, ni sobre la primera forma de escribir ni sobre la segunda. Si algunos (mucho más si se trata de muchedumbres, como quiere insinuar cierto lenguaje  visionario) se condenan ¿Ha fracasado Jesucristo? En 1Ti. 2,1 se dice que hay querezar para que todos se salven; pero si no hay esperanza siquiera que se puedan salvar, ¿Para qué rezar? ¿Qué sentido tiene rezar por todos?  Dice el teólogo Martelets: “Si Dios es amor, el infierno es una anomalía”, y no cabe duda que Dios es amor infinito, libérrimo, incondicional y gratuito! Son muchos los Santos Padres que insinúan que nadie va al infierno (Orígenes, San Cipriano, San Hilario, San Ambrosio…). La realidad es que nuestra imaginación no tiene los medios para imaginar las bellezas del cielo ni los castigos eternos; y no tenemos el concepto de eternidad. Decir sí a Dios, lo abarcamos todo de Dios; el sí lo abarca todo; en cambio, cuando decimos no, abarcamos solo una parte de Dios. Pensemos en la relación entre el niño que hace caprichos  y su mamá. Lamentablemente, San Agustín creyó saber el resultado del juicio divino…y detrás, otros Santos Padres: San Gregorio Magno, San Anselmo, San Buenaventura, Santo Tomás de Aquino. Así se llegó hasta la absurda predestinación absoluta (a fray Mauro le dio gana de romper el libro, al leer esta teoría, cuando era estudiante de teología).
La realidad es que el verdadero amor (=querer para uno la vida integral) lleva a esperar para otros lo que uno espera para sí mismo (Ef. 5, 1; Sab.11, 24). Amar a todos conlleva la esperanza que todos se salven: El amor perfecto excluye el temor, que está amarrado al castigo (cfr. 1Jn.4, 18).
En la Sagrada Escritura, hay dobles afirmaciones: unas de un sentido y otras de sentido opuesto. “El Espíritu Santo las irá explicando con el tiempo.“Aún tengo muchas cosas que decirles pero es demasiado para ustedes por ahora, y cuando venga él, el Espíritu de la Verdad, los guiará en todos los caminos de la verdad. El no viene con su mensaje propio, sino que les dirá lo que escuchó, y les anunciará lo que ha de venir. El tomará de lo mío para revelárselo a ustedes, y yo seré glorificado por él. Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso les he dicho que tomará de lo mío para revelárselo a ustedes” (Jn. 16,12-15; también: cfr.Mt.28,2).
Todo el mundo es pecador y nadie puede estar seguro de su estado de gracia, de si está pecando contra el amor (ni los Santos).        Por lo tanto, la esperanza cristiana se da dentro de una actitud de humildad. Con todo, se dice que la virtud de la esperanza conlleva su propia “certitudo” (=certeza…psicológica); que es solo la certeza que se apoya en la fe en el amor infinito Dios. La de alguien que tiene una fe viva y un auténtico amor a Dios y al prójimo. No se trata pues de un “saber evidente” sobre el destino definitivo y universal de la humanidad; no se trata de una seguridad matemática. Dice San Pablo: “Yo no me juzgo a mí mismo. Cierto que de nada me arguye la conciencia, mas no por eso me creo justificado, quien me juzga es el Señor”.  Sin embargo:”Yo no he venido para condenar al mundo sino para salvarlo” (Jn.12, 44-50). La esperanza cierta del perdón final tiene dos motivos: 1-El amor infinito, libérrimo, incondicional y gratuito de Dios en Cristo, el cual amor es tan fuerte que vence cualquier impedimento que se le ponga por delante. 2- El segundo se apoya en las palabras de San Pablo, al cual “le produce gran tristeza la dureza de sus hermanos los judíos…para abrirse a la gracia de Cristo”. Nos alegra mucho sentir el deseo de que todos se salven, aun los peores enemigos; del mismo modo que sentimos la “esperanza cierta” que la bondad de Dios nos salvará a los de este pequeño grupo, y no por nuestros méritos. Ver: la Representación navideña hecha por Santa Teresa del Niño Jesús, en: Tratado sobre el infierno, Compendio; de Hans Urs von Balthasar, pp.82-83. “El ángel del último juicio recuerda que ese Niño estará en el día vengador del juicio. El Niño, casi reprochándole, le dice: “Yo quiero escuchar tu súplica de que todas las almas encontrarán mi perdón”. El ángel de la venganza expone las exigencias de la justicia…a lo que Jesús responde:”Hermoso ángel, esconde tu espada. Tu oficio no es juzgar a la naturaleza que yo quería levantar y redimir. El juez del mundo soy yo mismo y mi nombre es Jesús (salvador)”. Entonces, el ángel del juicio cae de rodillas y se asombra y queda fuera de sí (perdido) por ese amor inefable”. Nos  sorprende y alegra mucho que nosotros sentimos así. Es una convicción íntima, filosófica y teológica. Es la realidad del Dios puro amor que nos persuade.
El teólogo L. Locher ha titulado su libro: El infierno pertenece a la Buena Noticia; porque Cristo nos ha salvado de él “bajando al infierno”. La solidaridad, dice el autor, es la que nos redime. La solidaridad de Jesús con los pecadores. Jesús ha deseado eficazmente lo que tantos místicos han expresado: ¡estar dispuestos a ir incluso al infierno para salvar a los demás! Nos sorprende sentir que, si fuera necesario, ¡aceptaríamos nosotros también sufrir cualquier cosa con tal que todos se salven! Y eso que estamos claros que no somos santos, ni mucho menos. Lo nuestro es un sentir de gente “de a pie”. El escritor francés Blondel dijo: “Me repugna el Cristo de Miguel Angel y prefiero en su lugar al Cristo de Fray Angélico, que en el juicio muestra sus heridas”
LA AUTO DESTRUCCION DEL MAL
“Lo mortal ha sido absorbido por la vida” (2Cor. 5, 4). Absorber en el sentido de una total desaparición, lo que antes había, ya no está más; salta a la vista que de lo negativo que hay en la muerte, se va hacia la pura positividad del vencedor (cfr. 1Cor. 15).Todo lo malo es tragado por la vida, que comienza con la resurrección de Cristo y dura para la eternidad, siendo las acciones de Jesucristo eternas por ser acciones de Dios (cfr. Ap.1, 18 y 19, 3).
 
DISCURSO SOBRE EL INFIERNO
Todos tienen el derecho de esperar. Todos tienen la obligación de creer que no es dogma de fe el que haya personas humanas en el infierno. En una Revista alemana ha sido expuesta esta tesis; y bien, han sido escritas muchas cartas injuriosas contra el autor (Hans Urs von Balthasar). La objeción fue la siguiente: “Con estas tesis se fomenta un optimismo frívolo”.Yo pienso, dice el autor (y así pensamos nosotros también), quelo más serio que existe no es la justicia vindicativa de Dios sino su amor. Según algunos, hablar del infierno es afirmar que hay allí una muchedumbre condenada eternamente. Una cosa es la posibilidad, otra cosa es la seguridad objetiva. San Agustín, tal vez por su sensibilidad maniquea, ha arrojado sobre la historia de la teología occidental unas terribles sombras; hasta callar ciertas frases bíblicas a favor de la misericordia divina victoriosa.
El que haya personas tan brutas que quieran empecinadamente estar lejos de Dios, aun después de que haya conocido con toda claridad todas las consecuencias para la eternidad ¡Tampoco es dogma de fe!
En suma, en la polémica suscitada no se tomó en cuenta la seriedad de las citas bíblicas a favor de la voluntad salvífica universal; como no se toma en cuenta que la única tesis razonablemente segura, es que ese “lugar” no lo hizo Dios ni ha sido Dios quien mandó a las personas al infierno.
Y eso a pesar del Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1033-1037; del Mensaje del CELAM del 1999 y de la catequesis de Juan Pablo II en la audiencia general del 28 de julio de ese mismo año 1999, “año del Padre”; y a pesar de la parábola del hijo pródigo, en la cual aparece con toda claridad que el infierno en que se fue encontrando el hijo no se lo había preparado el padre.
No estamos hablando de la apocatástasis de Orígenes (=restauración universal como certeza) sino de una esperanza confiada y bien fundamentada. Se trata de enfocar el alcance del amor de Dios (Lc.15) y el limitado alcance de la libertad humana para oponerse al infinito amor de Dios. La nuestra no es certeza atrevida sino esperanza confiada y bien fundamentada.
Naturalmente, la esperanza es que todos se salven y, entre ellos, yo. “El perdón desde la cruz es palabra y voluntad de misericordia, no una irresponsable amnistía” (Mons. Fessad, Arzobispo de París).
Una palabra importante, también en este tema, la tienen los Santos.
A la gran parte de ellos les resulta insoportable ver a un ser humano condenado al infierno para la eternidad. He aquí un ejemplo de oración de esperanza confiada, en la liturgia:”Señor Jesucristo, tú que extendiste tus brazos en la cruz para salvar a todos los hombres, haz que nuestras obras te sean gratas y haznos ver que tú has redimido al mundo” (en Nona del miércoles de la IV semana).
 
LA FE CRISTIANA
¿Qué es lo esencial de la fe cristiana? Credo in Deum = me arrojo ciegamente en los brazos de Dios (diferente de: credo Deum, y credo Deo). Nosotros creemos y los hermanos creen; no condenes al hermano; ¿Tienes tú el derecho de negar a tu hermano la esperanza que tú, para ti mismo, has depositado en la fe viva en tu juez? El amor verdadero no destruye el derecho pero sí lo sobrepasa (el de una madre); el juez queda juez pero misericordioso. Muchas citas bíblicas nos hacen esperar fuertemente en la conclusión finalmente positiva de nuestro juicio “final”, el cual ocurrirá así: al Maranathá no seguirá el Dies irae . El amor de Dios a cada hombre es absoluto e infalible. Todos, sin excepción, tenemos que decir “Señor, yo no soy digno”; pero ¡Es que nacemos perdonados! Es que el amor de Dios es cosa seria no cosa frívola! (cfr. Rom. 5, 6-11). Volvemos a decir que en el Nuevo Testamento hay dos series de expresiones contrapuestas referentes al juicio; no las podemos unir en una síntesis segura y definitiva. Pensemos en una pregunta: ¿Se apartará para siempre a aquel que se aparta ahora, en el tiempo? Nuestra respuesta es: “no lo sabemos!”. Un católico no puede ir más allá. Pero pensamos que podemos esperar, que la luz del amor divino pueda penetrar a través de cualquier oscuridad o apartamiento humano. No es legítimo pasar de una amonestación a una realidad fáctica. Hay una resurrección para el juicio y una para la vida (Jn. 5, 29);”serán arrojado a la cárcel hasta que paguen toda la culpa”; cárcel dura pero no eterna. Hay tantas citas que hay que tomar en cuenta: Mt. 5, 26; 11, 23; 18, 34; 21, 31; y Lc. 13, 35. ¿Es necesario que se dé el paso: desde la mera amenaza al “saber” que sí se realizará? No es necesario ni correcto. Está claro que Dios no obliga a nadie a querer la salvación, pero Dios todo lo ha confiado a Cristo y él ha vencido al mundo, y a todos sus enemigos, incluyendo la muerte, que es fruto del pecado. Dios quiere que todos se salven (1Tim.2,4 y 2P.3,9); ¿Será frustrada su Voluntad absoluta? “Atraeré a todos hacia mí” (Jn. 12,31 y Tito 2,11); ¿Ha sido frívolo e imprudente Cristo? (Rom. 11,32; 5,15-21; 11,26; Col. 1,20; Ef.1,10). El otro grupo de citas (sobre el castigo) es: Mt. 25,41; 12,32; 25, 12 y 7,23.
Negamos que la serie de amenazas quite su fuerza a las expresiones “universalistas” de salvación, y afirmamos: las expresiones  universalistas dan derecho a esperar a favor de todos. La certeza no se puede conseguir, por ahora, pero la esperanza está bien fundamentada, y no la podemos reducir solo para nuestras personas. ¿Puede nuestra negación de Dios estar a la altura del juicio de Dios “que es misericordia”? No hay simetría; como en la parábola del hijo pródigo, no había simetría entre la justicia vindicativa con la cual el hijo se juzgaba a sí mismo y la imprevisible misericordia del padre. El hijo pródigo no podía imaginar, y nosotros ¿podemos? Otra pregunta inquietante: ¿La visión, desde el Paraíso, del castigo de los familiares condenados ¿empañará o aumentará la gloria y la felicidad de los bienaventurados ¿
¿Acaso soy yo responsable de mi hermano? Si él escogió ir al infierno, a mí ¿qué? Esto significa que en mi corazón hay insensibilidad, que es falta de amor; en esta tierra, la insensibilidad para la salvación eterna de los demás es odio. En el Paraíso se supone que seremos ya en el amor perfecto, ¿entonces? En el Paraíso ¿me dará igual saber que mis familiares (hijos, padres…) están en el infierno? Y a Dios ¿le da igual? El amor todo lo espera (1Cor.13, 7). ¡Esperar en la salvación de todos es exigencia de amor!
 
 
APENDICE
En estos días, entre Papa Francisco y Oscar Luigi Scalfari (ateo), Fundador del Diario italiano LA REPUBBLICA, se ha desarrollado un diálogo de gran importancia, porque concierne al tema del pecado (al cual está relacionado el tema del infierno). El Fundador del Diario sostiene que Papa Francisco ha suprimido el concepto de pecado porque ha proclamado la libertad de conciencia (el “Fundador” Scalfari habla de forma positiva del Papa). Sin embargo, al “Fundador” le faltó hacer referencia, al respecto, a dos conceptos cristianos importantes: el concepto de libertad y el concepto de una conciencia iluminada por el conocimiento adecuado y, sobre todo, por la recta intención (cfr. Mt. 7, 12). Si hay estas dos condiciones, hay que hablar de “libertad de conciencia”; entonces, no se tratará de pecado, aunque  se dé un resultado “material” equivocado.
Se puede anotar que ésta ha sido siempre la doctrina de la Iglesia. El gran mérito de Papa Francisco, aquí como en su enseñanza en general, no ha sido tanto el de cambiar la doctrina cuanto el de impulsar, con el ejemplo y la palabra, una nueva caridad pastoral, que podríamos llamar “auténticamente evangélica”.
 Por lo demás, estamos muy de acuerdo con la conclusión del diálogo, de parte del Fundador del Diario, que él formula así: “De todos modos, se puede tender a la superación del concepto de: pecado como eje de la vida espiritual”. (cfr. casa.it del 30 de diciembre de 2013). ¿Cuánto la visión pecado céntrica ha contribuido para que pensáramos en un infierno sobrepoblado?

Written by Fray Mauro

March 19, 2014 at 2:08 pm

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