Fray Mauro – Una Nueva Visión –

Dios es Amor – Una nueva visión –

CRISTO, EL SALVADOR (= salud dador y Redentor) “IN FONTE”

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Querid@ Teólogo@:
 
 
El Sacrificio es toda ofrenda interior a Dios, y cada manifestación externa de esa ofrenda: oración, limosna, ayuno, mortificación. Su finalidad: reconocer la absoluta soberanía de Dios, mediante la adoración, la acción de gracias, la alabanza, la súplica y, todavía en nuestro tiempo, la expiación. Hoy, con fundamento en la teología del Beato Duns Escoto y la actual sensibilidad religiosa, tal vez habría que apartar el significado de sacrificio como expiación, pues no hay nada que expiar, que pagar, porque el amor de Dios es gratuito, el amor infinito de Dios tiene la libertad de no tomar en cuenta  la ofensa, especialmente cuando el ofensor se lo pide con sinceridad y coherencia; Él tiene derecho de ser generoso (Cfr. Mt. 20, 8-15). La Misa es sacrificio de adoración y agradecimiento (eucaristía) no de expiación. El Cordero que quita los pecados del mundo lo hace EXPRESANDO EL AMOR DE DIOS, NO EXPIANDO (que sería pagándole a Dios el precio del pecado, con la sangre). Cristo en la cruz hace presente el amor de misericordia (=amor de entrañas) de Dios, que quema los pecados del mundo (Cfr. Is. 6, 6-7; y Lc. 15, 11-24). Per-dona, o sea, su.per-dona, como si nunca hubiese existido la ofensa;  como cuando la madre perdona a su hijo; “los hijos nacen perdonados”, acaba de decirme una madre. El ser humano solo debe hacer algún gesto para expresar su libertad de buscar el perdón (para permitir a Dios entrar en su ser y re-ordenarlo, sanarlo, salvarlo (= devolverle plenitud de vida).                                        
 
Ciertamente, Cristo ha obrado la reconciliación del ser humano con Dios de manera objetiva no solo moral, produciendo esa cantidad de amor capaz de infundir en la humanidad ànimo y energía para levantarnos y volver al Padre (cfr. Parábola del hijo pródigo). Como si alguien se hubiese acercado al hijo pródigo de la parábola, el cual estaba tan prostrado que no era capaz de nada; como si este amigo se hubiese acercado y con su interés de amor le hubiese convencido y le hubiese dado energía psicológica y moral para volver al Padre. Pero, hay una razón màs radical: Cristo, Verbo encarnado, es Mediador y Pontìfice  “IN  FONTE”(=en su fuente), o sea: EN SU ENCARNACION. Por ser el Primer pensado, el Primero en todo, por ser hombre y Dios, en el cual, por el cual y para el cual todos nosotros hemos sido creados, es nuestra salvación (=plenitud de vida) y redención “IN FONTE” (por ser él fuente). El es el manantial de vida, vida dada y vida recuperada después de haberla perdido por el pecado (=re-dención (=recuperación); vuelve a sanarse el ser humano como sucede  a la herida de un dedo, que se cicatriza espontáneamente mientras está en cuerpo vivo. El es el cuerpo vivo de la humanidad. Ciertamente él es nuestro sumo sacerdote al encarnarse, el pontÍfice máximo (el puente máximo) por su naturaleza de Verbo encarnado. Al encarnarse, de una vez  ha llenado la distancia entre Dios y el hombre, ha enlazado la humanidad con Dios, no en sentido pecado-céntrico sino amor-cèntrico.  EL, “IN  FONTE”.  lo es y lo hizo todo.
 
“ Ante los ojos de esos cristianos (judío-cristianos) se presenta la espléndida visión de Cristo, Hijo de Dios, hombre bueno, que realiza una maravillosa obra de mediación sacerdotal superior a la de Moisès, manifestando una alianza nueva y mejor, un sacerdocio también mejor, superior al de Levì , según el modelo de Melquisedek.  Ademàs, esta novedad trae consigo otras novedades: un templo nuevo, un culto nuevo, un sacrificio nuevo, una vida nueva, toda ella animada por la ley del amor” (de: SAGRADA BIBLIA, VERSIÒN OFICIAL de la Conferencia episcopal Española, 2011, pp. 2009,3). Pero todo esto ya estaba en Cristo, hace quince mil millones de años, “un segundo antes del Big Bang”; porque para Dios no hay tiempo, todo lo que él quiere ya está hecho. Quiso crear todo en Cristo, ya estuvo; quiso re-sanar todo en Cristo: ya estuvo (cfr. Ef. 1, 4-10 y Col.1, 15-20). Esta visión responde más adecuadamente a tantas preguntas de la nueva racionalidad y sensibilidad religiosa de hoy. Las nuevas generaciones encuentran en esta nueva visión a una imagen más auténtica de Dios: Dios amor, que no castiga, que no manda desgracias como castigo, que no crea ni manda la muerte, que no  crea el infierno ni manda al infierno ( Cfr. CELAM, Mensaje en el año del Padre, 1999; Juan Pablo II, Catequesis en la audiencia general del 28 de julio de 1999).

Written by Fray Mauro

March 3, 2014 at 6:49 am

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